SITP y 7a., teoría y práctica
Por: ENRIQUE SANTOS MOLANO |
Hoy entra en la danza el denominado Sistema Integrado de Transporte Público (SITP), concebido en la administración pasada. Varios operadores y otros interesados son partidarios de que el SITP no se ponga en funcionamiento mientras no existan las condiciones de operatividad que garanticen que será efectivo y que no concluirá en un fracaso ruidoso.
Pronosticarle fracaso o éxito a un proyecto que no se ha puesto en práctica es un ejercicio estéril y vano. No está bien que quienes han elaborado la teoría del SITP aseguren a priori que va a funcionar de maravilla; ni es adecuado que quienes no han participado en la preparación teórica del SITP adviertan, también a priori, que podría ser un fracaso. A partir de hoy, esa teoría se pondrá en práctica y en el curso de pocos días sabremos si funciona puntualmente, si no funciona en absoluto o si funciona en parte, y qué defectos será necesario corregir para adecuarla a las necesidades del sistema de transporte público integrado. Todas las posturas teóricas tienen que ser flexibles y estar preparadas para rectificar y enderezar lo que la práctica aconseje.
Puede anticiparse con certeza que, al ser un sistema en estreno, acerca del cual nada se sabe, el comienzo del SITP no será fácil. Habrá confusión en el público y, sin duda, descontento y críticas. Hay que pedirles serenidad a las autoridades y paciencia a los usuarios, como lo anota juiciosamente el editorial de este diario (27 de junio, página 24, debes leer): "Por eso este inicio que se anuncia debería ser concebido más como un periodo de prueba que como un arranque oficial del SITP. Ello facilitará hacer ajustes graduales y dará a la ciudadanía espacio para aprender más de él, sin sobredimensionar las expectativas".
Es una verdad científica. Si se entabla una lucha entre la prepotencia de las autoridades y la intransigencia de los críticos, el choque no ayudará al buen juicio para analizar en la práctica los posibles defectos y la adopción de las medidas correctivas que permitan convertir en ley del transporte público urbano la teoría del sistema integrado.
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Ahora el septimazo. ¿Tienen razón en preocuparse por la actual aflictiva situación de la carrera 7a. las entidades de control (Procuraduría General, Contraloría y Personería distritales) que acusan a la administración progresista de no hacer nada para arreglarla? Esas buenas personas que dirigen las entidades mencionadas no tienen la menor idea de qué es la carrera 7a. Su preocupación por la histórica vía se reduce a "las alternativas de transporte masivo que se planean en la 7a.". El personero distrital sentencia que, en lo pertinente al tranvía eléctrico (que irá desde Las Cruces hasta la calle 190), "no hay cronogramas, no hay estudios, no hay claridad, no hay nada. Y la situación es realmente preocupante".
Yo apostaría a que los dignos funcionarios de control están repitiendo como loros una cartilla que alguien les sopló al oído. Si llegásemos a preguntarles dónde queda la carrera 7a., cuál es su historia, cómo se divide, en qué se diferencia la 7a. del centro histórico de la 7a. de Chapinero y de la 7a. de la 72 hacia el norte, se verían en apuros para responder.
Ni siquiera saben que la actual Administración, iniciada hace seis meses, recibió el mayor desastre que haya sufrido la 7a. en su larga historia. Que primero debió abocar -como abocó- la solución del nudo creado por las obras del TransMilenio en la 26, la destrucción causada por esas mismas obras al parque de la Independencia y la parálisis en que estaba a punto de quedar la 7a. por el retraso en las obras del puente sobre la 26, y de la inoficiosa estación de TransMilenio proyectada en ese sector, que costará una suma bien gruesa. Con máxima diligencia, que los funcionarios de control no han tomado en cuenta, la Administración progresista puso plazos perentorios a los constructores para terminar el puente. Y ya tenemos que, a finales de julio, estará listo. Sin esa obra, no podría pensarse en cronogramas para el tranvía eléctrico, ni hacer modificaciones al tránsito masivo por la 7a., cuya actual modalidad caótica y contaminante se la debemos a la nunca bien recalcada improvisación del señor Enrique Peñalosa, que para pasar a como diera lugar su 'TransMilleno' por la Caracas no tuvo empacho en volcar sobre la 7a. todos los buses que circulaban por aquella avenida.
Los distinguidos directores de los entes de control deberían estar enterados de que el transporte masivo es solo uno de los aspectos pertinentes a la transformación de la carrera 7a. Ninguna otra administración anterior se había preocupado por proyectarle a esta vía fundamental de la ciudad el carácter de un grandioso paseo urbano, que destaque a Bogotá entre las urbes mejor dotadas del planeta. La administración progresista que dirige el alcalde Gustavo Petro ha asumido esa tarea y la sacará adelante; pero no es cosa que pueda hacerse en un par de meses, ni a las 'volandas'. La carrera 7a. del siglo XXI deberá ser estudiada, planeada y ejecutada con el mayor de los esmeros y con la participación activa de quienes entiendan la importancia de esa avenida emblemática.
El titular de EL TIEMPO que informa de la preocupación de los directores de control dice: "No existe claridad sobre el futuro de la carrera 7a.". Al respecto, cabe preguntar: en un mundo en el que estamos regidos por el principio de incertidumbre, ¿tiene alguien claridad sobre el futuro de algo?
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