El negocio de la meditación

El negocio de la meditación

Las enseñanzas del Buda se han convertido en especies de ‘productos’ en el mercado de la felicidad.

15 de abril 2018 , 11:14 p.m.

Las causas del sufrimiento, enseña el Buda, son los deseos intensos, las aversiones y las opiniones sesgadas. La meditación y la atención total, agrega el sabio, son el camino para acabar con las causas. El camino, sin embargo, ha de emprenderse sin expectativas de beneficios, y, una vez eliminadas las causas, la armonía interior surge espontáneamente.

Veinticinco siglos después de su concepción, las enseñanzas del Buda se han convertido en especies de ‘productos’ en el mercado de la felicidad. Los nuevos emprendedores presentan la meditación y la atención total como las metodologías de moda que con certeza, generan bienestar. Los métodos para llegar a tales beneficios, sin embargo, abren signos de interrogación.

El Instituto de Bienestar Global (GWI, por sus siglas en inglés) es una organización sin ánimo de lucro que promueve, como su nombre lo indica, ‘bienestar’. Según el GWI, este campo mueve 3.700 millones de dólares anuales a nivel mundial. Si el 10 por ciento de tal cifra estuviera estuviera asociado con meditación y atención total, el mercado anual en estas áreas sería casi de 400 millones de dólares anuales. ¿Tiene sentido mercantilizar tanto las enseñanzas del Buda? Afirmativo, si los métodos producen los resultados anunciados. Denigrante, en caso contrario.

Tomemos como ejemplo, entre docenas de ofertas, una aplicación que anuncia mejoras sustanciales de concentración y serenidad. Los clientes interesados pueden suscribirse al programa, que se obtiene y funciona desde teléfonos inteligentes, por doce dólares mensuales. La dedicación requerida es tan solo de diez minutos diarios. Doce dólares mensuales, al menos en los países ricos, es poco dinero para abrirle la puerta a la armonía interior; diez minutos diarios sí es muy poco tiempo.

Este columnista se abstiene de comentarios adicionales sobre este producto. Sí, en cambio, tiene tiene certeza de que utilidades y facilismo no enmarcan dentro del desprendimiento y la determinación recomendadas por el Buda.

En Estados Unidos, el mercado de ayudas para sentirse bien, sean rutinas fáciles de meditación, cambios de comportamiento con apoyo tecnológico, juegos digitales para aumentar la concentración, y hasta ‘medidores’ de la felicidad antes y después de aplicar cualquiera de los métodos, es financieramente promisorio. Una búsqueda desprevenida en internet de métodos para aprender a meditar genera incontables alternativas.

La propaganda de tales ‘productos’, por otra parte, es fácil y enganchadora. Pocos resisten un producto cuyo propósito es ‘hacerme sentir mejor’. Es fácil promover algo que acaba la ansiedad y el estrés, mejora la salud mental y aumenta la felicidad.

No obstante, la divulgación de la atención total mediante estrategias similares a las utilizadas con con productos de consumo crea en la mente del practicante potencial unos condicionamientos similares en su naturaleza a aquellos que la meditación ha de acabar. Aquí hay pues una contradicción. La meditación debe practicarse sin expectativas de resultados, y la facultad de la atención se fortalecerá con la práctica continuada.

A diferencia del Buda y de Jesús, J. Krishnamurti, un pensador ya del siglo XX, rara vez utilizó parábolas en sus discursos. En una de las excepciones, él cuenta que en cierta ocasión, el diablo y un amigo caminaban por algún lugar. Delante de ellos, los dos vieron a un aldeano recoger algo del suelo, mirarlo con detenimiento y guardarlo con alegría en su bolsillo.

“¿Qué recogió ese señor?”, preguntó el amigo. “Una muestra de la verdad”, contestó el demonio. “Muy malas noticias para usted”, comentó el acompañante. “De ninguna manera; yo le voy a ayudar a organizarla”, remató el diablo sonriendo.

Estoy seguro de que existen numerosos métodos, instructores y escuelas confiables de meditación, así como guías honestos de la atención total. No obstante, algunos de los mercaderes modernos bien podrían asimilarse a diablillos, como el de la parábola, dedicados a ‘organizar’ la verdad y, por ahí derecho, beneficiarse de las enseñanzas del Buda, en vez de limitarse a señalar el camino del silencio.

El viaje que recomienda el Buda demanda muchísima determinación. En algún momento del recorrido, la mente del caminante se silencia. Si hay algún gurú rondando, querrá atribuirse méritos inmerecidos. Con la práctica continuada de la meditación, la armonía interior, sin embargo, siempre florecerá espontáneamente… Sin gurúes y sin aplicaciones inteligentes.

* Una invitación… Este columnista presentará ‘Armonía interior: el camino hacia la atención total’ en la Feria del Libro de Bogotá (abril 28, 5 p. m.).

GUSTAVO ESTRADA
Autor de ‘Armonía interior: el camino hacia la atención total’
En Twitter: @gustrada1

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