Bogotá sostiene su agenda nutrida y variada de eventos culturales. Hay exposiciones de artes plásticas casi diarias, como la que se inauguró ayer en la espléndida Galería Santa Fe del Planetario Distrital: tertulias, teatro, conferencias, charlas, presentaciones de libros, de que dan cuenta las páginas especializadas de los diarios, y muchas otras que no gozan de publicidad, pero a las que el público acude llevado por su buen olfato.
Entre esos múltiples programas, quiero destacar dos de sumo interés. La exposición que se abrió el domingo pasado en el Museo Nacional y que rinde homenaje al maestro escultor José Domingo Rodríguez (José del Carmen Domingo Rodríguez Corredor es su nombre completo), y la ya tradicional tertulia Baldomero Sanín Cano, los últimos de mes, del Pen Internacional de Colombia, en la que hoy conversará Otto Morales Benítez sobre la vida y obra del maestro Sanín Cano, en la sede norte de la Librería Lerner.
La exposición del maestro Rodríguez en el Museo Nacional tiene el título sugestivo de '77 años de ausencia', que nos remonta a 1931 cuando se efectuó el Primer Salón de Artistas Colombianos, convocado por el gobierno de Enrique Olaya Herrera, y presentado en el Pabellón de Bellas Artes del Parque de la Independencia de Bogotá. A ese primer Salón de Artistas, José Domingo Rodríguez envió 14 esculturas, dos de las cuales, 'Eva' y 'Monumento a la Aviación', fueron consideradas por jurados, crítica y público, como lo mejor de la exposición.
José Domingo Rodríguez perteneció a un grupo de geniales escultores que muy jóvenes habían creado, en 1919, el Centro Nacional de Bellas Artes y a los que Germán Arciniegas denominó trabajadores silenciosos. En ese conjunto de los silenciosos estaban con Rodríguez, por ejemplo, Gustavo Arcila, que lo presidía, y Rómulo Rozo, a quienes el maestro español Victorio Macho señala como "la revelación más estupenda de esa patria colombiana".
Álvaro Medina, a mi juicio el mejor crítico e historiador actual de arte en Colombia, ha hecho un análisis certero de la obra de José Domingo Rodríguez, de varias de cuyas piezas, como 'Eva', y 'Segador' o 'Cosechero', dice que "conforman uno de los momentos más lúcidos y afortunados de la escultura colombiana".
La 'Eva' es una escultura de asombrosa originalidad, y también milagrosa. Ha vuelto al Museo Nacional, donde se exhibe por primera vez desde 1948, en que estando lista para ser apreciada por la élite de diplomáticos y estadistas que asistía a la Conferencia Panamericana, se quedó sin que nadie la viera. Una hora antes de la inauguración del Museo Nacional en su nueva sede del antiguo Panóptico, fue asesinado Jorge Eliécer Gaitán. La 'Eva' de José Domingo Rodríguez desapareció entonces y no se volvió a saber de ella, hasta hace un par de años en que un grupo de investigadores, en un episodio con ribetes novelescos, la localizó arrumada en el patio de una casa en Nemocón, entre un cúmulo de trastos viejos. Los que entiendan de escultura, y de belleza creadora, podrán apreciar hoy en el Museo Nacional el tesoro colombiano que ha sido rescatado y la justicia del homenaje que se le rinde a uno de nuestros grandes artistas, que retorna triunfante después de 77 años de ausencia, de silencio y de olvido. No sobra destacar la admirable ambientación que el Museo Nacional le ha dado a la exposición del Maestro Rodríguez Corredor.
Otra figura inmensa de la cultura nacional es Baldomero Sanín Cano, maestro del ensayo filosófico y literario, fundador además del Pen Club de Colombia, en 1936, año en que había presidido la Asamblea Mundial del Pen Club, efectuada en Buenos Aires y a la que asistieron los escritores más célebres de la época. Sobre Sanín Cano, en la Sede Norte de la Librería Lerner, donde se desarrollan las tertulias literarias del Pen, los últimos jueves o viernes de cada mes, disertará y dialogará con los asistentes, esta tarde a las 6, Otto Morales Benítez, uno de los más respetados políticos y escritores vivos de Colombia.
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