El metro fantasma

El metro fantasma

No se trata de meterle a Bogotá un metro a la carrera, sino de construir un metro de calidad.

29 de septiembre 2017 , 12:00 a.m.

Una ola de pánico recorre la avenida séptima de sur a norte y de norte a sur, y también de oriente a occidente. Los vecinos están aterrados con un comunicado que recibieron de la Administración Distrital en el cual se les anuncia la compra de sus predios, el pago incierto por el valor del predial, y que “los beneficios solo se verán dentro de cinco años”.

Ignoro si los bogotanos se consideran suficientemente ilustrados sobre el desastre que significará para la ciudad hacer la troncal de TM por la avenida séptima. ¿Saben que no traerá ninguna solución al problema de la movilidad, pero sembrará la ruina y la desolación en un vasto sector de la ciudad y dejará al Distrito Capital empeñado por tres generaciones? ¿Han pensado que el TM por la séptima, y el metro elevado (ME), harán de Bogotá el mayor fracaso urbano de la historia?

¿Por qué miles de ciudadanos se organizan en el centro y en el norte (como lo hicieron ya en el sur, con la respectiva represión gaseosa-lacrimógena de la policía) para un gran plantón en la séptima y para hacer en la calle la revocatoria, si no del alcalde, sí de su demencial plan de desarrollo?

En su editorial del jueves (EL TIEMPO, 28/9/2017, ‘Metro: ¿esta vez sí?’) celebra este diario la buena noticia del Conpes que aprueba el compromiso, calculado en nueve y pico de billones, del Gobierno Nacional en la financiación del 70 % de la obra del ME. Solo falta que el Concejo le apruebe al Distrito unas vigencias futuras para completar el treinta por ciento restante.

No es grato, ni mucho menos, estar en el papel permanente de aguafiestas, pero me parece que la noticia del ME, respaldado por el Conpes 3900 del 25 de septiembre de 2017, no tiene mucho para celebrar. ¿Por qué? Porque no se trata de meterle a Bogotá un metro a la carrera, a salga lo que saliere, sino de construir un metro de calidad, un metro que de verdad sea una solución sostenible para el transporte masivo en la capital, como lo sería el subterráneo, y no un nuevo problema insoluble, como lo tendremos con el ME.

¿Saben que no traerá ninguna solución al problema de la movilidad, pero sembrará la ruina y la desolación en un vasto sector de la ciudad y dejará al Distrito Capital empeñado por tres generaciones?

Veamos con serenidad, pensando en lo que más les conviene a la capital y sus habitantes, los siguientes parámetros:

Costo total: metro subterráneo (MS) $ 13,7 billones
(ME) $ 12, 9 billones
Total kilómetros (MS) 24,5 km
(ME) 20,3
Estaciones (MS) 24
(ME) 15
Costo por km (MS) 563.000 millones
(ME) 637.000 millones

No necesito recalcar las ventajas del MS sobre el ME. En el cuadro son obvias; pero a lo anterior debo agregar otras que no aparecen tan obvias y no son menos importantes. Según el proyecto de ME de la administración actual, si todo marcha según lo previsto, el ME no comenzará a construirse hasta el 2019 y no entrará a funcionar hasta el 2024. Cinco años. La primera línea del MS no demoraría tres años. El ME como está planeado implicaría convertir en un infierno la vida de los ciudadanos. De acuerdo con una crónica que publica ‘El País’ de Madrid (https://elpais.com/internacional/2017/09/25/colombia/1506364573_802184.html), el recorrido del ME “cosa es de volverse locos”, como dice Marroquín en ‘La Perrilla’. Les recomiendo a los lectores y a los miembros del Concejo de Bogotá que lo analicen bien. Porque no es, como dice EL TIEMPO, la PLME, “una obra colosal”, sino un desastre colosal lo que le están montando a la sufrida capital de Colombia. El MS, por el contrario, no implicaría molestias para nadie ni estorbaría la normalidad de la vida ciudadana.

Y hay más. EL ME tendrá una capacidad para transportar 26.000 pasajeros hora sentido (26.000 de norte a sur y otro tanto de sur a norte). Sin duda, una buena ‘performance’. No obstante, debemos tomar en cuenta que, estando calculado que cada año la demanda de pasajeros por la troncal Caracas de TM aumenta en tres mil, y que cada día TM transporta cincuenta mil pasajeros hora sentido (de ahí, su extrema saturación), para el 2024, dentro de siete años, cuando se inaugure la PLME, la demanda habrá aumentado en 26.000 pasajeros, que es la totalidad del cupo del ME, lo que en términos sencillos significa que el ME arranca saturado y que por consiguiente no representará ningún alivio para la movilidad.

El MS está programado para iniciar con cuarenta y nueve mil pasajeros hora-sentido y aumentar su capacidad hasta noventa mil pasajeros. El ME no tiene un período de duración mayor de treinta años, mientras que la vida útil del MS sobrepasa los cien años.

Como el recorrido del ME irá por la troncal Caracas, significará la paralización del TM por cinco años, pues la Caracas estará copada por las obras del ME y no permitirá la circulación de los articulados. La vía del metro subterráneo, por la carrera trece, es equidistante de las dos avenidas fundamentales del oriente de la capital: la séptima y la Caracas, y permitirá que las estaciones queden a una distancia accesible (no lejana) para los pasajeros entre una y otra parada. El ME está pensado (mal pensado) de tal manera que obliga a cualquier pasajero, después de bajarse, a tomar un bus, u otro vehículo, para poder llegar a su destino, pues la distancia entre las estaciones es de más o menos kilómetro y medio. ¿Tiene eso algún sentido?

Hemos aguardado setenta años por el metro de Bogotá. Cuando ya el metro fantasma dejó de asustarnos y quedó listo para materializarse en la primera línea del MS, abrir licitación y empezar obras, llegó el alcalde Peñalosa, y sin estudios previos, sin proyectos de factibilidad, sin nada de nada, resolvió echar a la basura el proyecto del MS, aprobado por BM, BID, Conpes, junto con las vigencias futuras que aseguraban el aporte de la ciudad, y resolvió construir un ME, modelo de transporte desechado por las ciudades que alguna vez lo tuvieron, como lo anotó sagazmente en una de sus columnas Gabriel Silva Luján. De haberse continuado el proyecto del MS estaríamos estrenando la primera línea en el 2020. Ahora la del ME no la veríamos hasta el 2024, si es que… Digo, si es que hemos aguardado setenta años por el metro, bien podemos esperar un año más y debatir a fondo cuál es el metro que en verdad le conviene a Bogotá. Lo que de ninguna manera podemos permitir es que, por satisfacer los caprichos de un alcalde, o los intereses de unos pocos, se sacrifique el futuro de una ciudad, digna de la mejor de las suertes.

En el documento Conpes 3900 se observa que los diez requisitos exigidos para la aprobación del respaldo a la PLMB (ME) los envía al Conpes la Secretaría de Movilidad del Distrito Capital de Bogotá, cuando han debido ser remitidos por el consorcio Mebog, que integran los contratistas Ingetec y Systra, a quienes corresponde la realización de los estudios de factibilidad, viabilidad e ingeniería de detalle, entre otros. Estudios que no aparecen mencionados por parte alguna, ni tampoco asoma por ahí el concepto ineludible del interventor, la firma española Sener. Tales irregularidades dejan un mal sabor de boca.

ENRIQUE SANTOS MOLANO

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