Primero la paz que la política

Primero la paz que la política

Con el Sí y el No, anteponen la lucha por el poder a la responsabilidad fundamental de la reconciliación del país.

10 de agosto 2016 , 07:12 p.m.

Inglaterra decidió en plebiscito salirse de la Unión Europea y dio un golpe durísimo a los jóvenes al quitarles el acceso igualitario a las universidades y a la participación en los núcleos productivos del continente donde sus amigos de Alemania, Francia, Holanda, Escandinavia, Bélgica, España e Italia crean el futuro.

Todo porque en el Reino Unido la campaña se convirtió en una batalla por el poder en la que los mensajes de miedo y las mentiras eclipsaron en la opinión pública el valor de Europa. Pues lo importante para la oposición era tumbar el gobierno de David Cameron, quien buscaba, con un plebiscito innecesario, consolidar su gobernabilidad, afectada por el desempleo, la falta de oportunidad en algunas regiones y las migraciones. Ganaron finalmente los enemigos de Cameron y lo sacaron del Gobierno, al costo de romper para Europa y para el mundo el ideal laboral, económico, social y académico que creó la Unión para la paz, y contra las expectativas de los londinenses, los escoceses, los irlandeses del norte y, por supuesto, los jóvenes.

El inmenso avance del proceso de paz en Colombia hacia la superación de la crisis espiritual nacional que nos ha roto como seres humanos, y que depende ahora del plebiscito, puede correr una suerte análoga a la del 'brexit' de Inglaterra si los protagonistas de lado y lado de la campaña por la presidencia, que ha empezado prematuramente con el Sí y el No, anteponen la lucha por el poder a la responsabilidad fundamental de la reconciliación del país.

Subordinar el valor fundamental de la paz a estas campañas, en las que juegan la sagacidad, las emociones y las confusiones, puede destruir entre los colombianos un proceso que ha conmovido al mundo, involucrado al Consejo de Seguridad y a las Naciones Unidas, y recibido el apoyo del Papa. Proceso que llevó a Juan Manuel Santos en su momento a arriesgar todo su capital político por una causa mayor que todas las coaliciones de poder, y llevó a las Farc a mirar primero a las víctimas y a la dejación de las armas en manos de la comunidad internacional.

En esta exacerbación de la lucha por los votos, la pregunta es: ¿cómo subordinar la importancia institucional de la democracia representativa a la causa soberana de la paz, que es más importante que presidentes, partidos, Congreso y cortes? Porque si bien existe una autonomía de lo político, hay momentos en la historia de los pueblos en los que lo ético se vuelve determinante para que pueda darse comunidad nacional y consolidarse suficientemente la democracia.

Pienso que se avanzaría hacia allá si las dirigencias políticas, que tienen un papel inevitable, dan participación protagónica a los procesos sociales en los que prevalece la paz como valor moral: los movimientos de jóvenes, mujeres, ecologistas, organizaciones populares, indígenas, campesinas, afros y sindicales; universidades y centros de pensamiento; empresarios, artistas y comunicadores.

Si, por otra parte, se llama a responsabilidades centrales en la causa de la paz a personas independientes que en Colombia hoy tienen el talante de mujeres y hombres que en la historia reciente nos dejaron ejemplos de generosidad desinteresada e incansable por los intereses comunes.

Si además se ponen los recursos de la paz en instituciones regionales predominantemente de sociedad civil, con participación de políticos destacados por sus opciones morales, y donde claramente los recursos de la reconciliación no puedan servir a procesos electorales.

Y, finalmente, si la Iglesia católica y las iglesias y confesiones, en ecumenismo, toman el liderazgo espiritual aportador de confianza y garantía de la verdad, la aceptación de responsabilidades, la no impunidad, la reparación de todas las víctimas, la no repetición y la conducción hacia la reconciliación y el perdón.


Francisco de Roux

Columnistas

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