A comer m...

A comer m...

Muchos compartimos el mismo sentimiento de indignación con las actitudes de Vargas Lleras. Nos parece inmoral que alguien que nos considera ciudadanos de segunda sea nuestro presidente.

28 de diciembre 2016 , 07:10 p.m.

Las grabaciones demostraron que los rumores eran ciertos. Por alguna razón –sea su poder, su pertenencia a una élite social exclusiva de Bogotá o simplemente porque su personalidad es la de un patán–, el vicepresidente Vargas Lleras se siente con el derecho de irrespetar a la gente y los espacios que considera inferiores a su posición.

Ya había escuchado historias de una persona que fue golpeada por sus escoltas porque le reclamó al maltratar a la dependiente de una videotienda que osó pedirle la cédula para alquilarle una película. También, de que lo vieron fumar en los baños de un avión y pasarse por la faja la advertencia de la azafata de apagar el celular. Fueron relatos que escuché en primera persona.

Hay más. Andrés Hurtado denunció en este periódico que a Vargas Lleras en Caño Cristales le advirtieron: “Era prohibido fumar, y sin embargo fumó; que era prohibido ingerir bebidas alcohólicas, y sin embargo las ingirió; que había que dejar el lugar limpio, y que su ‘combo’ de acompañantes dejó basura”. Otra: en un restaurante en Cali, orondo prendió un cigarrillo y desatendió las advertencias de la mesera de que era prohibido fumar.

Pero la gota que rebosó la copa fue el coscorrón al escolta. Simbólicamente, lo ocurrido está lleno de perversos mensajes a la sociedad que comienzan desde la forma como se presentó la noticia. La presentadora de CM& que dio a conocer el video se esmeró en revivir el prejuicio de las ‘bellas pero taradas’ cuando se le ocurrió sonreír con el episodio, como si fuera simplemente una travesura de una celebridad. Quedó claro que para el Vicepresidente y algunos en los medios existen súbditos, no ciudadanos.

Las disculpas públicas fueron aún peores. Raras veces el agravio es menos humillante que el acto del perdón. Vargas Lleras prácticamente justificó su comportamiento por la actitud del escolta con la gente. Uno se pregunta si hubiera actuado así si el que le hubiera dado el pisotón hubiera sido su antiguo socio político en La Guajira, Kiko Gómez. De seguro no lo habría hecho, sabe muy bien que lo hubieran sacado a balazos de la manifestación por irrespetuoso.

Creo que muchos colombianos comparten el mismo sentimiento de indignación con las actitudes de Vargas Lleras. Nos parece inmoral que alguien que nos considera ciudadanos de segunda sea nuestro presidente. Por puro respeto a la sociedad, merece que lo manden a comer m...


Gustavo Duncan

Columnistas

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