Estados de ánimo

Estados de ánimo

Quienes promovieron el No tienen ahora la enorme responsabilidad de demostrar con hechos que es cierto que también están dispuestos a construir la paz.

03 de octubre 2016 , 06:30 p.m.

Después del resultado del domingo, no es recomendable precipitarse a dar opiniones que eventualmente estén muy sesgadas por primeras impresiones de lo que ocurrió en la jornada y en las semanas previas.

Por eso prefiero centrarme en lo que hemos vivido en estas últimas semanas, marcadas por una sensible diferencia en los estados de ánimo de las personas. Ha sido inevitable hablar sobre el Sí y el No en foros académicos, cenas familiares, y con amigos de otros países que llaman y escriben para preguntar sobre lo que ocurre en Colombia.

Es evidente que nuestras ideas determinan nuestros estados de ánimo, y será más interesante verificar cómo estos marcan nuestras acciones. Quienes han pregonado la necesidad de ratificar los acuerdos lo han hecho en general con un discurso de esperanza, en ambientes festivos, ponderando los beneficios de salvar vidas, subrayando la importancia de la reconciliación y las nuevas oportunidades de crecimiento económico.

No quiero decir que hayan estado del todo ausentes la agresión y el insulto a quienes promueven el No. Pero insisto en que la generalidad de la campaña por el Sí se ha identificado con alegría, deseo de cambio, manifestaciones de reconciliación y ambiente festivo.

No ha sucedido lo mismo con quienes promovieron el rechazo de los acuerdos. Por una parte, han sobreabundado en argumentos pesimistas (lo cual no quiere decir que sean triviales). Para convencer a los colombianos, se han centrado en los grandes peligros de hacer la paz de cualquier manera diferente a la que ellos imaginan, advierten que el país iniciará su derrumbe al entregarse a un grupo de delincuentes, señalan a la comunidad internacional –incluidos EE. UU. y el Papa– como cómplices ingenuos de una aventura política desafortunada. Naturalmente, a estos argumentos no corresponden la risa y la fiesta. Es claro que sentirse parte de una secta lúcida, única clarividente capaz de prever la hecatombe, no es para programar celebraciones.

Desafortunadamente, los resultados de las urnas no permiten ratificar los acuerdos, pero aun así debemos fortalecer ese estado de ánimo de esperanza y compromiso en generar hechos nuevos de convivencia y fraternidad en todos los espacios en los cuales tenemos que dirimir continuamente nuestros conflictos, en vez de continuar haciendo apologías de la catástrofe, que por demás ya no harán falta. También confío en que la gran defensa de la democracia y la paz que han expresado los que apoyaron lo pactado y quienes lo rechazaron se manifieste en el respeto por el resultado de las urnas, porque de otra manera estaríamos ante renovados factores de violencia política.

Prefiero todo aquello que mejore el estado de ánimo de los colombianos, pues de eso depende que podamos vernos con amabilidad, que emprendamos campañas que estimulen la generosidad o que podamos decirles a nuestros hijos, a los niños y niñas que inician su vida, que no es éticamente aceptable renunciar a la búsqueda de reconciliación que ha marcado estos últimos años. Quienes promovieron el No tienen ahora la enorme responsabilidad de demostrar con hechos que es cierto que también están dispuestos a construir la paz.

Es claro que la guerra que hemos vivido por tantas décadas tiene un montón de factores objetivos y que ellos nos han llevado no solo a ser uno de los países más desiguales del mundo, sino uno con muy altos índices de corrupción y violencia. Pero la guerra encuentra su oxígeno para arder en el terreno de las emociones: el odio, el rencor, la venganza y la intolerancia son los motores de la acción violenta.

La paz, por su lado, requiere acciones de reparación de las víctimas, de condiciones de vida decentes, de inversión pública, de justicia pronta, de educación para todos, pero también tiene su motor principal en un estado de ánimo colectivo propenso al optimismo, la confianza, la generosidad y la creación de nuevos paradigmas de sociedad.


Francisco Cajiao
fcajiao11@gmail.com

Columnistas

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