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Un parque para el Centro

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Enrique Santos Molano

Sobre un predio situado en pleno centro de Bogotá en el que no debe hacerse nada distinto que un gran parque, similar, o mejor, al de la calle 93.

Los bogotanos aplaudirían a rabiar un convenio entre la Gobernación y el Distrito Capital.

    Hay un lote que ocupa la manzana entre la calle 19 y la calle 18, con frentes sobre la carrera 7a y la carrera 8ª (donde el hedor a orines se ha vuelto insoportable). Es un predio que más o menos tiene el tamaño del emblemático parque de la calle 93. ¿Cuál es la historia del lote de la 19? ¿A quién pertenece?

    Según informes que he recogido ese lote es de propiedad de la Beneficencia de Cundinamarca, entidad benemérita, dirigida hoy por el abogado facatativeño Óscar Hernán Sánchez León, "quien se propone llevar a la Beneficencia a un ambicioso lugar para mejorar aún más el legado histórico que tanto le ha permitido a la entidad velar por la población más vulnerable del departamento" (http://www.beneficenciacundinamarca.gov.co/).

    ¿Qué ocurre con el lote de propiedad de la Beneficencia de Cundinamarca, ubicado en la manzana entre las avenida 19 y la calle 18, sobre las carreras 7.ª y 8.ª? Al parecer se encuentra en pleito entre unos particulares, que ninguna injerencia tienen en la Beneficencia de Cundinamarca, ni en la propiedad del predio. El pleito se remonta al año de 1995, cuando la beneficencia demandó a la firma Daigabiz S. A. para exigirle la restitución del local sito en la carrera 7.ª No. 18-27 (dentro de los terrenos del lote en mención, si bien dicho local fue demolido en el 2010), que la Beneficencia le había dado en arriendo en 1992. La demanda se falló definitivamente a favor de la Beneficencia el 29 de noviembre de 2004, con ponencia de la consejera María Elena Giraldo Gómez, de la Sección Tercera de la sala de lo Contencioso Administrativo del Consejo de Estado
(http://www.notinet.com.co/serverfiles/servicios/archivos/18feb05/ce3555-05.htm).

    Aquí no termina el asunto, sino que apenas empieza. Con anterioridad o con posterioridad al fallo del Consejo de Estado, o a una con la demanda a Daigabiz, la beneficencia encomendó a unos abogados la tarea de recuperar la totalidad del lote, que se encontraba en su mayor parte ocupado por una serie de pequeños arrendatarios, que llevaban años sin cubrir los módicos cánones, y que además habían convertido el sitio en un muladar, como durante muchos años pudieron apreciarlo, y padecerlo, los miles y miles de ciudadanos que transitan a diario por el sector.

    Para abreviar, los abogados (no tengo la menor idea de quiénes puedan ser, ni me interesa para el propósito de esta nota) recuperaron el lote, pero la Beneficencia no. Hubo un raro negocio en el que le vendieron, le cedieron o no sé que figura emplearon, el lote a una firma constructora. Lo cierto es que a mediados del año pasado se echó una valla a lo largo y ancho del inmueble, se sembraron unas materas y se instaló un campamento de construcción, al tiempo con una valla enorme que anuncia la próxima iniciación de un gran edificio, y que aún luce allí.

    Sin embargo, nunca se dio comienzo al edificio (afortunadamente, pienso). No conozco el motivo exacto. Mis informadores me cuentan que posiblemente la Beneficencia intervino y detuvo la transacción para la cual los abogados no tenían autorización, ni autoridad. La constructora demandó a los abogados. Aparte de lo que he podido observar a simple vista, es decir, que la obra del edificio se paralizó hace más de ocho meses, ignoro en qué va el pleito. Mis inquietudes, que son también las de buena parte de la ciudadanía, me llevan a preguntar: ¿recuperó ya la Beneficencia de Cundinamarca la plena soberanía de su propiedad sobre el lote de la avenida 19? Si no es así, ¿por qué no han intervenido la Procuraduría, la Contraloría y la misma Gobernación? Supongo que el doctor Sánchez León, hábil abogado, ya habrá madurado cómo meterle muela a semejante chicharrón.

    Hágase una encuesta, y todos responderán que en ese lote no debe hacerse nada distinto a un gran parque para el Centro de la capital, a semejanza del de la calle 93, y aun superior. Hay dos hechos claros. Uno, que el lote está físicamente situado en pleno corazón de Bogotá. En consecuencia la Gobernación, su propietario, no puede llevárselo para otra parte; y dos, que el lote debe valer una bonita suma. Esos dineros le son más útiles a la misión social y de salud que presta la Beneficencia, que tener un lote muy valioso pero hasta el momento improductivo.

    Los bogotanos aplaudirían a rabiar un convenio entre la Gobernación y el Distrito Capital, que le permita a aquella venderle a este el lote de la avenida 19, con destino a la construcción del gran parque del Centro, un proyecto que le cambiaría por completo y para bien la cara al Centro Histórico, y que junto con la renovación de la 7.ª, desde Las Cruces hasta la 170, sería el fundamento de la Bogotá del siglo XXI.

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