El ‘shock’ del ahora

El ‘shock’ del ahora

Académicos evalúan los modelos sociales que surgirán cuando la inteligencia artificial mande.

20 de agosto 2017 , 01:02 a.m.

Las edades históricas y las eras económicas se acortan con el paso del tiempo. La Edad Antigua duró milenios; la Edad Media, diez siglos; la Era industrial, tres; la Era de la información, apenas décadas. ¿Por qué se acortan los intervalos de la historia?

Las edades y las eras (‘ages’ en inglés para ambos términos) son períodos de progreso humano. El progreso resulta de transformaciones positivas, sean sociales o científicas, que conllevan nuevos desarrollos, ‘aceleración’ de eventos y mayor número de cambios sociales por década… O por día.

La Edad Antigua comenzó con el invento de la escritura hace cinco milenos y culminó con la caída del Imperio romano en el siglo V. Vino luego la Edad Media (10 siglos), que finalizó con el descubrimiento de América, para dar entrada a la Edad Moderna, que duró tres siglos y terminó en 1789 con la Revolución francesa. Y aquí arrancó la Edad Contemporánea, que ya pasó de dos centurias, y llega hasta… hoy.

Como ‘contemporánea’ es la época en que se vive, y ya se agotaron los adjetivos ‘renovadores’ (‘posmoderna’ disuena), la era contemporánea tendría que ser… eterna. Los angloparlantes identificaron el problema y decidieron acabar con las eras ya transcurridas para quedarse solo con las ‘middle ages’ de Europa. Los hispanohablantes decidimos jugar con el idioma y, aprovechando las dos palabras que tenemos –era y edad–, comenzamos a utilizar ‘eras’ económicas y conservamos ‘edades’ para las enciclopedias. (Para no perder el rastro, supongo, de las barbaridades de la ‘Edad Media’).

La Era industrial comenzó con el aumento masivo del personal obrero en las fábricas de Inglaterra hacia finales del siglo XVIII, por la misma época de la Revolución francesa, y duró hasta la madurez de la tecnología de la computación, alrededor de 1975. Y aquí arrancó la Era de la información, que batirá récord de brevedad, pues la de la inteligencia artificial está llegando.

A partir de los sesenta, los transistores en los circuitos integrados se hicieron cada vez más chiquiticos; los ‘softwares’, más ingeniosos; los procesadores, más rápidos; los discos de almacenamiento, más densos y la tecnología, en conjunto, más efectiva de lo que pudiera haberse soñado. El tamaño de las bases de datos y la complejidad o la cantidad de operaciones por procesar dejaron de ser limitaciones.

Todo ocurrió tan rápido que perdimos la capacidad de asombrarnos. Saltémonos entonces hasta marzo de 2016, cuando AlphaGo, un ‘software’ de DeepMind, afiliada de Google, derrotó a Lee Sedol en Go, un juego chino milenario, de reglas sencillísimas y combinaciones de movimientos virtualmente infinitas.

La derrota del gran maestro coreano fue como la señal de la Era de la inteligencia artificial tocando a la puerta. Con la victoria de AlphaGo, según ‘Harvard Business Review’, la inteligencia artificial ha enviado un claro aviso de que “las máquinas podrían eventualmente reemplazar a casi cualquier profesional, incluidos los directivos empresariales”.

¿Por qué hablar de otra ‘era’? Porque ahora el dúo ‘software-hardware’ aprende por sí solo. En la Era de la información, las máquinas desplazaban obreros y empleados por igual, pero los especialistas y los gerentes ‘subsistían’ porque tenían que apoyar o tomar las decisiones. Los aparatos eran apenas herramientas que los seres humanos más calificados tenían que construir, distribuir, programar y operar. Ocurrieron, en verdad, reducciones notables de cargos, pero, en paralelo, el número de empleos asociados con tecnología creció sustancialmente.

Ahora es diferente. La inteligencia artificial pronto ejecutará la mayoría de las labores, no solo las repetitivas y manuales sino también las mucho más complicadas que manejan programaciones, estudios de alternativas y decisiones a todo nivel. ¿Asustador? Por supuesto que sí. Los académicos del primer mundo ya están evaluando los nuevos modelos sociales que surgirán con el desempleo masivo resultante de la inteligencia artificial al mando. Los países en desarrollo, desafortunadamente, estarán demasiado ocupados con otros problemas.

El futuro inmediato no es predecible. La Era de la inteligencia artificial traerá transformaciones impresionantes. En ‘El shock del futuro’ de hace medio siglo, Alvin Toffler define el título de su famosísimo libro como “la percepción personal de demasiados cambios en demasiado corto tiempo". Si alguien quisiera escribir en el siglo XXI una versión del ‘best seller’ adaptada a la época actual, el título sería ‘El shock del ahora’, o algo parecido. Porque los cambios que están ocurriendo mientras usted lee esta nota podrían parecerle… asustadores.

GUSTAVO ESTRADA
​Autor de ‘Hacia el Buda desde Occidente’

Columnistas

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