Fajardo: un centro que sí existe

Fajardo: un centro que sí existe

El resultado histórico de este candidato dejó una importante lección política al país.

02 de junio 2018 , 12:00 a.m.

Si algo no lograron pronosticar para la primera vuelta presidencial las firmas encuestadoras colombianas, que reivindicaron buena parte de su credibilidad luego de una campaña llena de cuestionamientos en su contra, fue la proporción histórica de votantes que prefirieron una alternativa de centro antes que tomar partido entre los diametralmente opuestos proyectos de Duque y Petro.

La realidad política colombiana, como reflejan las encuestas y las redes sociales, atraviesa desde hace varios años un escenario de profunda polarización. Con el acuerdo de paz como detonante, en el fragmentado ambiente se enfrentan dos proyectos políticos que en ocasiones han pecado por extremistas, careciendo de una necesaria moderación en sus tesis estructurales. Desde una orilla, el uribismo, que ha conseguido representar a la ciudadanía crítica del acuerdo de paz y del actual gobierno. Y desde el otro lado, un creciente movimiento de colombianos indignados con la corrupción, quienes claman por una ruptura con la clase política tradicional, cuya vocería ha sido asumida por Gustavo Petro.

El resultado inmediato del panorama polarizado, que infló en pocos meses los dos programas antagónicos, fue la aparente irrelevancia a la cual parecieron condenadas las demás opciones en el marco del debate. Y así, mientras el grueso de la atención a lo largo de la campaña se concentró en la pelea entre el petrismo y el uribismo, como es usual en los contextos de división profunda, el reto de los demás candidatos fue luchar por mantener su vigencia en la contienda.

Mientras la atención se concentró en la pelea entre el petrismo y el uribismo, el reto de los demás candidatos fue luchar por mantener su vigencia en la contienda.

En los últimos dos meses fueron pocos los pronósticos que estimaron que un tercer candidato sería capaz de amenazar lo que parecía estar escrito en mármol: que la izquierda y la derecha se enfrentarían en una épica segunda vuelta que pasaría a la historia. Pero una de las mayores sorpresas de la contienda fue precisamente la inesperada votación obtenida por Sergio Fajardo, quien estuvo a menos de 300.000 votos de conseguir un cupo a la segunda vuelta.

El resultado histórico de Fajardo, quien había sido opacado como candidato en medio del contexto de división, dejó una importante lección política al país. Porque si bien los pronósticos ponían sobre la mesa una evidente rivalidad entre dos bandos antagónicos e históricamente enfrentados, pocos se atrevieron a calcular que un grueso sector de la ciudadanía, en buena parte resistiéndose a hacer parte de los más radicales discursos del uribismo y el petrismo, sería capaz de construir una alternativa viable. Un centro a veces cuestionado por su aparente falta de contenido, pero que en esencia representa un conjunto de tesis valiosas: el respeto por las reglas, el compromiso contra el juego sucio en campaña, la defensa del acuerdo de paz y el rechazo de mecanismos cercanos al populismo.

Señalado por sus contrincantes de ser políticamente ‘tibio’, Fajardo logró convocar a casi 4,6 millones de colombianos, desconcertando a quienes lo subestimaban y demostrando que a pesar de que los discursos más extremos habían logrado una mayor atención en medio del contexto de polarización, también las alternativas de centro son capaces de cautivar masivamente. De hecho, la votación obtenida por Fajardo el domingo pasado superó por 1,1 millones de votos el resultado alcanzado por Mockus en la segunda vuelta de 2010, durante el apogeo de la icónica ‘ola verde’.

Sobre todo, la inesperada votación obtenida por Fajardo recordó que incluso en un contexto en que se daba por hecho el triunfo absoluto de discursos más radicales, la apuesta por la moderación y el respeto por las instituciones logró conquistar la confianza de millones de colombianos. Pocas cosas devuelven tanto la esperanza como el triunfo de ese mensaje.

Por lo pronto, permanece en el aire la duda entre los millones de colombianos que votaron por una fuerza política de centro, y que ahora tendrán que escoger uno de los dos lados.

FERNANDO POSADA

Columnistas

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