Mariposas amarillas saludan la paz

Mariposas amarillas saludan la paz

Es preferible que el camino en busca de la paz tenga todos los obstáculos imaginables.

30 de junio 2017 , 12:00 a.m.

En la crónica emocionante que la corresponsal del diario argentino ‘Página/12’, Katalina Vásquez Guzmán, escribió sobre la jornada histórica del 27 de junio en Mesetas, Meta, cuenta:

“Al pueblo dedicó [Rodrigo Londoño] el esfuerzo que realizan hoy al dejar las armas, y a los hijos de las Farc, uno de los cuales subió a escenario para ser presentado a Santos. Dalila, mientras tanto, dormía en el pecho de su madre que se percató de que las mariposas amarillas las sobrevolaban a ambas. La poética imagen de Cien Años de Soledad se hizo realidad ayer en el corazón de los Llanos Orientales colombianos, donde la historia del país tomó un giro sin vuelta atrás que las presentes y futuras generaciones de colombianos agradecen desde ya”.

No podía ser de otro modo. El escritor más importante del mundo en los últimos cincuenta años, ese Gabo universal que amó por sobre todas las cosas a su Colombia nativa, no iba a perderse el día memorable, que el soñó en sus novelas y en sus crónicas, y en sus mismos sueños atormentados por la violencia y por el odio que un puñado político de fanáticos criminales desató sobre el país desde 1946, ese día inolvidable en que las Fuerzas Armadas de Colombia, Ejército del Pueblo, dejaron de ser armadas y se convirtieron en el Ejército de la Esperanza. Gabriel García Márquez estuvo ahí, el 27 de junio del 2017, representado por sus mariposas amarillas, que envió del más allá a saludar la paz de Colombia.

Ahora vendrá el segundo hito histórico. La paz con el Ejército de Liberación Nacional, ELN

La paz de Colombia, bien lo dice la corresponsal de Página/12, es irreversible. Poco importa que esos fanáticos de la violencia y del miedo, como elementos de dominio y de poder, intenten restarle importancia mediante mentiras burdas, con las que todavía pueden engañar a algunos, pero más desacreditadas cada vez. La paz de Colombia no retrocederá un paso. Poco importa que el Mesías que estranguló “un articulito” de la Constitución, para hacerse reelegir, y que quiso re-re-elegirse mediante la compra de conciencias (aunque no pudo comprar la de un magistrado incorruptible, que le estropeó la artimaña re-re-eleccionista) grite ahora y vocifere, como es su costumbre, que las siete mil y pico de armas entregadas por las Farc, son apenas una parte de su verdadero arsenal. Que los ex guerrilleros mantienen escondidos misiles nucleares, naves interestelares, miles de armas de destrucción masiva, y otras bellezas de juguetes por el estilo, que seguramente están ocultos en la fértil imaginación del senador Uribe Vélez y en la del nuevo Uribito, el precandidato Pinzón, que empieza a repetir como loro las lindezas de su jefe, y en la de todos los buenos muchachos del Centro Democrático que hoy lloran la muerte de la guerra. Sentido pésame.

Ahora vendrá el segundo hito histórico. La paz con el Ejército de Liberación Nacional, ELN. En la última encuesta de Gallup, divulgada ayer jueves, a la pregunta de “si cree que las negociaciones con el ELN van por buen o mal camino”, un 66% respondió que “cree que van por mal camino”. La pregunta, si busca medir el estado de optimismo o de pesimismo de los colombianos respecto a las negociaciones de paz con el ELN, es equívoca, y lo es así mismo el resultado de la respuesta, pues creer que una cosa transita por buen o mal camino no significa nada. Por un buen camino o por un mal camino, se puede llegar al mismo sitio al que se aspira a llegar. Si la meta buscada es la paz, resulta preferible que el camino en busca de esa meta sea malo, que tenga los obstáculos imaginables, que en apariencia sea intransitable por el cúmulo de dificultades, porque si los negociadores pueden recorrerlo y culminarlo, habrán demostrado (como lo hicieron el gobierno de Juan Manuel Santos y la exguerrilla de las Farc) que su voluntad de paz es indomable y que jamás retrocederá un centímetro.

Los caminos buenos, los fáciles, los que aparecen pavimentados y atractivos, suelen por lo general, conducir al infierno de la repetición que implican las calamidades arregladas sin esfuerzo.

No hay entonces que preocuparse si vemos o si creemos que las negociaciones de paz entre el gobierno y el ELN van por mal camino. Mientras esas negociaciones no se interrumpan, ese camino malo es el buen camino. Cuando concluyan su trayecto y el ELN entregue sus armas mortíferas, Gabo volverá a enviar sus mariposas amarillas para saludar la paz definitiva de Colombia.

ENRIQUE SANTOS MOLANO

Columnistas

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