¿A quién pertenece su atención?

¿A quién pertenece su atención?

¿Hasta dónde podrán los medios condicionarnos? 

03 de diciembre 2017 , 01:52 a.m.

Internet y las redes sociales, con su asombrosa influencia en las comunicaciones de los humanos modernos, auguraban la esperanza de clases políticas limpias, dado que tales maravillas aumentarían la participación ciudadana y ayudarían a la gente en la selección de líderes honestos y en la vigilancia de la corrupción. No ha sido así, sin embargo, y los gobiernos ineptos y corruptos parecen ser más la regla que la excepción.

Las redes sociales son tecnologías que funcionan alrededor de internet. Facebook, Twitter y compañía, utilizables desde ‘laptops’ y teléfonos inteligentes, facilitan la creación y el intercambio de información a través de comunidades virtuales. Sus plataformas son recientes y su impacto social está aún lejos de ser comprendido. Ni sus creadores e inversionistas iniciales sospecharon la influencia que este desarrollo iba a tener.

Las redes ofrecen la posibilidad de enviar y recibir chismes, chistes, noticias, fotos, encuestas y videos, sin costo ‘visible’ para sus millones de usuarios. La casi totalidad de quienes eran hasta hace poco tímidos usuarios o enemigos declarados de los computadores se han convertido ahora en ‘expertos’, pues logran comunicarse con amigos sentados en la misma mesa o con desconocidos al otro lado del planeta. Tal portento, sin embargo, no es gratis y su costo está escondido en el subconsciente de cada usuario.

Las redes sociales recogen volúmenes exorbitantes de datos de cada ‘comunicador’: contactos, experiencia, localización, preferencias, animadversiones… Con tal información se construyen bases de datos bastante precisas de millares de personas para ‘venderlas’ a negociantes de ‘datos’ y publicistas, o a asesores de campañas políticas.

A continuación, los invisibles consejeros se encargan de sugerir a los electores potenciales, por estrato social y localización geográfica, las ‘órdenes’ subconscientes del candidato por el cual han de votar. Con una fracción que acate las instrucciones del ‘mejor asesor’, la balanza política podría inclinarse a favor de políticos corruptos.

“Imposible”, dirán muchos: “Yo ignoro cualquier anuncio conectado con los candidatos que odio”. Usted sí, pero su subconsciente, no. El contenido del aviso impertinente se queda en alguna parte de su cerebro, quizás cuando da clic a la X que lo elimina.

Las propagandas subliminales –frases, imágenes o voces desplegadas rápida y sutilmente en su equipo– son las más refinadas: Usted no las detecta, pero su subconsciente, sí. ¿Total? Terminamos comprando lo que no necesitamos o… votando por un candidato que no nos convence.

Los norteamericanos dizque tocan sus teléfonos inteligentes 2.600 veces por día. ¿Cuántas veces toca el suyo? Unos pocos clics no insinúan tendencia alguna; unos cuantos centenares dirán mucho de usted. Cada pantallazo que recibe lleva la intención de atraer su atención y dirigir su comportamiento –de condicionarlo– en alguna dirección.

El sociólogo estadounidense Herbert Simon, premio nobel 1978 de economía, calificó la información como el atributo que consume atención; si nadie mira un libro, una escultura o un estudio, su valor es cero. Ante la superabundancia de datos, la atención suya, amigo lector, se convierte en un recurso valiosísimo por el cual los comerciantes y los políticos están dispuestos a pagar.

Las redes sociales son el canal más apropiado para comerciar con su ‘atención’, así sus ‘distribuidores’ tengan que manipular su subconsciente mediante mensajes subliminales, en contraposición a razonamientos sólidos para los cuales su ocupada mente carece de tiempo.

Por extraño que parezca, sus preferencias bien podrían ser dictadas y controladas por los medios, que le señalarían tanto los productos que debe consumir como los candidatos por los que debe votar. Quienes pagan por la publicidad ‘subliminal’ de las redes sociales se convierten en dueños de la voluntad de los ‘ingenuos’ navegantes de internet.

¿Hasta dónde podrán los medios condicionarnos? ¿Generará la sumatoria de efectos dañinos una crisis social mayor? Probablemente, sí. La ineptitud y la corrupción gubernamentales son globales. ¿Cuál es la esperanza? La manipulación de los subconscientes solo puede romperse desde abajo hacia arriba, país por país, desde cada ciudadano hasta la gran comunidad global como un todo.

¿Cómo podría cada individuo contribuir al control de este panorama? Fortaleciendo su facultad de la atención. Una vez robustecida, la atención total se encargará de que su voto sea libre… Y de que compre solo lo que necesita. Millones de votantes conscientes y atentos podrían darle la vuelta a la ineptitud y la corrupción gubernamentales.

GUSTAVO ESTRADA
Autor de ‘Hacia el Buda desde Occidente’

Columnistas

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