Metro y revocatoria

Metro y revocatoria

Tan desesperada estará la causa del Alcalde, que tuvo que recurrir al mejor de los abogados posibles

31 de marzo 2017 , 12:00 a.m.

Dos artículos antagónicos sobre el mismo asunto (el metro de Bogotá) se publicaron en las ediciones dominicales (26 de marzo del 2017) de El Tiempo y El Espectador. Cotejando y contrastando desde sus títulos ambos escritos puede apreciarse cómo la administración Peñalosa, con su proyecto de metro elevado, lo que quiere es meterle a la ciudad el mismo gato por liebre (TransMilenio-TM-por metro), cambiazo advertido por esta columna en múltiples ocasiones.

El primero de los artículos aludidos, firmado por Enrique Peñalosa, alcalde mayor de Bogotá, se rotula ‘A toda marcha’. El segundo lo suscribe Eduardo Sarmiento, economista colombiano de los más avezados, respetado en los foros internacionales por la seriedad de sus estudios y análisis, titula ‘Metro subterráneo, la mejor solución de transporte’. Ya en los enunciados salta la diferencia entre un charlatán y una persona que sabe lo que dice.

‘A toda marcha’ es la ambigüedad propia del que nos quiere ilusionar con el truco del sombrero vacío del que, de pronto, asoma un conejo. Lo mismo ha podido denominarse ‘A toda vela’, ‘Viento en popa’, ‘Cual rayo veloz’ o cualesquiera otras expresiones de esas que se nos ocurren para argumentar sin argumentos, y dar la sensación de que somos capaces de sacar del sombrero, por ejemplo, un metro elevado.

El encabezado de Sarmiento, en cambio, es concreto y pone de inmediato al lector en el meollo de lo que se va a tratar. Por qué un metro subterráneo es la solución del transporte que se necesita en Bogotá.

Peñalosa afirma que se escogió el metro elevado porque el proyecto de metro subterráneo “no superó las evaluaciones de costo-beneficio, un requisito obligatorio para acceder a créditos de la banca y a los recursos de la Nación. Por eso la optimización del proyecto” (es decir, la conversión de subterráneo a elevado) “resultaba indispensable para que los costos encajaran dentro del presupuesto y sus beneficios. El estudio de ingeniería de valor adelantado por la anterior administración tenía ese propósito y entre sus recomendaciones ya estaba contemplar la solución elevada, entre otras medidas de eficiencia”. La última afirmación es la típica verdad a medias o mentira a medias. El proyecto de metro subterráneo, aprobado por el Banco Mundial (BM) y el Banco Interamericano de desarrollo (BID), contemplaba unos pocos tramos elevados en determinados recorridos de la línea, como los tiene el metro de París, y que no superan el cinco por cinco del total del recorrido.

La administración Peñalosa, con su proyecto de metro elevado, lo que quiere es meterle a la ciudad el mismo gato por liebre (TransMilenio por metro)

Eduardo Sarmiento (adviértase que ninguno de los dos autores conocía lo que el otro estaba escribiendo, pues sus artículos se publican el mismo día) aborda lo del costo-beneficio con cifras exactas, que demuestra lo contrario de lo que, sin cifras, intenta sacar Peñalosa de su sombrero de mago. Cito in extenso la parte correspondiente de la explicación del doctor Sarmiento, quien luego de precisar por qué no sirvió el estudio de la firma Sener en 2008, dice que “la administración Petro procedió a contratar un nuevo estudio con la firma Cano Jiménez financiado por el Banco Mundial. El informe reveló que el suelo de Bogotá es predominantemente arcilloso, flojo y de consistencia variable”, lo que, según opinión de geólogos, haría aumentar notablemente los costos del metro elevado. “Se concluyó –continúa Sarmiento– que la mejor modalidad es la subterránea; recomendó realizar la excavación con las metodologías modernas de tuneladoras y cielo abierto, y estimó el costo por kilómetro en US$ 200 millones (27 kilómetros) que corresponden a los valores más altos de la experiencia internacional. Con base en esta información, el Gobierno aprobó su participación en el 70 por ciento del proyecto y entregó un cheque simbólico para iniciar la obra.

