Verdad dolorosa y compleja

Verdad dolorosa y compleja

No es la historia para calcular venganzas, sino para conseguir comprensión constructiva del pasado.

28 de septiembre 2017 , 12:00 a.m.

Georgetown, la prestigiosa universidad de los jesuitas, tuvo como presidente a un hombre nacido esclavo.

Traigo el caso para invitar al discernimiento de la verdad en el laberinto de la historia espantosa de nuestras violencias.

La verdad es indispensable, y las víctimas tienen que ser reparadas, pero la historia hay que traerla, hasta donde sea posible, desde todos los lados para entender lo que realmente nos pasó. No es la historia para levantar odios y calcular venganzas, sino para conseguir una comprensión constructiva e incluyente del pasado que junte el sufrimiento con la responsabilidad y convoque a la reconciliación, sin quedar atrapados en el “ojo por ojo, diente por diente”.

Porque la realidad histórica es una totalidad penetrada de condicionamientos y relaciones sociales, conflictos de poder y dinero, herencias genéticas, tradiciones culturales y espirituales, presiones, miedos y expectativas. Y solamente la aceptación de esa totalidad, que lleva lo inesperado y lo contradictorio, permite dar lugar a la compasión y construir en la diferencia y la probidad cuando se viene del conflicto armado.

La verdad es indispensable, y las víctimas tienen que ser reparadas, pero la historia hay que traerla, hasta donde sea posible, desde todos los lados para entender lo que realmente nos pasó

Sobre ese trasfondo histórico tiene sentido la llamada a que la Iglesia católica reconozca y pida perdón, porque es cierto que clérigos y laicos, tomando como bandera la fe, contribuyeron a encender el odio contra liberales, socialistas y comunistas, también enardecidos de rabias y dolores, en varios momentos y de manera especial durante la Violencia impulsada por dirigentes de los dos partidos.

Estoy de acuerdo con la petición de perdón. Pero, esta barbarie, contraria al cristianismo, hay que ponerla en contexto no para justificarla, pero sí para comprenderla y comprendernos nosotros como colombianos. Para honrar a las víctimas de todos los lados y superar lo que nos destruye como pueblo, y lograr una nación reconciliada en la justicia de la paz.

Para recordar complejidades, traigo el caso de mis compañeros jesuitas que tuvieron esclavos y, para convivir con la inconsistencia injusta, seguían normas de respeto y cuidado en el trato a los seres humanos que tenían sometidos. Pedro Claver, jesuita, hizo de sí mismo rebelión diaria contra este horror y entregó su vida como esclavo de los esclavos en Cartagena.

Parte de ese pasado es Patrick Healy, S. J., nacido esclavo y quien fue por diez años presidente rector de Georgetown University, en Washington. Su papá, Michael Helay, irlandés, terrateniente de una plantación en Georgia, se enamoró de la esclava negra Mary Eliza, que había comprado. Se casó con ella según la common law, y tuvieron siete hijos, todos esclavos, pues la esclavitud provenía del vientre de la madre. El tercero fue Patrick, quien, por ser esclavo, no podía entrar a la escuela en el sur de Estados Unidos. Su papá lo envió al Nueva York, donde ingresó de jesuita después de graduarse de bachiller. Al estallar la guerra civil, las tensiones sobre Patrick, el jesuita esclavo, eran enormes, y por eso fue enviado a Bélgica a la Universidad de Lovaina, donde fue el primer esclavo doctor. Regresó a Estados Unidos en 1866.

Eran los años de la reconstrucción de Estados Unidos después de la guerra. Abraham Lincoln, el héroe de la Unión, había sido asesinado. La esclavitud acababa de ser abolida. Patrick llegó como profesor y, por su calidad humana e intelectual, fue hecho presidente de Georgetown a partir de 1873. Así, este jesuita esclavo fue uno de los líderes espirituales e intelectuales más influyentes en Estados Unidos, donde dejó una huella análoga a la de Obama. Su sepulcro está en el campus de la universidad como un monumento a la reconciliación y la lucha por los derechos humanos en la complejidad de la verdad de la historia.

FRANCISCO DE ROUX* Esta columna volverá a aparecer dentro de un mes, el 25 de octubre

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