No tan simple

No tan simple

La desigualdad en Colombia hace rato presenta niveles malsanos y es poco lo que se hace al respecto.

11 de enero 2018 , 12:00 a.m.

El tema económico en el debate presidencial se ha centrado en la necesidad de bajar los impuestos a las empresas. Actualmente, Colombia tiene una de las tasas de tributación al sector productivo más altas del mundo, lo cual hace que sea un país poco atractivo para la inversión privada. Razones hay, entonces, para que sea un tema central.

Petro ha sido el único candidato que ha puesto de relieve otro tema económico importante. La desigualdad en Colombia hace rato que presenta niveles malsanos, y, salvo las políticas de atención social, es poco lo que se hace al respecto. Por eso, Petro ha ido en contravía de la idea de reducir impuestos al empresariado. Propone, en cambio, aumentar los salarios. En su jerga, hay que privilegiar el trabajo sobre el capital.

Es obvio que lo ideal sería que los salarios reales se incrementaran, sobre todo los más bajos, pero el asunto no es tan simple. El economista Jesús Botero estimó, con datos del Dane, que la informalidad en el 10 % de la población con menores ingresos está en el 93 % y en el siguiente 10 %, en el 85 %. Un incremento del salario mínimo apenas beneficiaría a los más pobres porque estos no tienen empleos formales.

En Colombia, la desigualdad se explica más por la exclusión del mercado laboral que por la explotación de los trabajadores.

En Colombia, la desigualdad se explica más por la exclusión del mercado laboral que por la explotación de los trabajadores. Cuando más del 60 % del empleo es informal, el problema no es subir salarios por decreto para que los capitalistas no ganen tanto, sino incluir al grueso de los trabajadores de menores ingresos en mercados formales que el Estado al menos pueda regular.

Peor aún: si se suben los impuestos y se complican las regulaciones para las empresas, a lo que llevaría sería a una mayor informalidad. Con el agravante que el sector Gobierno en Colombia, por su corrupción e ineficiencia, tiene un efecto redistributivo mínimo. Se sabe que el coeficiente de Gini, que mide la desigualdad de ingresos, a duras penas mejora luego de impuestos y transferencias.

La otra mala noticia es que el Estado está obligado a incrementar el recaudo para mantener los equilibrios macroeconómicos. Pese a los altos impuestos, los ingresos del Estado siguen siendo bajos por la evasión y por la informalidad, así que las promesas de los otros candidatos muy seguramente caerán en saco roto si ganan la presidencia.

En realidad, el debate económico de fondo entre los candidatos debería ser cómo van a reducir la corrupción y la informalidad.

GUSTAVO DUNCAN

Columnistas

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