Qué propone Petro

Qué propone Petro

Hay en esas listas de Decentes mujeres valiosísimas y hombres de una alta preparación intelectual.

09 de marzo 2018 , 12:00 a.m.

Si bien las elecciones de este domingo 11 de marzo son para escoger el nuevo (¿será nuevo?) Congreso de la República (Senado y Cámara), más dos consultas interpartidistas, su importancia es superlativa, como que la gestión del mandatario que elegiremos en mayo será exitosa si sus propuestas logran llevar al Parlamento una bancada amplia y competente que las respalde.

(Aquí cabe una observación para el señor registrador general de la Nación. Por disposición suya, arbitraria, no se van a escanear o digitalizar los tarjetones de las consultas interpartidistas, que tienen carácter de consulta popular. Los artículos 6 y 41 de la Ley 1475 de 2011 ordenan que se haga tal digitalización, pero el registrador doctor Galindo alega que “eso no es vinculante”. ¿Cómo, doctor? ¿Una ley no es vinculante? Ahí le hago traslado de esa perla ‒o novísima teoría‒ al señor Procurador General de la Nación, a ver si el doctor Carrillo piensa igual que el registrador. Y si es así, nuestro sistema jurídico no vale un centavo. Donde un funcionario resuelve ‘per se’ que una ley de la República no es vinculante, cualquier funcionario puede pasarse cualquier ley por la faja con idéntico pretexto, y por ese camino tortuoso tendrán derecho los ciudadanos a desconocer la ley vigente alegando que no es vinculante.

En carta a esta columna, el doctor Galindo aseguró, bajo su palabra, que las elecciones del 2018, las de marzo y las de mayo, serían “transparentes”. Sus hechos muestran lo contrario a sus palabras. Una decisión como la de no digitalizar los tarjetones de las consultas se presta para consumar un fraude magno. Ante semejante decisión, las elecciones no pintan transparentes sino turbias, cobijadas por la sombra del fraude fraguado desde la Registraduría. Ojalá me equivoque. Ojalá el doctor Galindo honre su palabra. Recuerde que su obligación como ciudadano y como funcionario público es respetar y hacer respetar la ley. No desconocerla).

El doctor Galindo aseguró, bajo su palabra, que las elecciones del 2018, las de marzo y las de mayo, serían “transparentes”. Sus hechos muestran lo contrario a sus palabras.

Las listas marcadas en los tarjetones de Cámara y Senado como Decentes son las de los aspirantes a ocupar una curul en el Congreso que respaldarán allí los programas de Gustavo Petro. La ‘lista de la decencia’ no ha contado con publicidad mediática alguna. Mientras las demás campañas derrochan, cual más, cual menos, anuncios a manos llenas, o a páginas, pantallas y micrófonos llenos, los candidatos y las candidatas petristas se defienden por las redes sociales, y casi que voz a voz con los ciudadanos. A mí me gustaría poder hablar de cada uno de ellos, y de cada una de ellas, pero eso no es posible físicamente, y sería odioso mencionar solo a unos pocos y desconocer al resto.

Digo que, sin excepción, los candidatos de la ‘lista de la decencia’ (Decentes) tanto para el Senado como para la Cámara son óptimos. Hay en esas listas de Decentes mujeres valiosísimas y hombres de una alta preparación intelectual, ellas y ellos dotados de elevada moral, animados por hacer leyes útiles para los ciudadanos. Son mujeres y hombres que han superado la lucha de géneros para conformar un equipo humano formidable que hará leyes eficientes destinadas a darle a la mujer los derechos y las garantías laborales, salariales, políticas, sociales y culturales que aún no se les han reconocido, y para darles, al hombre y a la mujer, las herramientas que les ayuden a superar los obstáculos que hoy traban el desarrollo de sus capacidades creativas. Los decentes irán al Congreso a luchar sin miedo contra la corrupción y presentar una reforma educativa que imparta desde los primeros años de aprendizaje en las aulas escolares el respeto por el derecho ajeno, el amor a nuestros semejantes, el rechazo a la violencia y el cultivo incesante de la solidaridad. Solo así podrá ponerse fin a lacras intolerables como la violencia de todo tipo que hoy padecen las mujeres y los niños.

La propaganda falsa y oscura contra Gustavo Petro, aplicada con los métodos psicológicos infalibles que empleó el ídolo del senador Uribe Vélez, el doctor Joseph Goebbels, (genio de la manipulación de masas y del lavado masivo de cerebros, que les permitieron a Hitler y a su pandilla de criminales dominar al pueblo alemán y llevarlo al matadero de la II Guerra Mundial), ha querido pintar al candidato de Colombia Humana como un ejecutor en Colombia del castrochavismo (inventado por el senador Uribe Vélez), como un socialista, o peor todavía, un comunista que quiere expropiarles sus casas a los dueños de finca raíz, sacarlos de sus viviendas para alojar en ellas a los exguerrilleros de la Farc (en siniestra complicidad con el presidente Santos), expropiar las industrias, los automóviles y los bienes de los ciudadanos, incluso expropiar a los que no tienen bienes, desatar el odio de clases y convertir a Colombia en otra Venezuela.

Todo eso sonaría chistoso, pero repetido día tras día, a toda hora, como lo hacen machaconamente el senador Uribe y sus altoparlantes, termina por convencer a muchísima gente de que Colombia se va a convertir en otra Venezuela si Gustavo Petro es elegido presidente de la República.

Su programa económico y social es sacar de la pobreza a ese más del cincuenta por ciento de la población colombiana que hoy carece de las necesidades elementales.

Los ciudadanos que han sufrido, hoy sí y mañana más, el sonsonete ultraderechista, cuando oyen a Petro, no lo están escuchando. Solo están pensando ‘este es un castrochavista’, ‘este nos va a expropiar’, ‘este va a convertir a Colombia en otra Venezuela’, ‘este va a propiciar el odio de clases’. Petro está diciendo lo contrario. Que él no es socialista ni comunista porque esas doctrinas son, por ahora, una utopía. Que no va a expropiar a nadie. Que su programa económico y social es sacar de la pobreza a ese más del cincuenta por ciento de la población colombiana que hoy carece de las necesidades elementales y que, sumida en la pobreza, cuando no en la miseria, no puede aspirar, como es su derecho legítimo, proclamado en la Constitución que hoy nos rige, a una vida digna y decente, en la que no hay carencias ni desequilibrios sociales. Cómo lo va a conseguir, ya lo hemos visto en su gobierno de la Bogotá Humana. Sacó de la pobreza a más de cuatro millones de habitantes, sin expropiar a nadie, sin incitar al “odio de clases” ni cosa parecida. Operó una verdadera revolución humanista, que le valió ser considerado entre los seis mejores alcaldes del mundo. Lejos de ser un desastre, como piensan algunos ingenuos, la alcaldía de Gustavo Petro salvó a Bogotá del desastre. La Colombia Humana salvará al país del desastre económico, político y social al que está abocado bajo el régimen neoliberal o neofeudal.

En síntesis, lo que Petro propone es completar la Revolución en Marcha de Alfonso López Pumarejo (frustrada por la misma ultraderecha que hoy quiere satanizar a Petro), con una revolución de la equidad, poniendo en práctica los mandatos constitucionales y haciendo efectiva la democracia, como lo realizó en Uruguay José Mujica. Si hay una figura latinoamericana con la que podemos equiparar a Gustavo Pedro, es el expresidente uruguayo Pepe Mujica, el mejor ejemplo de buen gobernante, a nivel mundial, de los últimos cien años.

ENRIQUE SANTOS MOLANO

Columnistas

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