EE. UU. y los trabajadores sin futuro

EE. UU. y los trabajadores sin futuro

El surgimiento de Donald Trump en el escenario político como candidato presidencial no es pura casualidad, y tampoco que sean los blancos pobres quienes constituyan la mayoría de sus seguidores.

23 de agosto 2016 , 11:32 a.m.

Los trabajadores estadounidenses son perdedores en el proceso de la globalización actual, y en los acuerdos comerciales no han logrado los beneficios prometidos. El desempleo, los salarios estancados, la mala distribución del ingreso y la riqueza, con efectos negativos en sus perspectivas de vida y la de sus hijos, son hechos que ya va siendo imposible negar por el ‘establecimiento’ y los beneficiarios del proceso, las megacorporaciones y Wall Street.

En el caso de EE. UU., según Derek Thompson, la economía, en 60 años (1947-2007), sufrió una transformación estructural profunda en la participación de cada uno de los sectores económicos en el empleo total. La manufactura y la agricultura pasaron del 33 % del empleo al 12 %, mientras los servicios crecieron de 24 % a 50 %. Entre los servicios, el sector financiero, que incluye finanzas, seguros e inmobiliario, dobló su participación en el empleo: de 10,5 % a 21,4 %. Entre 1979 y 2012, en total, EE. UU. perdió 7,5 millones de empleos en la manufactura, pasando de 19,5 a 12 millones.

¿Qué pasó? Las corporaciones se relocalizaron buscando salarios bajos y las exportaciones se convirtieron en importaciones: “Las importaciones chinas explican el 44 % de la disminución del empleo manufacturero en EE. UU. entre 1990 y 2007” (theeconomist.com, julio 30-2016).

En consecuencia, Joseph Stiglitz, premio Nobel de Economía, señala que “el 90 % de la población estadounidense ha sufrido un estancamiento de sus ingresos en los últimos 33 años (…). En la parte inferior, los salarios reales son comparables a los niveles de hace 60 años” (agosto 5-2016). ¿Por qué? Alexander Friedman apunta a que “desde 2009 (…), aproximadamente, el 95 % de todos los aumentos del ingreso (nacional) han ido a parar a manos del 1 % más adinerado de la población”, y “curiosamente, a una hora al norte de Wall Street, en Bridgeport, Connecticut, el coeficiente Gini es peor que en Zimbabue”. Titular: “Una familia negra estadounidense promedio necesitaría 228 años para construir la riqueza de una familia blanca actual”.

Por su parte, Anne Case y el también Nobel de Economía 2015, Angus Deaton, en su trabajo El aumento de la morbilidad y la mortalidad entre los norteamericanos blancos no hispanos de edad media en el siglo 21 (original en inglés), señalan que “este trabajo documenta un marcado aumento en la mortalidad de los hombres y mujeres blancos y no hispanos de edad media en EE. UU., entre 1999 y 2013. Este cambio revirtió décadas de progreso en la disminución de la mortalidad y fue excepcional para EE. UU. Ningún otro país rico vio un cambio de tendencia similar. La reversión de la mortalidad en personas de edad media se limita a los blancos no hispanos (…), en gran parte explicada por el aumento de las tasas de mortalidad por las intoxicaciones de drogas y alcohol, el suicidio y las enfermedades crónicas del hígado”.

La causalidad entre enfermedad y muerte y el deterioro económico la señalan como el posible origen de esta epidemia: “Aunque la epidemia de dolor, suicidio y sobredosis de drogas precedió a la crisis financiera, hay posibles vínculos con la inseguridad económica. Después de la desaceleración de la productividad en la década de los 70, y con el aumento en la desigualdad de ingresos, muchos de la generación del baby boom son los primeros en darse cuenta de que ellos no van a vivir mejor que sus padres”.

Pero la situación es más grave aún: “Una gran preocupación hay sobre aquellos que entrarán al medicare (salud pública) de edad media con una salud peor que la de los actuales ancianos. Por lo que (...) pueden ser una ‘generación perdida’ cuyo futuro es menos brillante que el de sus antecesores”.

En otro estudio afirma que en EE. UU. “el 1 % más rico de los hombres vive 14,6 años más en promedio que el 1 % de los hombres más pobres, mientras que entre las mujeres la diferencia es de 10,1 años” (abril 11-2016).

Por tanto, el surgimiento del políticamente incorrecto, xenófobo, racista y narcisista Donald Trump en el escenario político como candidato presidencial antiglobalizador y antilibrecambista no es pura casualidad, y que sean los blancos pobres y en vías de serlo quienes constituyen la mayoría de sus seguidores.

Por otro lado, Hillary Clinton, la ‘chica Goldwater’ republicana, patológicamente mentirosa, responsable con Bill Clinton de la deriva neoliberal corporativa del Partido Demócrata y que tan desastrosas consecuencias ha traído a los estadounidenses y al resto del mundo, hace promesas públicas que no cumplirá, pero no aquellas que hace en privado y que seguramente se convertirán en realidad. Wall Street paga sus discursos muy generosamente. Los políticos son como el gatopardo, prometer el cambio y cambiar algo para que nada cambie.

Guillermo Maya

Columnistas

Ya leíste 20 artículos gratis este mes

Rompe los límites.

Aprovecha nuestro contenido
desde $10.999 al mes.

¿Ya eres suscriptor? Ingresa

Sabemos que te gusta estar siempre informado.

Crea una cuenta gratis y pódras disfrutar de:

  • Acceso ilimitado al contenido desde cualquier dispositivo.
  • Acceso a boletines con las mejores noticias de actualidad.
  • Comentar las noticias que te interesan.
  • Guardar tus artículos favoritos.

Crea una cuenta gratis y disfruta de acceso ilimitado al contenido, desde tu computador, tableta o teléfono inteligente.

Disfruta del contenido sin límites

CREA UNA CUENTA GRATIS


¿Ya tienes cuenta? INGRESA