Mohamed Alí, un hombre con carácter

Mohamed Alí, un hombre con carácter

Las vidas y acciones de Bush, Clinton y Trump tienen fallas de carácter gravísimas. Pero Alí sobresale entre todos ellos como un faro en las tinieblas.

05 de agosto 2016 , 05:26 p.m.

En la guerra de Vietnam (1955-1975) no solo fueron sacrificados cientos de miles de vietnamitas, sino millares de jóvenes estadounidenses debido a los intereses del complejo industrial-militar de EE. UU., respecto al cual el expresidente Dwight D. Eisenhower advirtió: “Nunca debemos permitir que (…) ponga en peligro nuestras libertades ni nuestros procesos democráticos” (enero de 1961).

Sin embargo, muchos jóvenes evitaron prestar el servicio militar, con una diferencia muy grande entre aquellos que se declararon objetores de conciencia, como Mohamed Alí, y enfrentaron el costo de su negativa, y quienes evitaron la guerra con manipulación y buenas relaciones, y luego algunos como presidentes llevaron la guerra a muchos rincones del mundo, produciendo dolor y muerte.

Han pasado dos meses ya de la muerte de Alí, el gran campeón de los pesos pesados (1964) y medalla de oro en los olímpicos de Roma en 1960. Cambió su nombre de pila: Cassius Clay, heredado de un plantador esclavista sureño, y se convirtió al islam, y de manera pública y resuelta se negó a ser incorporado al ejército en 1967. Por esta razón fue arrestado, le quitaron el título de campeón y su licencia de boxeador, hasta que finalmente la Corte Suprema lo exoneró, después de varios años.

Alí, uno de los héroes de los jóvenes en los años 60, en todo el mundo, se refería así a la guerra de Vietnam: “¿Por qué me piden que me ponga un uniforme y que vaya a 10.000 millas de mi casa y suelte bombas y balas sobre los vietnamitas, mientras que los negros en Louisville son tratados como perros y se les niegan los derechos humanos más simples? No, no voy a viajar 10.000 millas de mi casa para ayudar a matar y a quemar a otra nación pobre (…)”.

Continúa: “Me han advertido que tomar tal posición sería poner mi prestigio en peligro y podría perder millones de dólares (…). No voy a deshonrar a mi religión, a mi gente ni a mí mismo al convertirme en una herramienta para esclavizar a los que están luchando por su propia justicia, libertad e igualdad (…). No tengo nada que perder por defender mis creencias. Así que voy a ir a la cárcel. Nosotros (los negros) ya hemos estado 400 años en la cárcel”. En efecto, la policía de EE. UU. mató a más estadounidenses, en su mayoría negros, que el número de soldados de EE. UU. muertos en combate durante los ocho años de la guerra de Irak, según cifras de P.K. Roberts.

George Walker Bush, el presidente estadounidense que desencadenó la guerra contra Irak, con mentiras sobre las armas de destrucción masiva de Sadam Huseín, y luego la guerra en contra de Afganistán, se las apañó para no ir a Vietnam. George Lardner y Lois Romano (WP), en una crónica, cuentan que dos semanas antes de que fuera a graduarse en la Universidad de Yale, George W. Bush fue a las oficinas de la Guardia Nacional Aérea de Texas, en Houston, y solicitó la inscripción para el entrenamiento como piloto. Y fue aceptado, aunque “Bush había logrado solo el 25 por ciento en la prueba de aptitudes de pilotaje, el grado más bajo aceptable”. Bush de esta manera logró esquivar el reclutamiento para la guerra de Vietnam, en su propia ciudad de nacimiento, mientras hacía entrenamiento aéreo para la defensa de los cielos texanos, que alguna vez fueron mexicanos.

El presidente Bill Clinton, por su parte, llamado ‘Willie, el resbaloso’, que llevó una guerra “humanitaria” contra Kosovo, igualmente logró con manipulación que no fuera reclutado para ir a la guerra, y hasta un tío suyo hizo lobby a favor de su ambicioso sobrino, que salió “quebrado” de la Casa Blanca, según su esposa Hillary; pero ahora nadan los dos, sin decoro, en millones, según revelaciones de The Washington Post.

Clinton cuenta en una carta al NYT de febrero de 1992 que estaba contra la guerra así como estaba contra el racismo; que no confrontó su reclutamiento pero lo eludió. “Decidí aceptar (lo), a pesar de mis creencias, por una razón: para mantener mi viabilidad política dentro del sistema. Durante años he trabajado para prepararme para una vida política caracterizada tanto por la capacidad política práctica, como por la preocupación por el rápido progreso social”, señaló.

Por su parte, Donald Trump declaró que “él no fue a Vietnam, porque tenía juanetes en los pies”. Un juanete y la decadencia económica y social estadounidense están a punto de hacerlo presidente.

La biología no hace al hombre. El carácter hace al hombre. Las vidas y acciones de Bush, Clinton y Trump tienen fallas de carácter gravísimas. Mohamed Alí, un negro pobre que tenía inteligencia, carácter y puños que siempre obedecieron a su cabeza y determinación, haciéndolo rico y famoso, sobresale entre todos ellos como un faro en las tinieblas.


Guillermo Maya

Columnistas

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