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Maestros de primera

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9:49 p.m. | 08 de Junio del 2013

Guillermo Perry

Si no formamos mejor a las próximas generaciones, jamás llegaremos a ser un país desarrollado y una sociedad equitativa, así nos admitan en la Ocde y firmemos la paz.

La calidad de la educación de un país es el principal determinante de su crecimiento económico, y las sociedades que brindan oportunidades educativas similares a todos los niños son aquellas donde hay más movilidad social y menor desigualdad. Si Colombia alcanzara este objetivo en una década, antes de veinte años estaríamos convirtiéndonos en un país desarrollado y en una sociedad igualitaria. Un estudio reciente, promovido por la Fundación Compartir, propone cómo lograrlo.

El estudio demuestra que en el mundo entero la calidad de la educación depende de la calidad de los maestros. Hay otros factores que influyen (el currículo; los materiales didácticos; el equipamiento y autonomía de las escuelas), pero no existe ningún país con buena educación sin buenos maestros. En los casos de mayor éxito (Singapur, Corea, Finlandia), los mejores bachilleres estudian para ser maestros y se preparan en las mejores universidades o institutos del país. Los maestros tienen una remuneración competitiva con la de cualquier otra profesión y grandes oportunidades de desarrollo profesional.

En Colombia, y en otros países con educación de baja calidad, sucede exactamente lo contrario. Los bachilleres con altos Icfes no escogen la docencia como carrera, la calidad de la mayoría de los programas pedagógicos es penosa, la remuneración de los docentes no es suficientemente atractiva y hay pocas oportunidades para su desarrollo profesional. ¿A quién de nosotros se le ocurriría dejar la educación de sus hijos en manos de sus peores compañeros de clase? Pues eso es lo que estamos haciendo como sociedad. Hay algunos maestros excepcionales (como los que premia cada año la Fundación Compartir), pero constituyen una minoría heroica. Si seguimos así, jamás llegaremos a ser un país desarrollado y una sociedad equitativa, así nos admitan en la Ocde y firmemos la paz.

El estudio de Compartir demuestra que para cambiar este estado de cosas se requeriría un esfuerzo integral significativo, a lo largo de cerca de una década, para atraer a los mejores a la docencia, formarlos en programas universitarios de excelencia, apoyarlos a lo largo de su carrera docente –en particular, en los primeros años–, brindarles amplias oportunidades de desarrollo profesional y remunerarlos en forma competitiva con los buenos ingenieros, abogados, médicos o economistas. Para ello propone que el Gobierno otorgue becas completas a estudiantes que obtengan altos Icfes e ingresen a programas educativos universitarios con acreditación de alta calidad, con el compromiso de trabajar al menos tres años en la educación pública. Como en la actualidad solo una cuarta parte de los nuevos maestros se forma en ese tipo de programas, propone también subsidiar –mediante concursos dirigidos por un comité de expertos, nacionales y extranjeros– el mejoramiento de los existentes y el montaje de otros en las mejores universidades del país. Así, en el 2023, se graduarían 20.000 nuevos maestros en programas de alta calidad (equivalentes a la demanda anual pública), escogidos entre los mejores bachilleres de cada año.

Los maestros entrantes tendrían tutores permanentes y evaluaciones periódicas de su comportamiento docente, para orientar su formación en el trabajo. Los mejor evaluados tendrían becas para especializaciones en el país y en el exterior y podrían convertirse en tutores para las siguientes generaciones. Se incrementaría la remuneración para hacerla competitiva con la de otros profesionales con grados y experiencia comparables, y habría bonificaciones adicionales para maestros de alto rendimiento, para quienes sean escogidos como tutores o acepten trabajar en escuelas con bajos niveles de calidad. Los maestros actuales tendrían las mismas oportunidades.

Este esfuerzo tendría, por supuesto, un costo importante. El estudio demuestra, sin embargo, que es viable financiarlo y sugiere de dónde podrían salir los recursos adicionales requeridos.

Guillermo Perry

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