Bandidos, congresistas y togados

Bandidos, congresistas y togados

Un país en guerra, con una corte y unos congresistas cooptados por el crimen, es un país inviable.

29 de septiembre 2017 , 12:00 a.m.

La imagen de Francisco Ricaurte, exmagistrado de la Corte Suprema de Justicia, portando el letrero del Inpec es una muestra fehaciente de hasta dónde ha llegado la justicia en el país. El torcido, como se llama a esta clase de negocios en el mundo delincuencial, era sencillo y bastante lucrativo: el exmagistrado está acusado de recibir dinero de algunos congresistas inescrupulosos que tenían procesos pendientes por contratos o por sus vínculos con el paramilitarismo a cambio de limpiarles sus procesos en la Corte.

Esta alianza macabra entre los exmagistrados de la Corte y algunos funcionarios públicos y congresistas era orquestada nada menos que por el exfiscal anticorrupción Luis Gustavo Moreno, quien hoy se encuentra ‘cantando’ en la Fiscalía.

Este contubernio entre altos magistrados, exfiscales y congresistas de la República implica que, en temas de corrupción, el país tocó fondo. Esto, por supuesto, sin contar con la corrupción globalizada que agenció la empresa tenebrosa de Odebrecht, la cual sobornó a todo el continente.

La telaraña entre el Poder Judicial y el Poder Legislativo es grave para el país porque, aparte de demostrar que el narcotráfico y el paramilitarismo hace rato circulan como Pedro por su casa por las altas esferas del Gobierno, pone en peligro la estabilidad institucional de una nación.

El tema de la corrupción será prioritario en la contienda electoral del 2018. Así como también será tema fundamental la consolidación de la paz

El peligro del país no está en la implementación de los acuerdos de paz, como lo viven pregonando los amigos de la guerra. El peligro se encuentra en esta alianza perversa entre el Congreso y la justicia, que se inició en el 2004 cuando los paramilitares Salvatore Mancuso, Ramón Isaza y ‘Ernesto Báez’, durante el gobierno de Uribe Vélez, entraron al Congreso y fueron aplaudidos por nuestros hombres de la patria.

Ante el descalabro de la justicia, la Fiscalía debe actuar inmediatamente, capturar y poner a buen recaudo a los exmagistrados, funcionarios públicos y congresistas implicados en este escándalo. Aún más, los magistrados de la Corte implicados, como Gustavo Malo, deberían renunciar para no entorpecer las investigaciones.

El país debe pensar en hacer con urgencia una reforma integral a la justicia para volver a retomar los principios de la ética y la independencia, dos valores que son pilares fundamentales de la Rama Judicial, y que hace rato se perdieron.

Así mismo, debe buscar una legislación fuerte y eficaz que castigue la corrupción pública que se ejerce entre el Poder Ejecutivo, el Poder Judicial y el Poder Legislativo.

El tema de la corrupción será prioritario en la contienda electoral del 2018. Así como también será tema fundamental la consolidación de la paz.

Un país en guerra, con una Corte y unos congresistas cooptados por el mundo delincuencial, es un país inviable, destinado al fracaso.


FABIO MARTÍNEZ
- www.fabiomartinezescritor.com

Columnistas

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