Poesía cantada

Poesía cantada

El Nobel a Dylan es un reconocimiento a la poesía, que debe ser la esencia de la literatura.

18 de octubre 2016 , 12:12 a.m.

Hubo asombro en el salón de Estocolmo en donde se dio la noticia del premio Nobel de Literatura a Bob Dylan. Hubo asombro en los medios de comunicación que difundieron la noticia, y no ha dejado de haberlo en muchos círculos literarios: sobre todo en aquellos que insisten en que la literatura es cuestión de escritores.

Y es que cuesta trabajo pensar que no sea así, sobre todo a la luz del más importante de los premios de literatura, que hasta la semana pasada solo había premiado escritores: tanto aquellos que se habían convertido en figuras públicas como esos otros que eran desconocidos por una inmensa mayoría y que, entonces, constituían un verdadero descubrimiento para el gran público, una revelación para la crítica, un anzuelo para los lectores y un desafío para los editores, que debían ayudar a darlo a conocer en todos los rincones del planeta en muy poco tiempo.

Pero, unos y otros, escritores. Escritores de esos que se pueden tasar en páginas impresas. Escritores que tienen en el papel mucho más que una colección experimental de prosa poética, que es el caso del recientemente laureado norteamericano, autor de ‘Tarántula’. Aunque resulta obvio que no es por cuenta de este libro que se fijó en él la Academia Sueca.

El Nobel a Dylan abre un debate interesante y saca de la comodidad de sus argumentos trasnochados a muchos de los que no se han dado cuenta de que la literatura es mucho más que una suma de palabras impresas. En buena hora.

Este controvertido premio lanza una pregunta: ¿hasta dónde puede llegar la literatura? Y la deja ahí, flotando en el ambiente, para que narradores, críticos, editores y lectores la respondan en los años por venir. O al menos la utilicen como punto de discusión.

Solo eso sería ya un aporte maravilloso de la Academia Sueca al quehacer literario. Pero el Nobel a Dylan significa mucho más: es un reconocimiento a la poesía, que debe ser la esencia de la literatura, la esencia del arte, y que puede encontrar maneras muy diversas de manifestarse.

Sin duda, la poesía habita la obra de Dylan. Y se ha valido de la poesía el norteamericano para tocar corazones, para lanzar preguntas profundas sobre la existencia y, en especial, sobre la estupidez de la que es capaz el hombre. ¿Se necesitan, acaso, más razones para justificar su premio?

FERNANDO QUIROZ@quirozfquiroz

Columnistas

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