‘Paraeconomía’

‘Paraeconomía’

Más que el despojo de capital, el paramilitarismo producía capital desde la ilegalidad.

01 de junio 2017 , 12:00 a.m.

Hasta ahora, las investigaciones sobre la ‘paraeconomía’ han arrojado pobres resultados. Existen denuncias sobre empresas que hicieron pagos a algún grupo paramilitar y debates, muy politizados, sobre si el pago fue voluntario o no.

Pero muy poco se va a lograr en términos de la comprensión de un fenómeno si se persiste en la premisa de que el sentido económico del paramilitarismo era la organización de la violencia para despojar la riqueza de terceros, la mayoría de ellos pobres de la periferia colombiana. La realidad era muy distinta. Usualmente, tal riqueza no existía; y cuando existía, era necesario crear empresas que convirtieran una fuente potencial de riqueza en un flujo constante de ingresos.

El asunto era que el paramilitarismo ocurrió en zonas donde las condiciones para crear empresas eran adversas. No solo estaba la guerrilla, sino que la infraestructura y los servicios disponibles eran escasos. Salvo la explotación de ciertos recursos, no tenía mucho sentido incursionar allí para convertir un capital en un flujo constante de ingresos. Mil hectáreas de tierra eran un gran patrimonio, pero si no producían nada tenían valor solo en el papel, no en la billetera.

Sin embargo, esas mismas zonas, por la escasa presencia del Estado, eran ideales para explotar economías criminales que tenían un mercado asegurado en el resto del mundo. El narcotráfico y, recientemente, la minería permitían la generación de un flujo constante de ingresos hacia la población de zonas periféricas.

Más que el despojo de un capital, inexistente o improductivo, el paramilitarismo tenía como sentido producir capital desde la ilegalidad. Por eso, y sin estar directamente involucrados, muchos pobres, además de sectores medios y pudientes, veían con buenos ojos su dominación. Era la oportunidad para que, en zonas aisladas de los mercados, una riqueza potencial se materializara en un ingreso real.

Por supuesto, los paramilitares despojaron enormes cantidades de tierras, proveyeron seguridad a los empresarios del campo, asesinaron sindicalistas, etc.

Pero la lógica no era la de ejércitos subordinados al gran capital. Tenían agenda propia. De allí que las interpretaciones de la ‘paraeconomía’ deben distinguir entre empresarios que conspiraron para producir riqueza mediante la violencia y quienes solo pagaron un tributo para sobrevivir donde el paramilitarismo redefinió el orden económico.

GUSTAVO DUNCAN

Columnistas

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