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SuscríbeteDe Roma a Bogotá
Por: ENRIQUE SANTOS MOLANO |
Quienes hayan leído la reveladora entrevista de Yamid Amat con el alcalde Gustavo Petro (EL TIEMPO, 5 de agosto, páginas 8 y 9, Debes Leer) habrán entendido lo complejo que puede resultar el intento de gobernar Bogotá para beneficio de los ciudadanos y no simplemente en servicio de unas pocas personas o grupos mafiosos cuyo único propósito es el de ordeñar la ciudad y saquearla.
Por eso la mayoría de las críticas que se lanzan contra la administración Progresista no van enderezadas a un propósito de colaborar con opiniones constructivas en el mejoramiento de la capital de Colombia, sino de crearle al alcalde un desprestigio artificial que facilite su revocatoria o que estorbe al máximo el éxito de su gestión. No está equivocado el alcalde Petro cuando asegura con todo fundamento que hay una bien orquestada y financiada estrategia de desprestigio contra él y contra el presidente Santos. La ultraderecha no se anda con chiquitas. Léase si no la columna vesánica de don José Obdulio (EL TIEMPO, 8 de agosto, p. 21, Debes Leer) en que denuncia un plan de las Farc para asesinarlos a él y a don Jaime Restrepo Restrepo, e insinúa como cómplice al presidente Santos. Tras de conspiradores, chifladitos.
La voz repetidora de la campaña contra el alcalde Petro es la señorita Gina Parody. Ella está en actividad temprana para disputar la alcaldía de Bogotá en el 2015, y se empeña en sostener que el alcalde Petro no es un buen ejecutor, es decir, que en los ocho meses de su administración no ha mostrado ninguna ejecutoria, ni cumplido con las propuestas que planteó a sus electores. De donde debemos concluir que si ella hubiera sido la alcaldesa, habría hecho, como Dios, todo lo que había que hacer, en ocho días, y después se hubiese dedicado a descansar y a contemplar su obra. Sin embargo, Gina Parody estuvo en el Congreso dos o tres años, pronunció dos o tres discursos incoherentes, no ejecutó nada, ni hizo nada. Lo que no le impidió tirar la curul y marcharse a Miami a descansar "en plan de estudio". No parece que la excandidata, y prospecto de candidata, tenga las credenciales para reprocharle a Petro "la falta de ejecución".
Dice un refrán muy sabio que "Roma no se hizo en un día". Los que andan con afán de ejecutar deberían tomarlo en cuenta y analizar las causas que condujeron al desastre de la administración polista de Samuel Moreno Rojas. Se empeñó el buen Samuel en hacer a Roma en un día y emprendió al tiempo mil y pico de obras que crearon un caos endemoniado y que llevaron al colapso de la administración. Moreno Rojas quería demostrar que era un ejecutor veloz, como le gustan a Gina Parody.
El alcalde Petro está ejecutando al estilo de un gobernante responsable. Despacio y bien. Heredó el caos, la corrupción en los contratos, el desangre en las finanzas de la ciudad, obras inútiles e inconclusas. En solo ocho meses de trabajo sin aspavientos publicitarios, sin dejarse amedrentar por el coro estridente de detractores que comenzó a denigrarlo desde el momento mismo de su elección, ha venido enderezando los entuertos que le ocasionaron a la ciudad las últimas administraciones, y que le han robado a la suya un lapso precioso.
Petro sabe que no se puede hacer Roma en un día, ni Bogotá en un día. Un plan tan ambicioso como el de adecuar una ciudad para los ciudadanos, una Bogotá humana, requiere su tiempo de maduración y su tiempo de comprensión. Por ejemplo, no es fácil entender por qué los ciudadanos, que son los más directamente afectados por el costo de la vida y por las alzas continuas que les imponen los amos del mercado, permanecen indiferentes ante el esfuerzo de la administración progresista para disminuir ese costo de vida y aumentar el poder adquisitivo de la gente. Me refiero a las acciones del alcalde que buscan reducir el precio en las tarifas del agua, de la luz, de la recolección de basuras, de los pasajes de TransMilenio, y de otros rubros de la vida cotidiana, que han despertado la oposición feroz y unánime de quienes se lucran con los altos precios de los servicios, mientras que quienes se han de beneficiar con las rebajas, los ciudadanos, se mantienen indiferentes, como si la cosa no fuera con ellos. Piensa uno si los ciudadanos de hoy son masoquistas y lo que les gusta es que les aprieten las clavijas y les expriman hasta los cojones, como estamos viendo en España y en la dichosa Europa neoliberal dominada por la señora Merkel.
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