La prueba Reina

La prueba Reina

Con el Transmilenio por la 7a. Bogotá quedaría quebrada y endeudada por los próximos cien años.

11 de agosto 2017 , 12:00 a.m.

La prueba reina de por qué no se debe hacer el TransMilenio (TM) por la Avenida Séptima, ni intentar por allí troncal alguna, apareció desplegada en primera página y en dos interiores del semanario “Mi Zona-EL TIEMPO” (4 al 9 de agosto, 2017, 'Así se vería el TM por la séptima'). Una foto-maqueta de la séptima troncalizada y transmilenizada.

A primera vista uno cree estar viendo la Avenida Caracas, solo que más angosta; pero el titular del semanario no deja dudas. La maqueta nos ofrece una imagen desoladora de una Séptima igual a la Caracas, aunque peor. Insípida, escuálida, larguirucha, sin la menor gracia. Tal como quedó la Caracas hace quince años. Se ven los techos de las horribles estaciones de TM sembradas en la mitad de la vía, unos articulados que a duras penas caben, y unos pocos carros particulares. No hay señales de vida, lo cual no puede atribuirse a que se trate de una maqueta. Así será en la realidad. Como en la Caracas. La séptima perdería su carácter de vía emblemática de la capital y se convertiría en una simple troncal , carente del menor atractivo, muerta. Como la Caracas. Sin contar la ruina de los comerciantes, la desvalorización de los inmuebles, y la duración de los trabajos que podría prolongarse a diez años, si nos va bien. Para sus cálculos, recuerden que en el túnel de la 26 a la 32 se gastaron cinco años, y en el deprimido de la 94, otros ocho. Y esas son obras minúsculas al lado de la monstruosidad devastadora que pretende hacer la administración Peñalosa con la séptima.

De un sistema de transporte que no se necesita en vías que no son adecuadas para el mismo, no puede esperarse sino dos cosas: 1, un colapso permanente por saturación y una crisis irremediable (como en la Caracas); y 2, la pérdida del derecho de los ciudadanos a la ciudad, pues pasan de ciudadanos a meros tributarios del sistema de transporte TM que, en su afán de producirles ganancias a los operadores, no hará ningún esfuerzo por establecer una movilidad cualitativa. Únicamente cuantitativa.

La séptima perdería su carácter de vía emblemática de la capital y se convertiría en una simple troncal , carente del menor atractivo, muerta

Que la séptima no necesita buses articulados, ni estaciones en el separador central, lo dejó probado la administración de Gustavo Petro con los buses padrones o patrones, que en medio de muchas dificultades por la mala voluntad de los operadores, y la organización defectuosa, prestan un servicio más que aceptable, e incluso, por su eficiencia, se han ganado el cariño de los usuarios. Pueden y deben ser mejorados, incluyendo el aumento de la flota, una información oportuna que oriente al ciudadano acerca de las rutas, y una aplicación rigurosa de los horarios, como funcionaron al principio, en que los padrones pasaban cada seis minutos, con precisión europea.

La otra solución para un transporte adecuado sobre la séptima, son los tranvías eléctricos que, además de ocupar un espacio reducido, de su alta velocidad que les permite transportar más pasajeros porviaje que cualquier sistema de buses, son contaminación cero. Petro alcanzó a tener listo el proyecto para la primera línea del tranvía por la séptima, de una red que recuperara la que se desempeñó felizmente desde 1910 hasta 1951. Los intereses creados sabotearon el nuevo tranvía de Bogotá, como sabotearon también el metro subterráneo.

La implementación del Sistema Integrado de Transporte Público (SITP) puesta en marcha por la administración Moreno Rojas, fue equivocada. Se necesitaba, y se sigue necesitando, un Sistema Multimodal de Transporte Urbano (SMTU) con un metro subterráneo axial, y que apele a las demás formas de transporte masivo, como se implementó en las grandes ciudades del mundo.

La administración Peñalosa echó para atrás todo el adelanto social para regresarnos a “la prioridad del cemento”

Bien lo anota Eduardo Sarmiento (El Espectador, 6/8/2017, 'Los bandazos de Bogotá') que la prioridad en el gasto social adelantada por las administraciones “de izquierda”, en especial las de “Bogotá sin Indiferencia” (Luis Eduardo Garzón) y “Bogotá Humana” (Gustavo Petro), rescataron de la pobreza a un núcleo inmenso de población marginada, y ello contribuyó a darle a la capital un dinamismo que no se veía desde la República Liberal, salvo en las administraciones de Jorge Gaitán Cortés y Virgilio Barco.

La administración Peñalosa echó para atrás todo el adelanto social para regresarnos a “la prioridad del cemento”, como lo anota Sarmiento, que puntualiza: “Peñalosa, sin reparar la historia reciente de la ciudad, de un tajo cambió la prioridad de desarrollo, con la anuencia del Concejo. Su administración ha sido un monumental despliegue de propuestas faraónicas que no se compadecen con las necesidades de la ciudad y las condiciones de la economía y el presupuesto nacional.”

Sarmiento abunda en argumentos que demuestran el desastre que sufriría Bogotá si el Plan de Desarrollo de la administración Peñalosa se pusiera en obra. Bogotá quedaría quebrada y endeudada por los próximos cien años, y engrampada con una serie de obras tan ostentosas como inútiles.

En consecuencia, la consulta revocatoria, que deberá realizarse a más tardar en octubre del presente año, de acuerdo con el fallo de la Corte Suprema analizado en la columna anterior, busca que los habitantes de Bogotá tomen conciencie de en qué ciudad quieren vivir, y resuelvan en las urnas si desean pasar sus vidas entre el cemento y el diésel, y llenarse los pulmones de aire contaminado, o prefieren una ciudad para los ciudadanos, una ciudad donde cada urbanita sea tomado en cuenta y constituya la prioridad de las administraciones.

En mis ratos escasos de tiempo libre me he dedicado a “encuestar” a diferentes ciudadanos –taxistas, empleados y empleadas, estudiantes, peatones, etc.--, a quienes les formulé una pregunta: “¿Qué opina del TM por la Séptima”. La respuesta es unánime: “absurdo”. (Absurdo: 1. Adj. Contrario y opuesto a la razón, que no tiene sentido. DRAE).

ENRIQUE SANTOS MOLANO

Columnistas

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