| Actualizado hace 22 minutos

Últimas Noticias de Colombia y el Mundo.

  • Pico y placa
  • Clima
  • Que buena compra
  • Facebook
  • Twitter

Últimas Noticias

Ver más últimas noticias

Patrocinado por:

El mundo se pudre

Por: Por Enrique Santos Molano | 8:27 p.m. | 18 de Noviembre del 2010

Cidinha Campos, diputada brasileña, pronunció en el Congreso de su país un discurso feroz contra la corrupción que podría repetirse calcado, cambiando sólo nombres, en el Congreso colombiano o en el de cualquier país del mundo de nuestros días.

Antes se decía que la prostitución era la profesión más antigua del mundo. Estábamos equivocados. La profesión más antigua del mundo es la corrupción. Existe desde el principio de los tiempos. Desde el momento en que la serpiente perversa corrompió a Eva y a Adán y los hizo expulsar del paraíso. Verdad es que el pecado de nuestros bíblicos primeros padres fue inocente y el castigo, excesivo, inexplicable. El Señor ha debido proceder con más ecuanimidad, y castigar a la serpiente, propagadora de la tentación.

Más adelante, la verdadera corrupción se apoderó de dos grandes ciudades,  Sodoma y Gomorra, cuyos habitantes se excedieron en la comilona de manzanas, e inventaron otras modalidades refinadas de corruptela. Robo, engaño, fratricidio, asesinato, traición, perfidia, ambición y avaricia. Hicieron guerras crueles suscitadas por la codicia, la envidia y el ansia de dominación. Aquí sí el Señor, con justa ira, lanzó sobre sodomitas y gomorritas lluvias de fuego que calcinaron y purificaron a aquellos pueblos corrompidos y a sus execrables clases dirigentes. Abraham le había pedido a Dios que le permitiera salvar a los hombres decentes (justos) que vivían en Sodoma. Dios le respondió que si encontraba cincuenta hombres o mujeres decentes, no destruiría la ciudad. Abraham no pudo hallar diez. El lumpen se había adueñado de Sodoma, de Gomorra y de otras cinco ciudades aledañas. Todas fueron destruidas por la cólera implacable del Creador, asqueado ante la podredumbre del alto y bajo lumpen que dominaba al género humano (Génesis). ¿Cómo pudo equivocarse Dios en esa forma? ¿En qué momento alucinado creyó que esos seres viles y depravados eran su imagen y semejanza? No le quedaba más remedio que borrar con fuego su error.

¿Cualquier parecido de ese mundo remoto con el actual es simple coincidencia? Sin duda los sodomitas y los gomorritas tienen un punto a su favor. Nunca se les ocurrió inventar los bancos, las corporaciones financieras, las empresas multinacionales, los clubes Bilderberg, los complejos industriales militares, ni el neoliberalismo, síntesis de todas las maldades.

Después de haber destruido las cinco urbes corruptas, y de castigar por curiosa a la pobre mujer de Lot, doña Sara (otro castigo excesivo e injusto, como el que les aplicó a Adán y a Eva), convirtiéndola en estatua de sal y, desilusionado de las criaturas humanas, el Creador de todo lo visible y lo invisible se fijó en el buen Abraham y comprendió de pronto en dónde estaba su error.
Las criaturas que eran su imagen y semejanza en la Tierra no residían en lo visible sino en lo invisible.

Observó el Señor cómo Abraham se multiplicaba y cientos y miles de hombres y de mujeres decentes, invisibilizados por el humus espeso de la corrupción, ganaban el pan con su trabajo honrado, amaban a sus padres y a sus hijos, honraban al Señor, se ayudaban y se amaban los unos a los otros, no envidiaban el bien ajeno, ni disfrutaban con el dolor de los demás, que en cuanto podían ayudaban a curar o aliviar. Al contemplar exultante ese espectáculo hermoso, el Señor  exclamó: "La decencia es mi verdadera creación y los hombres decentes son los que hice a mi imagen y semejanza." El Señor sonrió y se dijo que podría descansar cuando, en el Séptimo Día, el reino de la decencia se hiciera visible sobre la Tierra e imperara en ella.

Pero en el tiempo metafísico los días transcurren con excesiva lentitud y el Séptimo aún no ha llegado a la Tierra. El mundo actual se pudre en la corrupción lumpenesca, como se pudrieron Sodoma y Gomorra. Veamos un par de síntomas. El pueblo de Haití, el más pobre y desamparado de todos los pueblos de la humanidad. Destruido por un terremoto, devastado por una tormenta, asesinado por el cólera. Con una parte pequeña del billón (un millón de millones) de dólares que los señores presidentes Bush Jr. y Obama les regalaron a los bancos que produjeron la catastrófica crisis económica, se habría rescatado al pueblo de Haití y solucionado sus problemas. Los bancos se embolsaron el billón de dólares (ni bobos que fueran), la crisis siguió peor, y el pueblo de Haití no ha recibido del todopoderoso imperio del Norte, ni de las poderosas naciones que controlan la riqueza del mundo, sino humillación y opresión. Hasta se dice que el cólera fue provocado intencionalmente por cascos azules de la ONU, enviados a Haití para cualquier cosa, menos para ayudar a ese pueblo desdichado.

En Colombia vemos el espectáculo tristísimo de unos congresistas, en mala hora elegidos, que votan leyes para suavizar las de por sí anodinas penas que se contemplan para los corruptos, y que bloquean los proyectos destinados a reprimir con severidad ejemplar la corrupción.

Como antaño en Sodoma y Gomorra, los poderosos de hogaño disfrutan del sufrimiento de los desposeídos, a los que explotan en todas las formas. Sobre ese lumpen contemporáneo dominante también caerá la lluvia de fuego con que el Señor habrá de destruirlo. Sin embargo, el Creador aprendió de su primer error. En esta ocasión no hará que justos paguen por pecadores.

No hay que desesperar. Llegará el Séptimo Día, en que la decencia se hará visible y reinará sobre la Tierra. "Palabra de Dios".

Herramientas

Publicidad

Paute aquí

Patrocinado por:

ZONA COMERCIAL

Paute aquí

Reportar Error

¿Encontró un error?

Para eltiempo.com las observaciones sobre su contenido son importantes, permítanos conocerlas para, si es el caso, tomar los correctivos necesarios, o darle trámite ante las instancias pertinentes dentro de la Casa Editorial El Tiempo (CEET). Por favor, incluya su nombre y correo electrónico para informarle del seguimiento que le hemos dado a su observación.

Los campos marcados con * son obligatorios.

*
*
*

Respuesta

Recordar clave

Recordar clave

Por favor, escriba la dirección de correo electrónico con la cual se registró.

Volver arriba