Las y los jóvenes en una mala encuesta
Por: FLORENCE THOMAS |
Al leer la encuesta de Semana No. 1571, 'Así son los jóvenes colombianos', me sorprendieron tanto sus resultados como la encuesta misma y el título con el cual se divulgó.
La ficha técnica señala como universo de estudio un total de 600 jóvenes. No nos dice cuántos hombres y cuántas mujeres y qué respondieron ellos y ellas sobre temas como matrimonio, aborto, homosexualidad y política, entre otros.
Adolece de falta de claridad y precisión por cuanto pretende hacernos ver un mundo homogéneo, en el que las diversas historias de hombres y mujeres sobre estos temas no tienen lugar. Pretende generalizar datos a partir de un número que carece de representatividad. Por eso se arroga el derecho de afirmar que en su mayoría los jóvenes son pesimistas (60 por ciento), conservadores (80 por ciento desearía casarse, 90 por ciento, tener hijos; 63 por ciento está contra la legalización de la droga y más del 70 piensa que el aborto es inaceptable).
Hay muy pocos indicadores alentadores en relación con una ciudadanía asumida y participativa, con las instituciones del Estado y con la justicia. Solo el dato sobre la homosexualidad me pareció relativamente positivo: 62 por ciento considera la homosexualidad aceptable, aun cuando sería necesario saber qué es lo que aceptan de la homosexualidad.
Ahora bien, esta generación nació a mediados de los 80 y vivió una infancia marcada por el recrudecimiento del conflicto armado, los dramas del desplazamiento forzoso, las masacres de los grupos ilegales, la corrupción y la pérdida de horizontes de reconciliación y convivencia, y, más recientemente, el fenómeno de los mal llamados 'falsos positivos'.
En estas condiciones ha sido para los y las jóvenes muy difícil crecer con optimismo sobre el mundo y con energías para cambiarlo. Es una generación de reguetón, Bart Simpson y de navegación en el ciberespacio. Karl Marx, Simone de Beauvoir, Martin Luther King y Mafalda están bien lejos y bien atrás. Sin embargo, los datos presentados por la encuesta desconocen algunos discursos progresistas de las redes sociales y nos obligan a pensar que esta generación es profundamente retardataria.
En medio de una transformación en curso de la familia tradicional -un 36 por ciento de los padres de estos jóvenes están separados- me pregunto: ¿cómo es posible que todos y todas sigan soñando con casarse y tener hijos? ¿Será que todavía los medios tradicionales siguen impregnándolos de estereotipos sexistas e historias de amores de telenovelas y que solo una minoría de chicos y chicas se están preguntando sobre otras opciones? ¿Cómo es posible que para la mayoría de ellos y ellas el aborto sea inaceptable? Me resisto a aceptar estos datos.
Las firmas encuestadoras deben aprender a ser creativas en la búsqueda de indicadores capaces de leer la complejidad de la vida de los y las jóvenes de hoy. ¿Dónde están estos jóvenes inquietos, rebeldes, hambrientos de justicia, de equidad y de innovaciones? ¿Dónde están las rupturas que abren camino a otros mundos posibles?
Bien sabemos que hay muchos jóvenes que se dejaron invadir y habitar por la duda y el extrañamiento ante una vida más virtual que real, y sabemos también que ellos y ellas no están dando la espalda a mejores maneras de vivir la humanidad.
Hay muchos grupos de mujeres jóvenes hoy que no están olvidando la herencia de transformación que recibieron de sus abuelas; hay grupos de hombres jóvenes hoy que están aprendiendo a extraviarse y alejarse de una masculinidad tradicional. Desearía que se haga visible la indignación de estos y estas jóvenes ante esta encuesta. Yo estoy indignada.
* Grupo Mujer y Sociedad
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