‘Historia (privada) de la violencia’

‘Historia (privada) de la violencia’

La Guerra Fría desató la violencia en Colombia y las dictaduras en nuestro continente.

22 de septiembre 2017 , 12:00 a.m.

El pasado lunes 18 de septiembre se realizó en la Librería Lerner (norte) una reunión que nadie habría podido imaginar sino como un cuadro del surrealismo más puro. Hasta Dalí se hubiese sorprendido de ver reunido allí a un grupo de personas con los mismos apellidos, y casi con los mismos nombres, de las que entre 1942 y 1946 fueron protagonistas antagónicos del momento trágico y fatal que decidiría nuestra historia por las siete décadas siguientes, hasta hoy.

‘Historia (privada) de la violencia’ (Penguin Random House / Debate), como muestra de agradecimiento por la participación que, con sendas entrevistas, tuvieron en la conformación del importante ensayo de interpretación (privada) de ese elemento que ha sido una constante de nuestra historia: la violencia. Y en este caso, de la violencia que se desató a partir del cambio de régimen el 7 de agosto de 1946.

El libro de Otty Patiño está precedido de un prólogo con análisis profundo de Gustavo Petro Urrego, que comparto en lo esencial, aunque disiento de algunas de sus afirmaciones arriesgadas. En una de ellas dice: “Mientras que el mundo se liberaba del fascismo y de los nazis, con inmenso sacrificio de vidas, heroísmo, resistencia, mientras que se construían democracias, se buscaba la libertad y se esbozaba la emancipación en el mundo, mientras que en Estados Unidos se hablaba del ‘nuevo trato’ y en Europa resurgían ‒de las cenizas de la guerra‒ sociedades poderosas en el saber, la producción, la tecnología y la democracia, en Colombia nos devolvíamos ‒tras camándulas y oratorias, bajo los designios del odio proclamado desde la radio y el púlpito‒ a lo que Europa había derrotado: el pensar que las razas existen y que unas son superiores…”.

Al finalizar la Segunda Guerra Mundial, la humanidad se liberó de Hitler, de Mussolini y de sus cuadros, pero no se liberó del fascismo ni de los nazis

Esta visión me parece fantástica, idealiza una situación que no existió. Al finalizar la Segunda Guerra Mundial, la humanidad se liberó de Hitler, de Mussolini y de sus cuadros, pero no se liberó del fascismo ni de los nazis. Por el contrario, esas ideologías fueron las verdaderas ganadoras de la guerra. No se construyeron democracias, sino que la democracia fue destruida y sustituida por “la lucha contra el comunismo”; no se buscó la libertad ni la emancipación, sino que se tramó y se extendió a escala mundial una red de esclavización mental del ser humano, que hasta hoy perdura.

En Estados Unidos, el ‘nuevo trato’ impulsado por ese momento excepcional de la historia que fueron los gobiernos de F. D. Roosevelt quedó disuelto por la cacería de brujas que tuvo como cabeza visible al corruptísimo senador Joseph McCarthy. Europa, es verdad, resurgió de las cenizas de la guerra, con democracias débiles y comercializadas que terminaron por sucumbir ante el neoliberalismo. El racismo no desapareció. El supremacismo blanco se impuso en los Estados Unidos, y como el presidente Kennedy se le atravesó con los derechos civiles, lo asesinaron a él, a su hermano Robert y al líder negro Martin Luther King, premio nobel de la paz.

En ese contexto debemos tratar de entender que el germen de la violencia en Colombia (de 1947 para acá) no lo encontraremos en los nombres tradicionales que se turnan el poder, sino en la Guerra Fría, la cual, como parte de su estrategia, desató la violencia en Colombia, la operación Cóndor en Suramérica, las dictaduras militares y los golpes de Estado en nuestro continente.

Petro reconoce en López Pumarejo a una de las figuras decisivas en el avance hacia la modernización del país, pero afirma que López “tuvo miedo de profundizar las reformas pregonadas por la Revolución en Marcha”. Si estudiamos con cuidado los dos periodos de López Pumarejo, veremos que el presidente, lejos de tener miedo, afrontó con valor extraordinario una oposición de derecha conservadora-liberal-clerical inescrupulosa y resuelta a frustrar las reformas de la República Liberal. Como finalmente lo conseguiría. López no renunció por miedo, sino porque lo habían dejado solo, y entendió que habiendo perdido su apoyo más importante ‒el presidente Roosevelt y el vicepresidente Wallace‒ y con la ultraderecha triunfante en los Estados Unidos, continuar con la Revolución en Marcha era un sueño imposible.

La historia de López Pumarejo es un ‘déjà vu’ de una oligarquía feudal que declara como sus enemigos jurados a aquellos que intenten amenazar sus privilegios con reformas sociales. Antonio Nariño, Simón Bolívar, José María Melo, T. C. de Mosquera, Rafael Núñez, Rafael Uribe Uribe, Alfonso López Pumarejo, Jorge Eliécer Gaitán, Alfonso López Michelsen, Ernesto Samper, Gustavo Petro Urrego han sufrido los ataques de esa oligarquía feudal, narcotizada además, desde los años setenta del siglo pasado.

Petro inicia su prólogo a ‘Historia (privada) de la violencia’ con una pregunta que algunos colombianos solemos hacernos: “¿Ha cambiado la historia de Colombia?”. La respuesta que se deduce del texto de Petro, y con la que estoy de acuerdo, es no. El libro de Otty Patiño aporta elementos de juicio imponderables para contribuir a explicar, o al menos a entender, por qué desde los comienzos de nuestra supuesta independencia del régimen colonial hasta la formación de la república, y desde el nacimiento de la república hasta hoy, la historia de Colombia se repite y se repite. La otra pregunta, en la búsqueda de cuya respuesta aún no encontramos un camino, es ¿cómo podemos cambiarla sin que todo siga igual?

ENRIQUE SANTOS MOLANO

Columnistas

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