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Falsos testimonios

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Ya era hora. El fiscal Montealegre ha prometido desmontar el andamiaje de falsedades que levantaron sus antecesores para condenar inocentes y convertir la justicia en un sucio espectáculo de circo.

La famosa 'parapolítica' es una sucesión impúdica de estos dolorosos sucesos. La Fiscalía y la Corte diseñaron el sistema, a partir de las elecciones atípicas, que eran aquellas que mostraban resultados que no le gustaban al analista. Para quienes juzgaban, las elecciones tenían que mostrar una cadencia suave, sin sobresaltos, una curiosa armonía que implicaba que lo único legítimo era la continuidad. Cualquier cambio de opinión o liderazgo quedaba convertido en el auto cabeza de proceso para el infeliz que ganaba en las urnas lo que no parecía correcto, solo porque era nuevo.

A partir de esa rara concepción de la política, de esa aversión a cualquiera novedad, el político victorioso quedaba convertido en reo. Estaba prohibida la mutación en el reino de las mutaciones.

Como el cambio ya era la primera prueba del delito, quedaba confirmarlo. Y para ello, nada mejor que un testigo. Testigo de todo o de nada. Y casi siempre, testigo de nada. Porque se trataba de probar que unos miserables políticos se asociaban con unos bandidos para alterar la voluntad popular. Para semejante colosal propósito, habría de probarse que era tal la violencia desatada contra el pueblo, tan terribles los medios de presión utilizados que los votantes que se atrevían a llegar a las urnas solo podían depositar su voto por el escogido por los 'paracos'. Desde luego que esa prueba no llegaría nunca. Por lo que se fueron adelgazando las exigencias de los testimonios hasta el punto en que bastaba alegar un encuentro casual y asunto concluido.

En ese medio tan fértil surgieron los 'pitirris'. Así se llamaron estos sinvergüenzas en homenaje al primero de ellos, que dio ejemplo de ambición y de audacia en el caso de Mario Uribe Escobar. El senador que estaba de sobra elegido se fue supuestamente a buscar votos que no necesitaba en pueblos de la Costa Atlántica. Y lo decía 'Pitirri'... Por eso, su víctima esculpió la frase maestra: aquí habrá 'Pitirri' para todos.

Y los hubo. Los expresidentes del Congreso fueron desfilando por ese pabellón de ignominias. A Luis Humberto Gómez Gallo le tocó el suyo, en un departamento que no tuvo paramilitarismo. Miguel Pinedo Vidal paró en la cárcel, después de haberse recluido para su campaña en Santa Marta, para evitar encontrarse con paramilitares en el corazón del Magdalena.

Mauricio Pimiento tuvo su 'Pitirri'. Carlos García Orjuela, el suyo, y así fue creciendo la audiencia, como en El sueño de las escalinatas.

Si el Fiscal quiere descubrir testigos falsos, puede dar una vuelta por el mundo de los procesos que se siguen contra los militares. En el del coronel Plazas Vega, la fauna es de todas las especies. Desde el que miente sin compasión, hasta el que no dice nada, porque nunca supo que fue testigo. ¡Y la Fiscal que montó la impostura sigue en libertad y aspirando a más altos cargos! En el del general Rito Alejo del Río tendrá mucho material para entretenerse y en el del coronel Mejía Gutiérrez lo sorprenderá un canalla sorprendido en flagrancia, que se convierte en testigo protegido por la Fiscalía. En el juicio contra el mayor Ordóñez verá cómo mutan estas especies y cómo los testigos falsos tiran la piedra y después se desvanecen en el aire. El contrainterrogatorio es imposible.

Toda esta feria de infamias va con nuestro dinero. Los testigos protegidos se mantienen a nuestra costa. 'Pitirri', en el Canadá, vive con 45 familiares suyos. Hay una nueva profesión en Colombia. Es la del falso testigo. No tiene riesgos y se remunera con largueza.

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