Entre lo viejo y lo nuevo

Entre lo viejo y lo nuevo

La dificultad radica en avanzar hacia nuevos modelos de sociedad, reconociendo los aprendizajes sociales que nos permitan avanzar con pasos firmes hacia un futuro más humano.

26 de diciembre 2016 , 06:55 p.m.

El comportamiento exploratorio es una de las características fundamentales que garantizan la supervivencia de los animales. En el ser humano es asombroso y se manifiesta desde el momento del nacimiento, cuando los niños comienzan a usar sus sentidos para reconocer su entorno físico y social. Desde las más elementales conductas adaptativas que conducen a los aprendizajes motrices básicos hasta los más avanzados procedimientos de los investigadores que contribuyen a las profundas transformaciones de la vida humana están regidos por esa permanente exploración de las fronteras del conocimiento.

Desmond Morris, etólogo muy reconocido por su libro 'El mono desnudo', señala que en todo comportamiento exploratorio se desarrolla un eterno combate entre el impulso a buscar nuevas experiencias y la tendencia a refugiarnos en lo conocido. Y afirma que si perdemos el deseo de innovar nos quedamos estancados, pero si despreciamos lo que ya tenemos correremos hacia el desastre. Según el autor, este estado de conflicto explica no solo las más visibles fluctuaciones de las modas, sino también constituye la base de todo nuestro progreso cultural.

Experimentos realizados por los biólogos advierten sobre el riesgo de perder los conocimientos acumulados por la especie, por ejemplo en relación con la crianza. Los monos que crecieron en aislamiento y lejos de otros simios pequeños no supieron participar en juegos colectivos cuando fueron mayores. Aunque los solitarios eran físicamente sanos y habían crecido bien en su aislamiento, eran completamente incapaces de sumarse a las cabriolas generales.

Las hembras aisladas, apareadas por la fuerza, parieron con toda normalidad, pero después trataron a sus hijos como si fuesen cargantes parásitos empeñados en agarrarse a su cuerpo. Los golpeaban, los rechazaban y acababan matándolos o desentendiéndose de ellos.

Algo similar comienza a observarse en nuestra especie con los niños excesivamente protegidos que podrán padecer graves inconvenientes en sus contactos sociales de adultos, y con las mujeres que muestran una gran ansiedad a la hora de ser madres si no estuvieron familiarizadas con los procesos de crianza en su infancia y adolescencia.

Pero, de otro lado, es indispensable explorar nuevos mecanismos que permitan superar estas restricciones provenientes de la evolución social mediante el desarrollo de instituciones que permitan la socialización de los niños de familias muy pequeñas, que habitan en grandes ciudades donde se dificulta la constitución de redes afectivas extensas como las de épocas anteriores. Aquí juega un papel muy importante la educación, no solo como mecanismo de instrucción, sino especialmente como mecanismo socializador. Quizá en un futuro no muy lejano los colegios, e incluso las universidades, solo tendrán sentido en función de la construcción de redes de vínculos afectivos, ya que el acceso al conocimiento cada vez encuentra más canales ajenos a la tradición escolar.

En escala mayor, el mismo combate entre lo viejo y lo nuevo se libra en nuestras instituciones políticas, donde grupos de población se refugian aterrorizados en las viejas estructuras sociales y axiológicas, mientras otros intentan romper las barreras de la tradición para aprender a vivir en las condiciones de un mundo con problemas y desafíos muy diferentes a los de medio siglo atrás. Han cambiado las relaciones entre los países, la economía globalizada penetra y cuestiona muchos valores ancestrales, la estructura de la familia se ha transformado, los comportamientos individuales corren por cauces muy diversos y las redes sociales han modificado irreversiblemente la percepción de la realidad.

La dificultad radica en avanzar hacia nuevos modelos de sociedad, reconociendo los aprendizajes sociales que nos permitan avanzar con pasos firmes hacia un futuro más humano.


Francisco Cajiao

fcajiao11@gmail.com

Columnistas

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