Élites en guerra

Élites en guerra

En el largo plazo, la combinación que más alienta el riesgo del populismo es la de corrupción con élites enfrentadas.

16 de noviembre 2016 , 05:12 p.m.

Hay una situación delicada a la que no se le ha prestado suficiente atención y que, en caso de no resolverse, podría llevar a un enfrentamiento peligroso entre la élite política. Toda la persecución de figuras cercanas a Uribe implica que en la contienda electoral del 2018 se va a definir, entre tantas cosas, la posibilidad del uribismo de tomar represalias por lo sucedido en los últimos años.

Es cierto que muchas son culpables, pero también es cierto que sus faltas son prácticas corrientes en Colombia. Miembros de la élite política y funcionarios de alto nivel cercanos a Santos y a otras figuras de poder cometen sistemáticamente las mismas faltas, sin que la justicia tome acciones en igual proporción.

Moisés Wasserman, a quien no se lo puede tildar de uribista, señaló que no tiene precedente la condena de 17 años a Andrés Arias. No es una equivocación afirmar que es usual que los aspirantes a altos cargos de elección popular tomen decisiones favorables a sus financiadores. Lo mismo puede decirse de quienes compraron los votos para la reelección de Uribe. ¿Acaso han sido los únicos ministros que han repartido ‘mermelada’ en el Congreso? ¿Cuántas otras condenas parecidas hay?

El asunto de fondo es que si la condena sistemática de los uribistas hubiera conducido a una reducción de la corrupción, vaya y venga. Pero la realidad muestra otra cosa. Persisten la feria de los contratos públicos y las actuaciones indelicadas con los financiadores de las campañas, e incluso el escándalo del almirante Echandía está a dos o tres raspones de uña de demostrar que todavía se utiliza la inteligencia del Estado para conspirar contra los adversarios.

Es simple: la persecución judicial de la oposición política no funciona como un contrapeso para evitar los vicios del sistema, sino que conduce a una carrera de impunidad. Quienes controlan el Gobierno castigan a los oponentes con la justicia al tiempo que garantizan que las leyes sean benévolas con ellos.

Esa es la mala noticia. La peor es que en el largo plazo la combinación que más alienta el riesgo del populismo es la de corrupción con élites enfrentadas. Por eso es tan importante que las élites políticas firmen la paz entre ellas y se comprometan a reducir en serio la corrupción a todos los niveles. No es por una razón idealista, es porque pueden perder el manejo del país en manos de algún Chávez o de algún Trump criollo.

Gustavo Duncan

Columnistas

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