Imperdonable

Imperdonable

La responsabilidad de acabar con los Estados criminales que abundan en Colombia Ahora es de Duque.

12 de julio 2018 , 12:00 a.m.

Es absurdo culpar a Duque del asesinato de los líderes sociales cuando ni siquiera se ha posesionado. Sin embargo, a partir del 7 de agosto, uno de los criterios centrales para evaluar su gestión debe ser la reducción de estos asesinatos. No solo es un asunto moral –es imperdonable para cualquier sociedad dejar que varios centenares de sus miembros sean exterminados–, sino que una política efectiva con ese propósito es diciente de hasta qué punto se ha avanzado en la solución del principal problema de seguridad que afronta el país.

A los líderes sociales no los están matando por motivaciones ideológicas. Mucho menos es la respuesta al estímulo de los discursos incendiarios de la extrema derecha. De ser así, cómo se explica que el Eln y las disidencias de las Farc estén tan comprometidas en las muertes. Las razones son otras, y se vienen incubando de tiempo atrás, así muchos analistas y académicos hayan menospreciado la faceta política de la criminalidad en el conflicto.

Se ha denunciado reiterativamente que detrás de los discursos de los jefes guerrilleros y paramilitares, lo único que había era ambición de riqueza. Y, ciertamente, hay abundantes casos para demostrarlo. Pero, al mismo tiempo, había un fenómeno social más complejo. Además de hacerse ricos, los líderes y los mandos medios de todas las facciones ponían orden en comunidades periféricas y marginales alrededor de los excedentes que producían economías criminales conectadas a los mercados mundiales.

A partir del 7 de agosto, uno de los criterios centrales para evaluar su gestión debe ser la reducción de estos asesinatos.

Era así como los mismos personajes que explotaban el narcotráfico y la minería ilegal eran los encargados de administrar justicia entre vecinos, castigar delincuentes y violadores, proveer bienes públicos y, sobre todo, garantizar que los flujos de las economías criminales alimentaran el mercado local. Por las buenas o, la mayoría de las veces, por las malas, hacían lo que la gente quería que el Estado hiciera.

Estas pequeñas tiranías criminales, difundidas a lo largo del territorio, quedaron en evidencia luego que las Auc y las Farc se desmovilizaron. Y nada más evidente de su existencia que el asesinato sistemático de cualquiera en la comunidad, en especial los líderes sociales, que se atravesaran a sus intereses.

Por diversas circunstancias, el gobierno de Santos las dejó crecer. Ahora, la responsabilidad de acabar con el sinnúmero de pequeños Estados criminales que abundan en Colombia es de Duque.

GUSTAVO DUNCAN

Columnistas

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