América Latina sigue existiendo

América Latina sigue existiendo

Es cierto que la corrupción, las reelecciones permanentes, el nepotismo y la falta de industrias son una desgracia para la región, pero aun así, debemos ser cuidadosos con creer que lo que se vive es una catástrofe.

05 de enero 2017 , 12:32 a.m.

Es cierto que América Latina pasa por momentos difíciles. También lo es que varios de los gobiernos que dirigieron sus países en los últimos 15 años entraron en crisis por razón de varios fenómenos, entre ellos, la corrupción, las reelecciones, el populismo y las crisis fiscales derivadas de la disminución de los precios de recursos no renovables.

Esas razones son las que se pueden invocar para explicar los cambios de gobierno en Argentina y Brasil y las dificultades que han comenzado a avistarse en Venezuela, Ecuador, México, Chile, Bolivia y Colombia. Sin embargo, caer en el pesimismo y decir que el modelo económico implementado en Latinoamérica fue enteramente erróneo y que esa razón explica la caída en desgracia del continente, no es sensato. Entrar en la perspectiva negativa y renegar de los avances que se han conseguido es desconocer la historia económica de América Latina, tanto la que va desde 1999 hasta el presente como la de la década de los sesenta del siglo pasado, cuando se puso en marcha la misma receta económica.

Por ejemplo, entre los años 2000 y 2015, el crecimiento de América Latina estuvo por encima del 4 %, comparado con el menguado crecimiento del 1,63 % de los países de la Ocde −con un descenso notable del 1 % en el 2015−. No puede desconocerse que el desarrollo de ese modelo económico mejoró la distribución del ingreso, redujo la pobreza, aumentó la infraestructura, elevó los estándares de educación, disminuyó el desempleo y redujo el índice Gini de desigualdad. Llama la atención los logros en la reducción de la desigualdad en la región frente al crecimiento evidenciado en países de Europa, China y Estados Unidos.

Según los resultados publicados por la Cepal en su informe del 2015 sobre ‘Desigualdad, concentración del ingreso y tributación sobre las altas rentas en América Latina’, al tiempo que los países del primer mundo aumentaron sus índices de desigualdad en la década del 2000, América Latina revirtió su crecimiento y empieza a evidenciar los primeros resultados favorables. Resulta destacable que de los 17 países incluidos en este análisis, 15 de estos, entre ellos Colombia, evidenciaron mejoras en la distribución de la riqueza y disminución del índice Gini.

Casos como los vividos en Brasil no pueden desconocerse, pues millones de personas fueron sacadas de la miseria con crecimientos de hasta el 9 %, lo que debe dejar claro que por más crisis económica temporal que se viva en ese país, echar para atrás lo ganado es muy difícil.

Debe recordarse que antes de la aparición de los modelos socialistas en América Latina, que tanto le molestan a quienes tozudamente siguen creyendo que el mercado se autorregula, la región vivió el desmantelamiento del Estado derivado de la crisis de la deuda que le impuso el desafortunado modelo del Consenso de Washington.

Durante ese periodo (1990-2000), el crecimiento regional fue del 1 %. Además, el continente no había integrado la noción de democracia, la discriminación era la regla y no existían mecanismos de realización de los derechos fundamentales. En ese momento, los dictadores de izquierda y derecha pululaban y la corrupción de los partidos políticos seguía en el orden del día.

Lo interesante de estas cifras es que, como lo recuerda Óscar Guardiola Rivera en su magnífico libro ‘What if Latin American Ruled the World’, (Bloomsbury Press, 2011), antes de ese desmantelamiento del Estado, América Latina creció entre 1960 y 1970 el 3,1 % cuando se pusieron en marcha las ideas del economista argentino Raúl Prebisch sobre sustitución de importaciones, las leyes del desequilibrio, estrategia global de desarrollo y creación de un nuevo orden internacional. Desafortunadamente, en la década de los setenta, el modelo se fue al traste por las dictaduras, la galopante corrupción, la excesiva deuda externa, la baja de los precios del petróleo y la ausencia de aparato industrial.

Lo que hemos descrito permite concluir que cuando se estructuraron mecanismos de sustitución de importaciones con fomento del aparato industrial, acompañados de cierta protección a favor de los productos locales, el continente creció. Ni hablar de la inversión social que ha permitido desaparecer los conflictos armados, tan comunes en la Guerra Fría. En ese sentido, es relevante que la guerra con las Farc y el equilibrio de las relaciones de Estados Unidos y Cuba hayan sido las noticias de los años 2015 y 2016.

Ese modelo no es una invención latinoamericana. De hecho, Estados Unidos fundamentó su economía en las ideas de Alexander Hamilton, quien en los albores de esa nación planteó la necesidad de proteger las industrias nacientes, imponer aranceles y sustituir importaciones. Por esa vía, las ideas de Keynes no eran nuevas y eso lo demuestra el hecho de que Estados Unidos, como lo recuerda Guardiola, hasta la Primera Guerra Mundial era el país más proteccionista del mundo, con aranceles a sus importaciones que alcanzaron el 50 %, y fue la nación que lideró la más amplia distribución de tierra o reforma agraria a través de la Homestead Act de 1862, aprobada en medio de la guerra de Secesión.

Es cierto que la corrupción, las reelecciones permanentes, el nepotismo y la falta de industrias son una desgracia para la región, pero aun así, debemos ser cuidadosos con creer que lo que se vive es una catástrofe y que la mejoría no ha sido evidente. Si alguien tiene dudas, piense en la realidad de nuestros países hace 50 años y compárela con nuestro presente.

América Latina debe examinar su historia para encontrar su propio camino. Es cierto que la institucionalidad está en mora de consolidarse y la corrupción de reducirse; sin embargo la reducción de la desigualdad, la existencia de la democracia y la conciencia ciudadana por sus derechos son buenas noticias. Latinoamericana en ebullición sigue existiendo con sus particularidades en medio de un “primer” mundo convulsionado que no puede dar ni muchos, ni buenos ejemplos.
Francisco Barbosa

Columnistas

Ya leíste 20 artículos gratis este mes

Rompe los límites.

Aprovecha nuestro contenido
desde $10.999 al mes.

¿Ya eres suscriptor? Ingresa

Sabemos que te gusta estar siempre informado.

Crea una cuenta gratis y pódras disfrutar de:

  • Acceso ilimitado al contenido desde cualquier dispositivo.
  • Acceso a boletines con las mejores noticias de actualidad.
  • Comentar las noticias que te interesan.
  • Guardar tus artículos favoritos.

Crea una cuenta gratis y disfruta de acceso ilimitado al contenido, desde tu computador, tableta o teléfono inteligente.

Disfruta del contenido sin límites

CREA UNA CUENTA GRATIS


¿Ya tienes cuenta? INGRESA