La tecnología y la corrupción

La tecnología y la corrupción

Dejemos de pensar en lo acordado con las Farc, que no se debe llamar paz, porque no la va a haber.

29 de agosto 2016 , 01:36 a.m.

La tecnología se ha usado para mejorarnos la vida. Para lo que no se ha utilizado es para disminuir la corrupción rampante que existe en Colombia.

Voy a tratar de explicar esto. Todas las entidades del Estado tienen hoy servidores y aplicaciones en las que se procesan las facturas, pagos, presupuestos, gastos, nómina, contabilidad y todos los procesos necesarios para cumplir con el propósito de la entidad.

Voy a poner un ejemplo: el cartel de la hemofilia que se robó 50.000 millones de pesos reportando falsos pacientes con esa enfermedad. En este caso dos IPS, Unidos por su Bienestar y San José de la Sabana, del departamento de Córdoba, reportaron en el 2013 y 2014 el doble de pacientes con esta enfermedad y se los cobraron a la gobernación.

Un administrador eficiente e inteligente de esa entidad se hubiera dado cuenta de la anomalía del reporte del doble de personas enfermas de un período a otro y hubiera prendido las alarmas para que se investigara lo que estaba sucediendo. Un buen ejemplo son los bancos, que cuando ven el uso anormal de una tarjeta de crédito inmediatamente llaman al dueño para constatar si es él quien la está usando; y si no lo pueden contactar, la bloquean. Un buen sistema de información ha debido reportar ese cambio de comportamiento en el número de reportes de hemofílicos.

Otra posibilidad es que los que analizan esos datos sean cómplices de los que nos roban la plata a los colombianos y metan debajo del tapete cualquier información que haga prender las alarmas. Existen muchas herramientas para detectar cuando algo extraño ocurre en las facturas o en los reportes o en las bases de datos. Por ejemplo, toda base de datos que se toque deja una bitácora en la que queda el rastro de todo lo que sucede. Otra cosa es que las historias de quien la tocó, que modificó, cuándo y a qué hora lo hizo no se revisen con cuidado o se borren de los discos duros para que nadie las pueda analizar.

Ya llegó el momento de dejar de pensar en lo acordado con las Farc, que no se debe llamar paz, porque no la va a haber. Ojalá el Gobierno se concentre en todo lo que ha descuidado y que se ha deteriorado, lo que nos está afectando. Nuestra justicia da pena. Liberan seis atracadores en TransMilenio, quienes seguramente lo seguirán haciendo muertos de la risa.

GUILLERMO SANTOS CALDERÓNguillermo.santos@enter.co

Columnistas

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