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Fernando Londoño: No perdamos otra vez

Por: Fernando Londoño | 5:28 p.m. |

Las Farc tienen que conocerse en lo que han hecho y en lo que pretenden.

No figurará en la lista de las cosas excelentes del gobierno Uribe el manejo que tuvieron los computadores de 'Raúl Reyes'. La mayor parte de su contenido descansa en la Fiscalía, donde las cosas importantes descansan para siempre. Lo demás fue el menudeo de una información preciosa, entregando cada parte a los acusados en ese testamento, que era como poner en manos del culpable la prueba de su delito. Hugo Chávez tuvo lo suyo, Rafael Correa, la historia de la complicidad de Larrea y sus compañeros con las Farc, y a Ortega le tocó pedazo. Con una especie náufraga, el Procurador condenó a Teodora. Algo es algo.

Como lo dijimos en aquella ocasión, esos computadores contenían, como contienen los de ahora, noticias preciosas sobre la forma como opera la peor mafia del mundo. Y ese es un patrimonio de los colombianos, que la padecemos, y de la humanidad entera, que tiene derecho a conocer las intimidades de estos imperios del mal, para combatir otros parecidos, o cuando menos para enterarse de cómo puede ser arrastrado todo un pueblo a los avernos de la disolución y la violencia.

No se nos diga, como entonces, que ese material había de manejarse con cautela, para no poner sobre aviso a los bandidos implicados en su historia y para que las autoridades pudieran examinarlo con provecho y sin presiones. Los hechos ya demostraron la fragilidad de esos argumentos.

'Jojoy', que era hombre meticuloso en temas de dinero, tendrá bien expuestas sus cuentas. Que nos dejarán saber de cuántas miles de hectáreas, de cuántas miles de cabezas de ganado y de cuántas más miles de otras cosas se compone su imperio delictivo.

El señor Ministro de Agricultura clama por que en esas materias se haga claridad para resarcir a las víctimas devolviéndoles sus tierras expoliadas. Manos a la obra, esto es, manos a los computadores.

En esos archivos tienen que estar los aliados de las Farc en su gran negocio, el de la cocaína. No es malsana curiosidad para conocer sus secretos, sino avidez por la verdad en el tema esencial del país.

Cómo se maneja el negocio de los esclavos que siembran y raspan la hoja; cómo se conduce el abastecimiento de los precursores; cómo se reparten las Farc el manejo de los laboratorios; quiénes son sus socios en México, Estados Unidos y estaciones intermedias; cómo ingresan al país las toneladas de billetes que compran armas y conciencias, y, finalmente, dónde y cómo se guardan los inmensos excedentes de la operación, todo debe estar ahí dicho, con apasionante detalle.

La marcha y la técnica del reclutamiento no es cuestión menor. Una guerrilla arrinconada y derrotada tiene todavía energía para reponer algunos de sus cuadros y mantener sus apoyos urbanos y sus contactos en el mundo de las comunicaciones y la política. Cuánto nos urge conocer todo aquello. Podemos jurar que no es nada personal contra el partido comunista y yerbas de parecido linaje.

Las Farc tienen que conocerse en lo que han hecho y en lo que pretenden. De una cosa y otra sabremos suficiente cuando esos computadores se revelen. Ya nos dijo el Presidente que pusieron la bomba a Caracol, cuando el silencio sobre esa canallada lo aprovechaban algunos para imaginar y poner en acción una supuesta extrema derecha.

El nauseabundo negocio de las filtraciones está en marcha. Y también el de las parcelaciones de la realidad que nos concierne. El fiscal Mendoza Diago ya dijo que hacerse cargo de ese pesado fardo era asunto muy dispendioso.

Que es lo que se dice cuando se va a guardar el estiércol debajo de la alfombra. Y que es lo contrario de lo que nos prometió el Fundador de la Patria, cuando dijo que solo la verdad nos haría libres. No la feriemos otra vez.

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