La visita del papa Francisco

La visita del papa Francisco

Colombia es uno de los países con más feligreses, pero, también ha sido uno de lo más violentos.

01 de septiembre 2017 , 12:00 a.m.

La visita del papa Francisco a Colombia cobra una importancia singular debido a dos razones fundamentales. Por una parte, el país atraviesa por una transición social en la que la paz y la reconciliación están a la orden del día; por otra parte, Francisco, aparte de ser un papa de origen latinoamericano que conoce la problemática del continente, ha sido uno de los prelados de la Iglesia más activos con una clara sensibilidad social y un apostolado al servicio de los pobres. No en vano, cuando fue elegido, el padre Bergoglio, como lo llaman en Argentina, asumió el nombre de Francisco de Asís, quien siempre estuvo del lado de los desvalidos, la naturaleza y los animales.

Colombia es uno de los países con más fieles en la Iglesia católica, pero, paradójicamente, también ha sido uno de los territorios más violentos de la historia. Esto contradice las enseñanzas que dejaron los discípulos de Jesús cuando en sus discursos apelaban a la hermandad y la paz entre los hombres (‘La paz os dejo, mi paz os doy’, Juan 14:27).

Pero en esta esquina del continente, parece que nuestros cristianos cambiaron uno de los principios fundamentales de la Iglesia por el siguiente: ‘La guerra os dejo, mi guerra os doy’.

Lo curioso es que este espíritu bélico y pendenciero es asumido por los sectores cristianos más rancios de la sociedad, que con el látigo de la mentira han hecho todo lo posible para volver trizas la paz en el país.

La fe de los latinoamericanos es abundante, pero su espiritualidad es muy pobre

Desde los tiempos de Francisco de Asís, la hermandad y la solidaridad fueron sanos principios practicados por los cristianos. ¿Cómo explicar que algunos católicos practicantes o miembros de las nuevas iglesias cristianas promuevan el odio e incentiven la hoguera de la polarización entre sus mismos fieles?

Sobre esto pueden existir varias respuestas, pero la que más se ajusta a la realidad latinoamericana es que nuestro mundo cristiano, en general, tiene fe, pero carece de espiritualidad.

La fe es la creencia que uno tiene en torno a un dios, un cantante de música o un equipo de fútbol. Pero como creencia, la fe es frágil y voluble, y puede cambiar a lo largo de la vida. Por esto, la espiritualidad es más importante que la fe.

Cuando la fe es ciega llega a rozar con el fanatismo. La fe de las barras bravas en el fútbol se llama fanatismo, y es tanto su fervor por el equipo que llegan a matar.

La fe ciega de las masas en un líder político puede ser tan peligrosa que incluso llegan a elegir a Adolfo Hitler, y en estos tiempos oscuros, a un Donald Trump.

La fe de los latinoamericanos es abundante, pero su espiritualidad es muy pobre. Por eso, es más seguro trabajar la espiritualidad que empecinarse en una fe ciega y torpe. La espiritualidad está íntimamente ligada a los procesos del pensamiento y la sensibilidad. No importa si somos católicos o panteístas; cristianos o gnósticos; orishas o ateos.

A esto es que viene el papa Francisco. A que los colombianos retomemos por fin el camino de la paz, la hermandad y la reconciliación. Como lo predijo ‘san Pacho’ hace ya siete siglos (así le llaman al santo de Asís en el Chocó).

FABIO MARTÍNEZwww.fabiomartinezescritor.com

Columnistas

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