¡Degenerados!

¡Degenerados!

Por qué no cambiar la fórmula un día. Exigir a los degenerados que cavaron buena parte del hueco (al hueco fiscal se hace referencia) que paguen cuanto adeudan.

04 de noviembre 2016 , 06:46 p.m.

Cuentan que en la compra de un lote para el Fondo Nacional DEL AHORRO (mayúsculas merecidas) pagaron casi 36.000 millones de pesos encima del precio comercial. ¡Nada, hermano, ruido que se lleva el viento!

Y dizque en la construcción de una refinería en Cartagena (Reficar) los sobrecostos fueron más de 12 billones (también en pesos), así como la nariz y las orejas de todo el presupuesto del país. ¡Ruido, compadre! Nada que ver con el Contralor que se operó la grasa en el hospital público al que vigila, igual que la canción ¡Como el águila, vengo vigilándote!

Vaya anécdotas, espejismos en el horizonte, aquellas palabras como ruido: Interbolsa, Dragacol, Chambacú, Foncolpuertos, el carrusel de contratos, de hospitales, ambulancias, de la sangre; Agro Ingreso, Chocó, La Guajira, la universidad tal, el magistrado cual; pensiones, túnel, sobrecostos; comisiones, preclusiones, canciones; carros, escoltas, raciones escolares... y la gobernadora sonríe alegre en las Olimpiadas.

¿Cómo será, chino, si a uno le cae una bomba atómica en el ojo? Ja, ja, siempre divierte charlar, desmemoriar, dejar ahí, superar, reelegir, nombrar, dar y tomar posesión. ¡Te canto y te celebro…!

A veces, de pronto sea por cosas como esas, resulta difícil comprender y más aún aceptar la macro y la microeconomía, el déficit, el hueco fiscal, la deuda, el recorte a la inversión; menos presupuesto, más impuestos, apretón, ahorro, crédito público (descrédito público), o todos los antídotos de la reforma tributaria. Claro está, no son de entender, sino de cumplir; los expertos a lo suyo, la gente al barullo.

Podríamos pagar lo mismo otra vez, varias veces; correr veloces para alcanzar la jubilación a los 65, los 70 u 80; leer con más impuestos, prescindir del teatro, donar sangre y respirar hondo. Quedan sangre, aire.

Pero por qué no cambiar la fórmula un día. ‘Degenerado’ dice la Academia de alguien despreciable afectado por una anormalidad mental o moral. Es justo abstenerse hoy de nuevos impuestos; exigir a los degenerados que cavaron buena parte del hueco (al hueco fiscal se hace referencia) que paguen cuanto adeudan, lo nuestro que tomaron y atesoran entre uñas. La respuesta flota en el viento, entona el premio nobel (a Bob Dylan se alude), pero a Dylan no lo deslumbran premios; aunque los acepte a tirones, prefiere la verdad como terapia.

Gonzalo Castellanos

Columnistas

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