Todos los cisnes, al morir, se despiden con un canto bellísimo. Carlos Caballero Argáez intentó el sábado anterior, en su columna de EL TIEMPO impreso, entonar el canto del cisne neoliberal, que le resultó de una gris y vulgar melancolía. En eso ha venido a parar la arrogancia neoliberal.
Caballero Argáez, con su temible ironía, se burla de esos pobres diablos -la presidenta de Argentina, Cristina Fernández de Kirchner, y el presidente de República Dominicana, Leonel Fernández- porque en la cumbre de países iberoamericanos de San Salvador (que estuvo "aburridísima" según lo ha revelado este futuro Nobel de Economía) dijeron, la una, que el fracaso del modelo neoliberal es irreversible, y el otro, que el mundo asiste contentísimo a las honras fúnebres del modelo neoliberal. Caballero Argáez se pregunta, con venenoso acento mordicante, si ese par de tontos sabrían de qué estaban hablando.
Enseguida, para sacarlos de su ignorancia, y de paso a todos los que creemos que el mundo se ha curado del cáncer neoliberal que durante los últimos cuarenta años ha sido una las peores lacras de la historia, nos explica el doctor Caballero Argáez (Nobel de Economía a la vista) que las crisis provocadas por el neoliberalismo son la cosa más natural del mundo, como los terremotos y los huracanes, y enumera las que se han sucedido en Colombia, y cómo la intervención del Estado ha servido para solucionarlas exitosamente. Curioso.
Los neoliberales tienen como su dogma fundamental que el Estado no debe intervenir para nada en las operaciones del mercado ('laissez faire, laissez passer') y limitarse a respirar. No obstante, cuando esas operaciones especulativas y a menudo fraudulentas quiebran, el neoliberalismo clama a gritos por la intervención del Estado, y el Estado tiene que correr a remediar las metidas de pata de los neoliberales. El virtual Nobel de Economía nos explica a los ignorantes que el liberalismo es un dogma providencial que tiene derecho a cometer todos los errores posibles, que el Estado está ahí para cumplir su obligación de salvarlo, y que todo lo que se diga en contrario es simplismo.
Buen y juicioso neoliberal que ha sido siempre, el doctor Caballero Argáez entiende el Estado como un ente abstracto, sin otra misión que la de intervenir para rescatar a los mercados cada vez que se extravían, cosa que suele ocurrir con demasiada reincidencia. Arriesgándome a cometer un sacrilegio, le diré a su sabiduría que el Estado somos todos los ciudadanos. La figura Estado es el ente jurídico que nos representa, y cuando el Estado "tiene que intervenir", como expresa con sin igual 'sanfasón' el doctor Caballero, para rescatar a los neoliberales de sus ca... perdón, de sus embarradas, y desembolsar miles de millones de pesos, no es ningún ente abstracto el que se está metiendo la mano al bolsillo, sino que nos la están metiendo a todos y a cada uno de los ciudadanos que formamos el Estado, y a los que nos toca pagar lo que no nos hemos comido.
En la parte más patética del canto del cisne emitido por el doctor Caballero Argáez, dice: "El capitalismo y los mercados no van a morir como resultado de esta crisis, por dura que sea". Por supuesto que no, nadie ha dicho eso, nadie, excepto el doctor Caballero, ha pensado que el capitalismo y los mercados podrían morir como consecuencia de la feroz crisis desatada por la acción especuladora de los neoliberales, y que apenas está comenzando. Pero sí se van a transformar, a mejorar. Al librarse de esa enfermedad degenerativa que es el neoliberalismo, el capitalismo se quedará con su parte decente (que la tiene) y se desembarazará de una buena vez de las infecciones que ya habían sido expuestas y denunciadas por Adam Smith en 'La riqueza de las naciones'.
Los mercados dejarán de ser el casino de unos pocos especuladores, y cumplirán el papel que deben cumplir como medios de progreso para todos, papel que ya les había descubierto Smith en su inmortal investigación. Lo de las "manos invisibles" es apenas una metáfora de la que Smith se vale para enfatizar en la necesidad de que una poderosa mano reguladora evite los abusos a que están tentadas las manos invisibles, que podrían conducir a constantes y peligrosas crisis.
Los neoliberales le dieron a la metáfora otra interpretación, conveniente para ellos, se adueñaron de los mercados y convirtieron el libre comercio en economía ficción. Todos los abusos contra los que previene Adam Smith fueron cometidos por los neoliberales. Ahí está el resultado final: la magna crisis del 2008, y los ciudadanos del común pagando los platos que no han roto.
Como puede apreciarlo quien haya leído el inspirador canto del cisne del doctor Caballero Argáez, su visión de los mercados, propia de un cumplido neoliberal, sólo se relaciona con los bancos y las crisis financieras. Para este economista con talla de Nobel sólo es importante que el Estado se visibilice cuando tiene que acudir al rescate de los especuladores, pues la crisis existe si existe el peligro de que las bolsas se revienten. ¿Y qué hay de todos esos millones de personas que pierden sus empleos, sus casas, sus ahorros, de los padres de familia que no pueden llevar lo esencial a sus hogares, del incremento de la miseria, de las asimetrías, de la creciente desigualdad de oportunidades, incluso del deterioro del medio ambiente, de la recesión general?
Para el doctor Caballero Argáez esas no son más que ideologías, "cosas de los Chávez, los Morales y los Fernández de este mundo". Podría haber dicho también (¿lo pensó mas no lo dijo?) que de los Obamas. La deplorable expresión utilizada por todo un Nobel futuro admite sólo una traducción. Lo que ha querido significar es que los Fernández, los Morales y los Chávez de este mundo no son sino las despreciables mujeres y los abominables negros, zambos e indios de este mundo, que tanto fastidian a la raza aria y machista de los neoliberales.
Hemos escuchado el canto del cisne neoliberal en la voz neocon del doctor Carlos Caballero Argáez. Qué pena saber que los cisnes, sea hermoso o feo su canto, después de cantar, se mueren.
No sobra contarles a quienes andan pensando en cabildeos, intrigas y palancas para sacar adelante el TLC (FTA por sus siglas en inglés) que, según informa la BBC, "el presidente electo de Estados Unidos, Barack Obama, implementará una serie de reglas para limitar la influencia de aquellos que se dediquen a cabildear dentro de su equipo de transición" (BBCmundo.com, 12 de noviembre, 2008)
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