El Mago de Oz

El Mago de Oz

En Oz respiran un delicioso aire contaminado, es la urbe con más índice de mortalidad del planeta. 

13 de octubre 2017 , 12:00 a.m.

‘El maravilloso mago de Oz’, de L. Frank Baum (o ‘El mago de Oz’ como se le conoce por su imperecedera versión cinematográfica), relata la historia de la linda adolescente Dorothy, raptada de su casa por un ventarrón huracanado en el estado de Kansas y llevada muy lejos de allí a un lugar extraño y maravilloso donde habitan esas criaturas mañosas que por siglos han inquietado a las mentes infantiles. Brujas y brujos perversos o bondadosos, animales domésticos que vuelan, y otros por el estilo, algunos de aspecto aterrador, como si hubieran salido de alguna de las sesiones del Centro Democrático.

A Dorothy le tocó toparse con tres de los residentes más peculiares del vecindario extravagante. Un león cobarde que emitía gruñidos de bobo, poco convincentes, como los de Fernando Londoño al micrófono; un hombre de hojalata que se estaba oxidando, como el alcalde Enrique Peñalosa; y un espantapájaros que ya no espantaba, como el senador Uribe Vélez. Los tres, el león cobarde, el hombre de hojalata y el espantapájaros, habían sido transformados en esas figuras lamentables por el hechizo de una bruja maluca de Buga, dueña de enormes extensiones de tierra, que quiso divertirse a costa de tres desdichados aparceros que trabajaban en los fundos azucareros de la bruja maligna.

Después de confiarse sus cuitas mutuas, resolvieron los cuatro echar a andar juntos a buscar la solución de sus problemas. Por el camino un brujo bueno, transfigurado en Rin Rin Renacuajo para evadir las represalias de la bruja maluca, les informó a los viandantes que solo había una persona en posesión de los poderes capaces de ayudar a Dorothy a regresar a su casa de Kansas, al león cobarde a recuperar su valor, al hombre de hojalata y al espantapájaros a retomar sus trabajos y sus cuerpos originales. Ese hombre increíble se llamaba el Mago de Oz y los cuatro podrían encontrarlo siguiendo el camino por el que iban, hasta el final del arco iris, donde quedaba la tierra de Oz, patria del mago misericordioso.

Tras mil peripecias inverosímiles, Dorothy y sus cuatro amigos lograron llegar a Oz.

Sin perder ni un microsegundo solicitaron audiencia con el Mago, y descubrieron espantados que el famoso prestidigitador no tenía ningunos poderes. Era nada más un charlatán hábil y un mentiroso fracasado, al que ya nadie le creía. El Mago, antes de emprender la huida, ensayó su último truco. Instruyó a Dorothy que si tomaba el TransMilenio por la troncal séptima podría regresar a su casa de Kansas; al león cobarde le aconsejó subirse al metro alto y esbelto, con lo cual demostraría que era un león muy valiente; al hombre de hojalata y al espantapájaros les sugirió que intentaran pasar por el deprimido de la noventa y cuatro y si lo conseguían, habrían llegado a viejos. Dicho eso, el Mago de Oz desapareció.

El Hombre de Hojalata y el espantapájaros quedaron atrapados para siempre en el deprimido de la 94. El Mago se refugió en una de las lujosas viviendas que había construido sobre la Reserva Ecológica

Dorothy y sus tres amigos supieron que el Mago les había mentido cuando Dorothy abordó el TransMilenio de la séptima y de pronto se encontró, no en su casa de Kansas, sino en el mismísimo infierno. El león cobarde se trepó al metro alto y esbelto, y murió del susto. El hombre de hojalata y el espantapájaros quedaron atrapados para siempre en el deprimido de la 94. El Mago de Oz se refugió en una cómoda habitación de las lujosas viviendas que había construido sobre los terrenos de la reserva ecológica Thomas van der Hamen, cuya destrucción facilitó que los habitantes de Oz respiraran un delicioso aire contaminado, que hizo de la ciudad de Oz la urbe con más alto índice de mortalidad del planeta. Un récord insuperable.

La película ‘El mago de Oz’ (The Wizard of Oz) fue estrenada en 1939, dirigida por Víctor Fleming (1889-1949). El mismo director realizó y estrenó, el mismo año, otro de los grandes éxitos mundiales del cine estadounidense: ‘Lo que el viento se llevó’. Por ambas recibió sendos óscares, aunque en la mitad de la segunda película tuvo que pedir, por agotamiento, un mes de licencia y fue reemplazado interinamente por Sam Wood. Nunca sospechó Fleming que ciudad Oz y el Mago de Oz existían en un reino remoto de América del Sur, el continente de las maravillas.

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Académico honorario. Ayer tomó posesión, como miembro honorario de la Academia Colombiana de la Lengua, el doctor Carlos Rodado Noriega, en ceremonia solemne y muy agradable por el discurso, en prosa sobria y elegante, del nuevo académico, presentado por el veterano escritor e historiador Antonio Cacua Prada, individuo de número. Al final del acto, el doctor Rodado Noriega entregó a la Academia, y a cada uno de los miembros de número, correspondientes y honorarios, así como a los muchos invitados, un ejemplar de su recién publicado ensayo ‘La formación de la lengua española y su evolución histórica, una obra titánica de méritos múltiples –investigativos, lingüísticos, históricos, humanísticos– llamada a formar parte de los hitos de nuestra cultura. Su redacción espléndida permite a lectores de toda índole leerla con el interés que despierta la novela más emocionante.

ENRIQUE SANTOS MOLANO

Columnistas

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