Un paso adelante y dos atrás

Un paso adelante y dos atrás

El 85 % de la educación superior no es confiable para el propio Estado. Una situación vergonzosa.

06 de febrero 2018 , 12:00 a.m.

Así parece llegar a su fase final el camino de este gobierno hacia ser el país más educado de América Latina.

En enero entró en vigencia la norma del plan de desarrollo que restringe los créditos de Icetex a las universidades con acreditación de alta calidad. Por causa de esta decisión, de la cual son cómplices el Gobierno y el Congreso, no podrán acceder a la educación superior alrededor de 35.000 jóvenes colombianos de todas las regiones del país.

Cuatro años y cerca de un billón de pesos en becas se han gastado para ofrecer estudios universitarios a poco menos de 40.000 bachilleres en el programa Ser Pilo Paga, y en solo un semestre, por obra y gracia de un par de frases en una ley, cortan la financiación a un número equivalente, que de seguir la absurda norma vigente serán cerca de 100.000 sin oportunidades en la mitad del tiempo. Con una diferencia adicional: mientras los de Ser Pilo están becados a precios máximos de las universidades, los que ahora no pueden estudiar estaban dispuestos a pagar su educación, de costos muy inferiores, por acudir a universidades más accesibles para las familias de menores ingresos del país.

La inconcebible falta de trayectoria y conocimiento del sector de quienes han sido convocados por el señor Presidente para diseñar sus planes y liderar su ejecución ha desembocado en programas y decisiones que no solamente han sido muy costosos económicamente, sino que han demostrado hasta la saciedad su poca relación con las realidades del país.

Mientras los de Ser Pilo están becados a precios máximos de las universidades, los que ahora no pueden estudiar estaban dispuestos a pagar su educación.

Aparte de la autodesconfianza –concepto complicado pero literal– del Ministerio con respecto a sus propios mecanismos de aprobación y renovación de registros calificados, debe tenerse en cuenta la ineficiencia reconocida de los procesos de acreditación. Es un hecho que el Ministerio no cree que el registro calificado garantice calidad, no obstante lo engorroso de su trámite, pues de otra forma no convertirían la acreditación en una obligación.

Eso significa también que el 85 % de la educación superior no es confiable para el propio Estado, y tal situación es vergonzosa. De otra parte, aun si el 85 % de programas quisiera acreditarse hoy, habría que esperar años, pues, según comunicación del viceministerio, quienes radicaron solicitudes antes del 19 de enero deberán esperar alrededor de once meses para recibir la resolución.

Todo esto, por supuesto, no es serio. Miles de jóvenes con malos resultados en la educación básica a cargo del Estado están condenados a terminar su recorrido educativo al final de su bachillerato, a no ser que sus padres ahorren para financiar los costos, muy grandes por cierto, de acreditar las universidades privadas en las cuales pueden ser admitidos, porque las de alta calidad no los van a recibir y ellos no tienen con qué pagarlas.

Ya en este semestre, según comentarios de muchos rectores, la matrícula se ha reducido notoriamente, pues los ingresos familiares han sido golpeados por el estancamiento económico de los últimos dos años. Lamentablemente, los datos agregados oficiales no se sabrán antes de uno o dos años, cuando ya no sirven. Pero no sería rara una reducción global de cobertura y eventualmente un incremento de los índices de desempleo, pues quien no puede estudiar sale a buscar trabajo.

Cerca del 63 % de la población está en los estratos 2 y 3, y, de acuerdo con la encuesta de hogares de 2015, “la clase media en Colombia es frágil e inestable en su economía; según la opinión del 60 % de los jefes de hogar o sus cónyuges, el ingreso escasamente alcanza para cubrir los gastos mínimos”. Asumiendo que estos estratos sean de clase media, que es mucho decir, ¿de dónde van a sacar para educación superior? Les dejo esa pregunta a los candidatos, porque lo que queda de este gobierno no es esperanzador.

FRANCISCO CAJIAO
fcajiao11@gmail.com

Columnistas

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