Dos hechos históricos

Dos hechos históricos

Tanto De la Calle como 'Iván Márquez' tuvieron esa lucidez que en algunos momentos de la historia tienen algunos hombres o mujeres para edificar los cimientos de una paz duradera.

06 de septiembre 2016 , 06:07 p.m.

Yo tenía 19 años. Era estudiante de psicología en la universidad, vivía con mis padres y a veces los viernes, con mis amigos y amigas, escuchábamos a Duke Ellington y Ella Fitzgerald en los bares del centro de Rouen, mi ciudad natal. Una de esas tardes de invierno de 1963, asistí a un momento histórico que nunca olvidaré. El canciller alemán Konrad Adenauer y el presidente francés, el general Charles de Gaulle, acababan de firmar el tratado Germano-Francés de amistad que selló la reconciliación entre las dos naciones y colocó los cimientos de una paz duradera en Europa después de la Segunda Guerra Mundial.

Pocas veces había visto a mi padre tan feliz. Este hombre, mi padre, había nacido en 1902, lo que significaba que tenía a cuestas dos guerras mundiales; y las dos contra Alemania. Por supuesto, no era fácil para esta generación entender que una reconciliación fuera posible entre estos dos países fronterizos.

En mi casa, por años, el idioma alemán estaba totalmente proscrito, así como la escucha de los grandes músicos alemanes. Para nosotros, nosotras –los jóvenes– no era del todo comprensible este odio que fue sembrado años antes por la destrucción y la muerte de millones de personas. Pero para nuestros padres era normal, hacía parte de sus vidas.

Un abuelo mío, médico durante la primera guerra, se dejó morir lentamente de una depresión incurable cuando se declaró la segunda guerra mundial. Nunca quiso contar a nadie lo que había vivido durante el conflicto de 1914-1918, una guerra de trincheras donde probablemente tuvo que operar y cortar miembros de soldados sin anestesia bajo fuego enemigo. Él simplemente había dejado de creer en la humanidad.

Muchos amigos de mis padres murieron durante el bombardeo a Rouen en 1943, año en el que nací. La destrucción de la ciudad fue casi total. La catedral, una de las más bellas de Francia, logró salvarse de las llamas gracias en parte a una cadena de hombres y mujeres que lanzaron baldes de agua durante más de 48 horas sin descanso.

Y a pesar de todo, en los años 60, apenas 15 años después del fin de la guerra, De Gaulle y Adenauer se dan la mano y hablan de reconciliación como un imperativo moral, pues era impensable volver a generar unos desastres de tal dimensión como lo fueron estas dos guerras mundiales que devastaron y sembraron de dolores y resentimientos a toda Europa.

Yo creo que la firma de los acuerdos de paz en Colombia admite algunos grados de comparación, guardadas todas las proporciones históricas y culturales de los dos conflictos.

Por supuesto, en los dos casos la guerra es un absurdo histórico. Pero en los dos conflictos primó la sensatez, así sea después de enterrar a miles y miles de muertos. Y en este caso, tanto De la Calle como ‘Iván Márquez’ tuvieron esa lucidez que en algunos momentos de la historia tienen algunos hombres o mujeres para edificar los cimientos de una paz duradera que logra cambiar los destinos de las naciones. En los dos equipos de negociadores colombianos reconozco la seriedad, el valor, la obstinación y la perseverancia para esbozar un proyecto de futuro, a pesar de lo difícil de esa tarea.

Volviendo a mis recuerdos de juventud, no fue fácil para la generación de mis padres perdonar y menos aún olvidar. Nunca quisieron viajar a Alemania. Y si lograron más adelante perdonar, nunca olvidaron. Les auguro que algo así pasará en Colombia. Entre otras, las mujeres colombianas no olvidarán lo que fue para ellas el conflicto. Además, nadie pide olvidar, solo aprender a recordar sin odio.


Florence Thomas

* Coordinadora del grupo Mujer y Sociedad

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