Una casa abre sus puertas

Una casa abre sus puertas

El calarqueño José Nodier Solórzano Castaño moldeó en su ciudad un sueño acariciado largamente.

22 de diciembre 2017 , 12:00 a.m.

Puede ser un sueño más. Uno de tantos sueños palpitantes que terminan aplastándose contra la realidad áspera de lo cotidiano. O puede ser una aventura romántica exitosa, no en el sentido de lucro con el que se asimila el éxito, sino en el realce de los valores espirituales y materiales de una ciudad, una región y un país.

Si aceptamos la definición compleja de que la cultura es la materialización espiritual de lo mejor del ser humano, del romanticismo que lo impulsa a acometer las empresas más gloriosas, arriesgadas y en apariencia imposibles, que a la larga jalonan la historia de la humanidad, podemos decir sin asustarnos que un escritor soñador, el calarqueño José Nodier Solórzano Castaño, moldeó en su ciudad un sueño acariciado largamente. Ha hecho visible y material un arrebato de su imaginación.

No es el primero. Hace diez años, José Nodier y un grupo de escritores se lanzaron a otra hazaña romántica: la creación del Encuentro Nacional de Escritores Luis Vidales, con sede en Calarcá, ciudad natal del poeta innovador de ‘Suenan timbres’ y ‘La obreríada’. Nadie apostaba un chamizo a que el Encuentro tendría una segunda edición. Este año celebró la décima, en septiembre pasado, con asistencia de cuarenta y cuatro escritores de diversas regiones y ciudades del país, invitados por la entidad organizadora del Encuentro, Torre de Palabras, que administra esa mujer maravilla de la vida real, Catherine Rendón, la esposa del gran novelista Daniel Ferreira. Nadie sabe tampoco el esfuerzo colosal que representa organizar y financiar cada año el Encuentro Nacional de Escritores. Los heroísmos culturales de las regiones son los que están ayudando a forjar la paz en Colombia y los que le van a dar a nuestro país una identidad coruscante para el siglo XXI.

Una librería que es el hogar de todos, “una empresa solidaria” donde trabajaremos con serenidad, apego a la ética pública y privada y buscaremos entre todos un esbozo de felicidad.

Solórzano Castaño, autor de ‘La Secreta’, una novela corta, intensa, sugestiva, intrigante y misteriosa, se propuso crear en Calarcá un lugar de encuentro y reuniones, una librería que, más allá de librería, cumpla otras funciones indispensables. Encentando por el nombre, que no podía ser más acogedor: La Casa. Una librería que José Nodier define como el hogar de todos, “una empresa solidaria” donde “trabajaremos con serenidad, apego a la ética pública y privada y buscaremos entre todos un esbozo de felicidad. La Casa es una oportunidad de todos para vivir, leer y compartir”, dice Solórzano Castaño en entrevista para el diario cuyabro ‘La Crónica del Quindío’.

La Casa abrió sus puertas al mundo el pasado 20 de diciembre a las 6:30 p. m., con una exposición de la artista Lina María Muñoz, “que es el secreto mayor de los quindianos”, un secreto que quizá el país no demorará en descubrir. En La Casa (calle 40 n.° 22-17, Calarcá) “vamos a tener circuito de exposición de artes plásticas, un taller literario de alto nivel discursivo y práctico, un cine club para niños, un cine club para adultos, recitales literarios, un tiempo para hablar de tango, otro para conversar sobre filosofía, y muchos momentos para discutir sobre la vida y la muerte”, agrega el fundador.

Armenia y Calarcá son ciudades siamesas, que distan a cinco minutos la una de la otra, mucho menos de lo que hay entre el centro y Chapinero en Bogotá. Ambas pujantes, habitadas por gentes amables en un clima suave, rodeadas de paisajes inspiradores. El visitante se siente en ellas como en su casa. Los emprendedores culturales de Armenia y Calarcá se esmeran por realizar propuestas que transgredan el marco de lo regional para convocar a sectores y ciudadanos del país. Una iniciativa de suma importancia capaz de quebrar la insularidad en que vivimos los colombianos, encerrado cada quien en su nicho, como Sancho en la ínsula Barataria. La Casa de Calarcá, claro, es de Calarcá, y es de Armenia, y es de Manizales, de Medellín, de Bogotá, de Barranquilla y de los colombianos sin distinción de regiones. Allá son bienvenidos y se les recibe con sonrisa desplegada y los brazos abiertos.

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El 23 de noviembre pasado se festejó en Bogotá, y en el mundo, el Día de la Palabra como Vínculo de la Humanidad, que lleva varios años de celebrarse, organizado en España por la Fundación César Egido Serrano. El del 2017 estuvo en Bogotá a cargo del escritor colombiano Mario Lamo Jiménez. A lo largo de las redes sociales se invitó a los colombianos a expresarse verbalmente, en familia, en grupos de amigos, en los cafés y en las tertulias. La actividad principal corrió en las cárceles, con la colaboración eficaz de la dirección del Inpec. Los internos acogieron la invitación a usar la palabra, escrita y hablada, con entusiasmo inusitado. Escribieron cartas, poemas, cuentos y ensayos y probaron sus dotes oratorias y su capacidad para sostener conversación sobre temas interesantes o triviales. Fue una experiencia que dejó muchas enseñanzas para mejorar la condición de los reclusos y facilitar su rehabilitación por las vías del intelecto, mediante el uso adecuado de la palabra.

Los textos enviados por los internos se remitieron a la Fundación Cesar Egido Serrano, donde se les hará una selección para un libro. Lamo Jiménez, que ahora se encuentra en Guatemala para asistir a la representación de una de sus piezas de teatro infantil (‘La piñata más grande del mundo’), fue nombrado embajador de la Palabra en Colombia.

ENRIQUE SANTOS MOLANO

Columnistas

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