Una nueva especialidad médica

Una nueva especialidad médica

Es muy probable que estas aparentes ventajas de la convivencia homosexual se vean empañadas por nuevas patologías, que harán necesaria la introducción de una jamás imaginada especialidad médica.

03 de octubre 2016 , 02:01 a.m.

El homosexualismo conyugal es un asunto que se ha venido debatiendo últimamente en casi todos los países no solo por ser un fenómeno desacostumbrado, sino también por comprometer la estabilidad de las normas que las respectivas sociedades han establecido en aras de un adecuado ordenamiento de las costumbres.

Sobre el homosexualismo se ha escrito y se ha investigado mucho, pero es poco lo que sabemos con certeza acerca de las causas que lo originan. Ojalá algún día pueda entenderse bien, a tal punto que deje de ser una de aquellas preocupaciones que desconciertan y causan malestar a la sociedad, que, por lo mismo, no sabe si convivir con ella o propiciar el confinamiento de quienes la ocasionan.

Siendo médico, es lógico que me interese en el tema y que la forma de abordarlo sea con criterio biológico. Científicamente, no hay bases para considerar el homosexualismo un asunto de raíces hereditarias. Asimismo, a las personas gais se las considera biológicamente normales, pues sus cromosomas, sus hormonas sexuales y su constitución física son normales. Lo que es anormal, por apartarse de las costumbres tradicionales, es el ejercicio de la sexualidad.

Dado que las uniones homosexuales son cada vez más frecuentes, es de presumir que llegará un momento en que repercutan significativamente en los escrutinios demográficos. Hoy, esas uniones no son comportamientos ocultos ni vergonzantes, sino que se exponen a los ojos de todos. Hombres y mujeres dan rienda suelta a su inclinación homosexual, y su aspiración de realizarse como parejas tiene el aval de las altas cortes, que son las que autorizan la bendición legal, y la condescendencia de la sociedad, la cual, a fin de cuentas, es la que califica moralmente las costumbres.

Ser gay es ahora un orgullo para muchos de quienes lo son. La prensa suele dar cabida, con despliegue generoso, a personajes de la política, el arte, el deporte y la farándula, induciendo subliminalmente a quienes apenas comienzan a definir su inclinación sexual a considerarlos paradigmas. Como consecuencia, la mímesis o imitación se constituye en un factor que contribuye a incrementar la población gay. “Yo quiero ser como...” no solo es una meta profesional, sino también sexual.

Esto de la proliferación de las parejas homosexuales me ha llevado a meditar acerca de sus repercusiones en el campo de la reproducción humana. Quién iba a imaginar que el que fuera uno de los conflictos de tipo político, religioso y médico más sonado de mediados del siglo pasado llegara a tener un insospechado aliado apenas iniciado el actual. Me refiero al control de la natalidad, aceptado como única forma de detener la explosión demográfica. Ese aliado son ahora las uniones homosexuales, que se suman a los variados métodos que la ciencia ha puesto a disposición de las políticas anticonceptivas luego de ardorosas luchas para que fueran aceptados.

Así las cosas, los obstetras se verán damnificados, pues la clientela por concepto de maternidad sufrirá merma, más aún cuando la tendencia actual de las parejas heterosexuales es restringir al máximo el número de hijos. Como es lógico, las parejas del mismo sexo no tendrán que hacer uso del derecho a la planificación familiar convencional ni a las incapacidades por maternidad; el embarazo indeseado y el aborto provocado ya no serán motivo de inquietud; la lactancia materna no entrará a interferir las actividades femeniles; en fin, la mortalidad materna y la mortalidad perinatal no serán causa de preocupación de las autoridades sanitarias y demográficas. Sin embargo, es muy probable que estas aparentes ventajas que apareja la convivencia homosexual se vean empañadas por nuevas patologías, que harán necesaria la introducción de una jamás imaginada especialidad médica: la ‘gaisología’.

FERNANDO SÁNCHEZ TORRES

Columnistas

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