América Latina y la crisis de civilización

América Latina y la crisis de civilización

Antes, los problemas de las instituciones se trataban más fácilmente. Se ocultaban con destreza.

04 de septiembre 2017 , 01:45 a.m.

Cándidos. Eso somos la gran mayoría de analistas que hemos venido reflexionando en torno al futuro de nuestra región. Hace algunos años, reconocíamos una crisis en algunos países del continente, pero se verificaba el triunfo de un Estado social de derecho que se fundó en lo que ciertos constitucionalistas llamaron el neoconstitucionalismo.

Era evidente la disminución de la pobreza, la distribución equitativa del ingreso, el reconocimiento de los derechos de las minorías y las nuevas constituciones en las que se desarrollaban catálogos de derechos fundamentales.

Sin embargo, la segunda década del siglo XXI trajo diversos escenarios. El primero de ellos tuvo que ver con la democratización de las redes sociales, la cual llevó al surgimiento de ciudadanos mucho más activos, modificando los análisis que existían.

Antes, los problemas de las instituciones se trataban más fácilmente. Se ocultaban con destreza. Hoy, el debate público es mucho más abierto, pero más limitado y superficial. Esto hace que el descreimiento de la ciudadanía en las instituciones sea la regla.

Un segundo aspecto se percibe con el surgimiento de fenómenos de corrupción en la región. Para la gente de nuestro continente, es inadmisible que al existir tal nivel de desigualdad y pobreza, se despilfarren los recursos públicos. El caso de Odebrecht ha ayudado a construir un imaginario contra las autoridades y las instituciones, que puede llevar al surgimiento del fascismo disfrazado de populismo de derecha o izquierda, como lo recuerda Rob Riemen en su reciente ensayo ‘Para combatir esta era: consideraciones urgentes sobre el fascismo y el humanismo’ (Taurus, 2017).

Un tercer punto que debe recalcarse es la imposibilidad de racionalizar el debate público, lo cual pone en evidencia las fallas del sistema político, las causas, las consecuencias y las razones profundas de los movimientos pendulares entre izquierda y derecha que han marcado el devenir político. Por el contrario, lo que se privilegia es la emoción en todo su esplendor; es el amor u odio hacia una tendencia política. Esto es deleznable, pues en esa situación le es imposible al ciudadano aceptar el diálogo. Es lo que Riemen llama el “vacío intelectual debajo de eslóganes e insultos estridentes que convierten el oportunismo político una forma de arte con su populismo”.

Por último, la crisis institucional puede ser leída en la región como un asunto global. No es gratuito que, en Guatemala, la lucha y depuración de la corrupción haya sido liderada por la Comisión Internacional contra la Impunidad en Guatemala (CICIG), encabezada por su director Iván Velásquez, y no por la justicia nacional. El episodio más grande de corrupción en la región, Odebrecht, se hace público gracias a la acción judicial de Brasil y de Estados Unidos. Podríamos afirmar que América Latina forma parte de la crisis de civilización que agobia al planeta. Forma parte de la globalización de la corrupción y el desgobierno.

En nuestra región, los cuatro elementos antes mencionados se suman a la violencia urbana y rural y se sintonizan con el desmadre que se vive en Europa y los Estados Unidos, donde se ha inficionado a los ciudadanos contra lo público. Nietzsche recordaba que “el peligro de todos los peligros es que nada tenga significado”. Ese escenario es propicio para caudillistas y fascistas. Y ese es el riesgo que vivimos.

Vale la pena recordar lo señalado por el profesor Riemen en el libro citado: “Las instituciones encargadas de protegernos existen solo por gracia de la confianza que las personas tienen en ellas. Demos el poder a demagogos y charlatanes, usemos los medios masivos de comunicación para alentar la idea de que este líder, este político antipolítico, es la única persona que puede salvar al país y entonces las instituciones constitucionales y democráticas desaparecerán, tan rápido como las autoridades se volverán impotentes, pues ya nadie cree en ellas”.

Ojo avizor en un horizonte que se anuncia difícil.

P. D. Una verdadera joya la autobiografía de José María Samper, ‘Historia de una alma’ (1881), reeditada por la Universidad del Rosario, que recrea los albores de la Colombia naciente y las vicisitudes que vivió en múltiples facetas de su vida. Texto para revisitar las causas de nuestros problemas.

FRANCISCO BARBOSA
Ph. D. en Derecho Público de la Universidad de Nantes, en Francia, y abogado. Es docente e investigador de la Universidad Externado de Colombia.

Columnistas

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