Ya no juegan por el asado

Ya no juegan por el asado

Neymar recibirá un salario mínimo colombiano cada tres minutos, despierto o dormido.

08 de agosto 2017 , 12:41 a.m.

Tal vez deba aclarar de entrada que amo el fútbol, que voy al estadio casi todas las semanas, que estoy convencido de que un buen partido es uno de los mejores espectáculos del mundo, que he soportado aguaceros y trasnochadas por ver jugar a mi equipo, incluso, contra los últimos de la tabla.

Tengo en mi casa dos fotografías que compré en el mercado del puerto de Montevideo, tomadas el día de una de las más grandes hazañas de este deporte fascinante: el día del Maracanazo. En la primera aparece el onceno charrúa en el momento de pisar la cancha. La segunda muestra a Ghiggia, Julio Pérez y Obdulio Varela confundidos en el abrazo de la gloria pocos segundos después del pitazo final.

Tal vez en ese par de fotos se fundamenta buena parte de mi molestia con el episodio –por cierto, largo, desgastante, vergonzoso, exagerado y aburrido– que acaba de protagonizar el brasileño Neymar jr. Aquellos eran unos guerreros que jugaban (y ganaban) por el honor, por la familia, por la bandera, por los jóvenes que los animaban en la gradería popular, por el asado en el que celebraban la epopeya de cada domingo con la gente del barrio. Aunque fueran los campeones del mundo.

Muchos de quienes hoy los han sucedido, Neymar a la cabeza, juegan por el avión privado, por la colección de relojes, por un automóvil más veloz y más brillante que el del otro, por las páginas sociales, por poder apostar (y perder) 15.000 euros en una noche de casino, como los jugó Gerard Piqué mientras esperaba que llegara la hora para acompañar a Lionel Messi en su matrimonio. Quince mil: mucho más que los nueve mil quinientos euros que recogió la fundación Techo Argentino, a la que endosó el delantero argentino los regalos de los 206 asistentes a su multimillonaria boda.

Un jeque de esos que han ayudado a convertir el fútbol en un negocio vulgar pagó 222 millones de euros por Neymar, quien recibirá un salario mínimo colombiano cada tres minutos, despierto o dormido: mientras juega al fútbol, mientras posa para las revistas o pasea en yate por el Mediterráneo y también, mientras acude a los tribunales para responder por las acusaciones de evasión de impuestos.

Hay mucha hambre en el mundo como para andar exhibiendo tanta opulencia, tanto brillo inútil.

FERNANDO QUIROZ@quirozfquiroz

Columnistas

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