Metros de papel

Metros de papel

Un poco de compasión con los habitantes de Bogotá: no más metro en fotografías, ni en maqueta ni en planos.

26 de septiembre 2016 , 05:51 p.m.

Por favor, señores, un poco de compasión con los habitantes de Bogotá, algo de autocontrol de quienes hacen eco o viven de la jugosa venta de fantasía: no más metro en fotografías, ni en maqueta ni en planos; en el punto inicial de todos los órdenes del día, en todos los planes de desarrollo; en las primeras planas, en cada paso del dial.

No más elevado, o subterráneo o miti-miti; de Kennedy a la 200 o la 300; basta ya, por pudor, de seguir haciendo noticia, anuncio, inauguración, campaña del estudio preliminar, del estudio definitivo o del contraestudio; del papel, del color, del olor y la textura que algún día tendrá tal aparato, que de tanta mención parece la única fantasía irrealizable de Julio Verne; ese objeto deseado que se anuncia como el elegido para la salvación: el que algún día vendrá, el esperado, aquel único, intangible, perpetuo que ha logrado llenar de idolatría nuestras mentes del siglo XX al XXI.

El papel, la cartulina, los dibujitos bonitos y bien coloreados con el metro del futuro, el más moderno de América, el más largo de capital alguna, el más rápido, mejor que en Medellín, aquel que estará listo, empezado, proyectado o verá primera piedra en el 2018, en el 2022 o en cualquier múltiplo de 4, no sirven para transportarse de un lugar a otro; para aliviar el ansia de los que se apiñan en TransMilenio; tampoco, para pasar las horas leyendo a deleite en el trancón; y, con toda sinceridad, no dan para emplearse como escudo protector por quienes caminan esquivando buses, busetas, SITP, taxis, conductores borrachos, bípedos, cuadrúpedos, roedores, monomotores y, ahora, un vehículo de transporte inventado quizá en el siglo XVIII pero utilizado en Bogotá como arma letal, como proyectil de gran velocidad sobre los andenes: aquellas bicicletas con miles de imitadores de Nairo a toda mientras cazan pokemones o peatones (a veces parecemos lo mismo). ¿Y las ciclorrutas? Ahí están; por tramos, prestando servicio a ventas de pedazos de todo.

Teletransportación cuántica parecería hoy una opción igual o más cercana. ¿Alguien sabe qué es? Yo, al menos, no, pero la presiento similar a la charla del metro bogotano.

No hay mucha alquimia, en realidad, en una obra así; nada que no se haga todos los días en ciudades más pantanosas o telúricas. Bien las noticias, pero más adelante, cuando se haya hecho un centímetro del metro.


Gonzalo Castellanos

Columnistas

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