Las cosas cambiaron con la elección de Peñalosa en la Alcaldía. En la campaña señaló que la modalidad aérea podía realizarse por la tercera parte de los costos (del subterráneo) y en un periodo más corto. Tan pronto llegó al cargo suspendió los trabajos del metro subterráneo, reiteró que el metro aéreo era mejor, y con el auspicio del Gobierno contrató un estudio con la firma Systra para justificar el metro aéreo. Las cosas no resultaron bien. En el trabajo se encontró que el costo por kilómetro es de US$ 150 millones, es decir, 25 por ciento menos que el subterráneo. Pero una cosa es un kilómetro de metro aéreo y otra uno de metro subterráneo. En el primer caso la capacidad está limitada por el peso de Bogotá y se estima en 60.000 pasajeros por hora, en cambio en el subterráneo la capacidad puede extenderse hasta 80.000 pasajeros por hora. Por simple aritmética el costo del metro por persona es similar en las dos opciones.

“Estamos ante dos opciones que tienen costos por persona similares y los beneficios son diametralmente diferentes, por la contaminación visual, ecológica y urbanística, el deterioro de los predios y la reducida capacidad de ampliación de la modalidad aérea. Así las cosas, la relación beneficio-costo se inclina a favor del metro subterráneo.

“Nada de esto es extraño. El metro aéreo, que no es más que la continuación del TransMilenio, constituye una solución de transporte superficial; el costo por usuario aumenta con el tamaño. En cambio el metro subterráneo corresponde a una solución espacial, en la cual los costos por usuario disminuyen en la medida que se amplía el tamaño. Era perfectamente previsible que, para la dimensión y las características geológicas de Bogotá, los costos por persona resultaran similares en las dos opciones y los beneficios mayores en el subterráneo. El metro aéreo es regresar a la solución del transporte superficial y la ciudad horizontal de la primera administración Peñalosa”.

El metro elevado se está desplomando. No existe ingeniería de detalle y todo hace suponer que se están utilizando los estudios del metro subterráneo para fantasear con el metro aéreo.

Me disculpo con Eduardo Sarmiento y con los lectores por transcribir una cita tan extensa, pero es indispensable para, confrontada con las afirmaciones del señor Alcalde, dejar en claro cómo el costo-beneficio fue precisamente lo que ganó el apoyo del BM y del BID, además del cheque ‘chimbólico’ del Gobierno Nacional, para el proyecto de metro subterráneo de la administración Petro.

Peñalosa nos invita en su artículo a visitar la página web del metro de Bogotá. La visité con mucha esperanza de ver cómo se trabaja “a toda marcha”. No encontré allí sino las vaguedades usuales con las que esta administración del ‘Bogotá, mejor para todos’ nos viene tramando. Frases líricas “estamos trabajando con intensidad” y otras similares, pero nada que nos permita apreciar la realidad de ese trabajo infatigable.

En la sección Estudios, que demora diez minutos en abrir, solo aparece una cabecera, en letra muy pequeña, que anuncia “Estudios, investigaciones y otras publicaciones/Metro”. Y el resto de la página ¡en blanco! En la sección de noticias se anuncia una intensa gestión de la Alcaldía ante el BM, el BID y la CAF para obtener de esos organismos financiación para el metro elevado de Bogotá. Si los soportes son como la página web, el artículo ‘A toda marcha’ y la mediocre rendición de cuentas, pienso que el metro elevado de Bogotá se está desplomando. No existe ingeniería de detalle y todo hace suponer que se están utilizando los estudios del metro subterráneo para fantasear con el metro aéreo.

Tan desesperada estará la causa del alcalde Peñalosa, que se ha visto obligado a recurrir, para defenderla, al mejor de los abogados posibles. A nadie menos que al ilustre exmagistrado Humberto Sierra Porto, que nos representa en la CIDH. El doctor Sierra Porto ha presentado al Consejo Nacional Electoral un memorial en que solicita “tumbar el proceso de la revocatoria” del alcalde Peñalosa. Con franqueza confieso que no esperaba de un jurista de la talla y del prestigio bien ganado del doctor Sierra Porto argumentos tan endebles como los que sustentan su petición. Se ve el desgano con que los hizo y la poca convicción que a él mismo le generan.

Se me acabó el espacio. Me referiré a la solicitud del doctor Sierra Porto, con mayor amplitud, en la próxima columna, no sin antes noticiar que la recolección de firmas para la revocatoria del alcalde Peñalosa se acerca a las cuatrocientas mil.

ENRIQUE SANTOS MOLANO

Columnistas

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