Si de verdad son inteligentes...

Si de verdad son inteligentes...

¿En qué nuevas labores podrían reemplazarnos las llamadas máquinas que aprenden?

31 de octubre 2017 , 12:00 a.m.

Lo primero que pienso cuando leo la noticia es que terminaremos jugando a las escondidas con los robots: no por diversión, sino por miedo verdadero... y que al final del juego seremos inevitablemente vencidos.

La noticia, publicada en este diario el pasado fin de semana, decía así: “Nace un mundo de máquinas que aprenden solas y podrían reemplazarnos”. Aunque a primera vista parecería una información que se repite a lo largo de los años desde la invención del primer computador, y que insiste una vez más en los riesgos de la tecnología, introduce una novedad: la facultad de ciertos aparatos de aprender solos.

No sería extraño que se cumpla una de las más crueles paradojas: que el hombre haya inventado una máquina que no solo lo reemplace, sino que lo destruya.

Con esa afirmación de “podrían reemplazarnos” habría que ser más precisos, pues es evidente que desde hace mucho tiempo hay máquinas que han reemplazado a los seres humanos en miles de tareas. Para no ir más lejos, habría que pensar en tantos oficios mecanizados en las plantas industriales. O en algo mucho más sencillo: las máquinas que en los parqueaderos reemplazaron a los empleados que recibían el tiquete, cobraban el servicio y abrían la puerta.

Me pregunto, entonces, en qué nuevas labores podrían reemplazarnos las llamadas máquinas que aprenden, más allá de ejemplos sorprendentes que cita el artículo, como el de conducir un vehículo, realizar procedimientos quirúrgicos y jugar GO con la destreza suficiente como para vencer al campeón mundial.

¿Acaso serán estas máquinas las responsables de seguir desplazando a mujeres y a hombres de cientos de miles de puestos de trabajo? ¿Acaso permitirán avanzar en la búsqueda de soluciones que garanticen mejores condiciones de vida para los menos favorecidos?

Lo cierto es que si realmente estas máquinas tienen una inteligencia superior, pueden aprender solas y están en capacidad de analizar y sacar conclusiones, no sería extraño que se cumpla una de las más crueles paradojas: que el hombre haya inventado una máquina que no solo lo reemplace, sino que lo destruya. Que al entender de qué manera nos estamos rajando –violencia, injusticia, desigualdad y un largo etcétera de vergonzosos pecados– decida hacernos jaque mate. Que al comprender que no hemos sido capaces de establecer una relación de cuidado con la naturaleza y de amor con los semejantes considere que no hay razón para perpetuar la especie...

Ojalá, pues, no sean tan inteligentes.

FERNANDO QUIROZ

Máquinas inteligentes

El 'machine learning', o aprendizaje automático, ya se considera parte del universo de la inteligencia artificial.

Foto:

123RF

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