Ligero de equipaje

Ligero de equipaje

Con estos versos Machado toca el alma y confirma que placeres como el de la poesía no tienen precio.

16 de mayo 2017 , 01:08 a.m.

A pocos días de cumplir cien años, mi padre recordaba una de estas tardes, en una sobremesa larga y deliciosa, uno de los poemas que aprendió en la juventud, y que desde entonces forma parte de esa antología personalísima que lo acompaña y tantas veces lo entretiene. Es del andaluz Antonio Machado, se llama Retrato, y he querido transcribir la última estrofa, porque encuentro en ella tanta belleza como sabiduría:

Y cuando llegue el día del último viaje, / y esté al partir la nave que nunca ha de tornar, / me encontraréis a bordo ligero de equipaje, /casi desnudo, como los hijos de la mar.”

No hace falta consultar la opinión de críticos ni de estudiosos de la poesía española: estos versos, escritos cuando Machado apenas acababa de pasar los treinta años, son transparentes y directos. En ellos fija desde muy temprano su ambición para el momento de la muerte.

Tuvo amores y buenas amistades, formó parte de célebres tertulias, alimentó hasta la saciedad el gusto enorme por la lectura, tuvo la oportunidad de dar cuenta pública de sus convicciones y pudo exprimir de la mejor forma el talento para las letras. Sabía que en la cultura, en el conocimiento, en los viajes inspiradores y en las buenas conversaciones estaba la magia verdadera: allí hacia donde proponía que apuntaran los intereses de los hombres.

¿En qué momento entraron en desuso los placeres sencillos de la vida, como ese gusto de Machado por el paisaje del campo? ¿Desde cuándo decidió la humanidad privilegiar el tener sobre el ser? ¿Quién ha dicho que para admirar la belleza es necesario adherirle una marquilla o cobrar una boleta?

Dice el refrán popular que “uno se muere y nada se lleva”, y sin embargo muchos se pasan la vida preocupados nada más que por sumar y aparentar. Hermosa la propuesta de Machado de andar por la vida ligeros de equipaje, sin depender para el gozo de cifras gordas en las cuentas bancarias, sin darle más importancia al continente que al contenido. Andar ligeros de equipaje es, a la postre, andar por el mundo sin tantos lastres –taras, vergüenzas, compromisos y lujos innecesarios– que impiden avanzar, que empañan la felicidad, que esconden la belleza.

Con estos versos que bien podrían ser un mantra, un principio de vida, Machado toca el alma, y de paso confirma que placeres como el de la poesía no tienen precio.

FERNANDO QUIROZ@quirozfquiroz

Columnistas

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