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¿Todos contra Petro?

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"¿Por qué tanto palo a Petro?", se pregunta el profesor Guillermo Segovia en un estupendo análisis que publica el boletín Actualidad Étnica.com. "Triste y preocupante -dice el distinguido escritor- que muy buena parte de las críticas a Petro estén relacionadas con su personalidad y su carácter. Desafortunadamente su forma de ser, distante y soberbia, al decir de algunos, reflexiva e imperturbable, para otros, le ha restado no pocas simpatías en la propia izquierda, pero ahí no está la causa del sistemático ataque a su gestión; sería absurdo. Tampoco en que esta sea un desastre, aunque tenga los problemas propios de la transición, o mejor, en este caso, de la ruptura con la guachafita samuelista, el camaleonismo luchista y el urbanismo clasista peñalosista. El cambio de rumbo de la ciudad es la razón de fondo del todos contra Petro,  porque se está sintiendo" (léase el texto completo en http://actualidadetnica.com/index.php?option=com_content&view=article&id=8584:ipor-que-tanto-palo-a-petro&catid=66).

Aceptemos que Gustavo Petro no es hombre simpático. Todavía más, que es descortés y poco afable. La simpatía y las buenas maneras no son requisito necesario para un buen gobernante. Recordemos que Adolfo Hitler era un tipo simpatiquísimo, de modales exquisitos, cortés con todos, que abrazaba a los ancianos y a los niños, y que gobernó Alemania con un despotismo implacable (muy aplaudido en su tiempo por los iluministas del corte de los que hoy le dan palo a Petro). Ser antipático no entraña, pues, la condición de déspota; ni ser simpático, la de libérrimo demócrata.

'Semana' dedica su portada al tema "Bogotá le quedó grande a Petro", título que ilustra con una fotocaricatura de un Petro minúsculo sentado en silla de tamaño desmesurado para él. Leí con sumo interés el artículo, ansioso de enterarme por qué Bogotá le había quedado grande al alcalde Gustavo Petro. Es un cúmulo de vaguedades, afirmaciones sin soporte, opiniones anfibológicas, naderías y conclusiones sesgadas que, si bien complacen e interpretan a los adversarios de la administración progresista, en ningún caso coinciden con la opinión del grueso de los ciudadanos. En conclusión:  al artículo le quedaron grandes el título y la fotocaricatura.

La crítica al gobierno de Petro se resume en que en cinco meses no ha hecho "nada". Sin embargo, una cosa es que falte mucho por hacer en los tres años y siete meses que la administración progresista tiene por delante, y otra, que no se haya hecho "nada" en los cinco meses que lleva en acción. Para un lapso tan breve se ha alcanzado bastante, como puede leerse en el citado artículo del doctor Segovia.

En concreto: enfrentar la catástrofe vial provocada por los contratos de Garzón en los tres últimos días de su administración, y por las mil una obras disparatadas de la administración Moreno, y evitar la parálisis inminente a que estaba abocada la capital en los primeros meses del 2012. Las medidas del alcalde Petro salvaron la movilidad;  avanzar, "sin prisa pero sin pausa", con las obras de la circunvalar a la altura de la noventa, donde la circulación quedó interrumpida en septiembre del 2011 por derrumbes que ocasionó el fuerte invierno, y sin que en los tres meses finales de la alcaldesa encargada, Clara López, se hubiera hecho la mínima gestión para iniciar el arreglo de esa vía. Ahora, el IDU asumió la reparación en la circunvalar no con el criterio de hacer un simple levantamiento de la tierra escurrida sobre la avenida y de reabrir el tránsito, sino de efectuar a fondo (y bien a fondo) los trabajos de ingeniería indispensables para impedir que con el próximo o los próximos inviernos la montaña se venga abajo. Es una obra que no se debe hacer a las carreras, solo por calmar la ansiedad de los críticos. Hay que hacerla bien, y es lo que se está haciendo.

Se comenzó la peatonalización de la carrera séptima, entre la diecinueve y la veintiséis; se puso a salvo lo que queda del parque de la Independencia, cuyos árboles y palmeras centenarios estaban en peligro inminente de ser talados para abrirle paso a la cementalización del parque. Se habrán disgustado por ello los que ganan buenas comisiones por venderle cemento a la ciudad, pero los ciudadanos, que consideramos el parque un patrimonio sagrado de nuestra capital, estamos muy contentos; el puente sobre la carrera séptima con veintiséis, que al ritmo de la administración anterior no habría estado listo antes de dos años, será entregado a finales de julio próximo. Igual se hará con la veintiséis, y allí el recorrido de TransMilenio se prolongará hasta el aeropuerto de Eldorado; se consiguió que el Concejo, de amplia mayoría antiprogresista, aprobara el Plan de Desarrollo 2012-2015; se acordó con el Gobierno nacional el traslado de las dependencias administrativas del CAN al centro de la ciudad, lo que permitirá reorganizar el desarrollo urbanístico de los dos sectores; se han estructurado los planes de densificación del centro histórico y de su entorno tradicional; está casi lista la apertura de la licitación para el tranvía por la carrera séptima, o tram o tren ligero, llámenlo como quieran; se preparan los estudios y diseños para la primera línea del metro, que será iniciada en el 2014 e inaugurada en el 2018; la medida de prohibir el porte de armas produjo un descenso dramático en el índice de homicidios en la ciudad, que llegó a su nivel más bajo en los últimos cincuenta años; la provisión de agua potable se aumentará considerablemente con las medidas de limpieza proyectadas para rescatar el río Bogotá, y la construcción de una planta procesadora y purificadora de aguas negras que estará funcionando antes de dos años, lo que además garantizará el riego de los productos agrícolas de la Sabana y de la cuenca del río Bogotá, con aguas puras. El beneficio que la iniciativa traerá a la salud de los bogotanos marcará un hito. Todo eso, sin bulla, sin promociones, sin alharaca publicitaria, se ha logrado en el modesto plazo de cinco meses y en unas circunstancias nada fáciles para la administración que arrancó el 1 de enero de 2012. Y ello, sin contar la principal hazaña del gobierno de Petro: acabar con la rosca de contratistas y demás aprovechadores que se venían robando alegremente la ciudad.
 
Los taurinos están bravos con el alcalde Petro por la abolición de la plaza de Santamaría como circo de toros. Tienen derecho a estarlo y a protestar, aunque ese no es un problema que afecte, ni para bien ni para mal, la marcha de la ciudad. Ni que les interese al 90 por ciento de los habitantes de la capital, más preocupados por otros problemas graves como el desempleo, la inseguridad, el ruido, la contaminación. Si una minoría con gran poder de bulla desea gozar del espectáculo de los toros, no es prudente ni aconsejable negarles ese placer. Que sigan los taurinos gritando dentro de la plaza "¡0lé!" y los antitaurinos por fuera de la plaza, "¡asesinos, viOLEntos!". ¡Y que viva la fiesta en paz!

¿Están todos los ciudadanos contra Petro? Esa impresión quiere estarcir en el ambiente la furia mediática que embiste a la administración progresista, con el propósito, ya evidente, de propiciar un referendo revocatorio. ¡Qué bueno que lo intenten! Como diría un ñero rancio, "se van a llevar cipote sorpresa". Y como diría un bogotano menos rancio, "se van a quedar mamando".

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