El páramo de Las Baldías

El páramo de Las Baldías

Los beneficios ambientales de este páramo son extraordinarios y muy valiosos para Medellín.

20 de diciembre 2017 , 12:00 a.m.

Medellín y el Valle de Aburrá se ahogan en su hollín. En 2017, la ciudad-región llegó al punto de no retorno con la contaminación ambiental proveniente de las fuentes móviles, principalmente, motos, autos y automotores, en general; y en segundo lugar, de las fuente fijas, aunque ya no hay ni industria para presumir.

Es decir, el problema de la contaminación ambiental es el resultado de que se ha alcanzado una densidad crítica cuantitativa de automotores que tiende a crecer y no a disminuir. Por otro lado, la geografía es destino. La topografía de la ciudad-región, con montañas alrededor de una garganta no muy amplia, impide el transporte aéreo de la contaminación hacia afuera. Es decir, la “nata” de humos permanece más tiempo del debido. El efecto de “dormir con la cobija encima”. Las consecuencias son nefastas, enfermedades crónicas respiratorias y cardiacas. Los infantes y los viejos son sus mayores víctimas.

Esta problemática no tiene solución ni alivio, mientras las tecnologías de las fuentes móviles no cambien de manera significativa, y no marginal, y el reemplazo de las tecnologías obsoletas y contaminantes se produzca en un porcentaje significativo. ¿20 años? ¿50?

El alcalde de Medellín invita a montar en bicicleta y a caminar. Un buen consejo cuando estas actividades se hacen lejos de los humos contaminantes; de lo contrario, la persona que se ejercita inhala la contaminación, a un mayor ritmo e intensidad que la persona que no lo hace. Igual pasa con los motociclistas y sus pasajeros que van no solo contaminando sino respirando el aire de los exostos directamente. Se podría decir que en Medellín el ejercicio físico callejero mata.

Le corresponde al Área Metropolitana y a Corantioquia echarse la mano al bolsillo y pagar por los servicios ambientales en compensación por los costos de mantener el páramo.

Tampoco es casualidad que Medellín haya llegado a ser la tercera ciudad del mundo más densamente poblada con 19.700 habitantes por kilómetro cuadrado, según la ONU (http://urbandata.unhabitat.org). Pero, nadie ha reclamado el premio, en una ciudad en donde todos los políticos están dispuestos a decir: “me lo gané”. Sin embargo, con las políticas regulatorias del plan de ordenamiento territorial basadas en la densificación, se siguen construyendo edificios de más de 24 pisos de altura, para estratos sociales que agregan como mínimo dos o tres carros por apartamento vendido. La contaminación es un estilo de vida y de economía.

Sin embargo, en esta ciudad, todavía hay personas que se preocupan por sus conciudadanos, mucho más que quienes gobiernan, que en su mayoría han convertido la política en una empresa económica, con la justificación del sacrificio de una vida por el bien común.

En Medellín pocos saben que la ciudad tiene un páramo. El Páramo de las Baldías son 860 hectáreas, por encima de los 2900 metros sobre el nivel del mar, tiene una vegetación compuesta de 61 especies, al igual que “habitan 197 especies de aves, (…) nueve especies de anfibios y 130 de insectos” (Artículo: 'Las Baldías, el páramo que perdería a sus guardianes').

El Páramo está localizado en las montañas del norte del Valle del Aburra, entrando por San Félix (Municipio de Bello), y que se extiende hacia el occidente, corregimiento de San Cristóbal (Medellín), y a San Jerónimo, al otro lado de la montaña. Allí nacen 14 quebradas, entre ellas la Iguaná que provee de agua a Medellín, zona occidental, e igualmente, La García que provee de agua a Bello.

Los beneficios ambientales de este páramo, el más pequeño del país, son extraordinarios, además del agua para consumo humano, también hace “regulación hídrica, (mejora) calidad de agua por retención de sedimentos, regulación del clima, control de inundaciones y recreación”.

Aunque el páramo no está completamente en buenas condiciones, el 60% que es propiedad del ingeniero agrónomo Horacio Moreno se ha conservado mucho mejor con sus propios recursos económicos y su incansable trabajo familiar, que incluye a su hijo Daniel y a su esposa Gloria.

La paradoja de esta situación es que mientras en Colombia, los páramos están siendo amenazados por la gran minería, que no paga por los recursos naturales usados al igual que por los daños ambientales, ni tampoco los vuelve a su estado natural, lo que es imposible, este pequeño páramo provee a Medellín de servicios ambientales, como el aire y el agua, que se calculan en 12 mil millones de pesos (12.000.000.000). Sin embargo, a la familia Moreno-Soto le toca pagar los impuestos del terreno que no usa para fines comerciales sino de producción de servicios ambientales, al igual que los costos de su conservación y mantenimiento.

Por estas razones, el personaje del año en Antioquia es el Páramo de las Baldías y la Familia Moreno-Soto, que ha hecho posible esta realidad.

Ahora le corresponde al Área Metropolitana y a Corantioquia echarse la mano al bolsillo y pagar por los servicios ambientales en compensación por los costos de mantener el páramo en buenas condiciones, que son mucho menores a los beneficios recibidos. No se pongan a escoger las monedas con la mano embolsillada.

GUILLERMO MAYA

Columnistas

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