El engañabobos

El engañabobos

El ‘costo de oportunidad’ que propone Peñalosa le impondría a la ciudad unas obras innecesarias.

15 de septiembre 2017 , 12:00 a.m.

El uso sublimado del eufemismo, puesto en boga por el régimen neoliberal (o neofascista) que domina al mundo desde la era Reagan-Thatcher, ha creado un lenguaje de tremenda efectividad para engañar a los bobos, con palabras que les pintan perspectivas maravillosas, que ilusionan a muchos crédulos, y sobre todo a muchos que han perdido la capacidad de analizar y sopesar con ojo crítico las promesas que les hacen quienes están interesados en venderles un proyecto, provechoso para unos pocos y perjudicial para el grueso de la ciudadanía.

Bastante de eso ocurre con el plan de desarrollo de la administración Peñalosa, en especial con los proyectos faraónicos metro elevado, troncal de TM por la 7.ª y urbanización de la reserva ecológica Thomas van der Hammen. Ya nos engañó en su primera administración, cuando malversó la plata del metro subterráneo para destinarla a la troncal de TM por la Caracas, y nos hizo creer a los bobos de entonces que el TM suplía con creces las funciones del metro subterráneo. Ya sabemos lo gorda que fue esa mentira. El TM no suplió al metro subterráneo. En los quince años que lleva de funcionamiento, ha costado diez veces más de lo que costaba la primera línea del metro, y no le aportó ninguna solución al problema de la movilidad en Bogotá. Los ciudadanos lo utilizan, claro, porque no hay más, pero no conozco pasajero de TM que no lo maldiga. Así arruinó Peñalosa la posibilidad de que Bogotá contara hoy con un gran sistema de transporte multimodal, como lo tienen las grandes ciudades.

Al lenguaje engañabobos se suman la secretaria de Hacienda del D. C. y una corporación joco-seria llamada Construyendo Nuestra Séptima, que más parece un comodín destinado a ambientar entre la ciudadanía el respaldo a la troncal de TM por la 7.ª.

Veamos. La secretaria de Hacienda lanza el eufemismo “costo de oportunidad” mediante un símil: “cuando uno quiere comprar una casa, uno tiene dos opciones, o se endeuda hoy o espera dentro de diez años para comprar la casa y hacer el ahorro bien juiciosito”. Con esa forma primitiva de entender la economía, quiere explicarnos la doctora Arboleda por qué la Administración ha tomado la decisión de endeudar la ciudad, con monto de “costo de oportunidad” que no podrá pagarse en los próximos cincuenta años. El solo servicio de la obligación se comerá los recursos de la ciudad.

Regresemos al símil de la doctora Arboleda: endeudarse para comprar una casa les ha ocasionado a miles de familias que al cabo de los años, con el sistema antiguo Upac, o con el actual, no pueden seguir pagando y pierden la casa, pero se quedan con la deuda. Esa no es una opción que debamos aconsejarle a nadie, a no ser que deseemos perjudicarlo. La otra opción, ahorrar juiciositos durante diez o veinte años para comprar la casa de contado, también es loquísima. El ahorrista jamás llegará a completar la suma que necesita para pagar su casa ‘chan con chan’. El dinero ahorrado siempre se diluye de una manera misteriosa, y los únicos que lo aprovechan son los usureros o las entidades captadoras de ahorro.

El TM no suplió al metro. En los 15 años que lleva funcionando, ha costado 10 veces más de lo que costaba la primera línea del metro, y no le aportó ninguna solución al problema de movilidad en Bogotá

Si alguien tiene la suma completa para pagar de contado su casa de habitación, debería pensarlo ocho veces antes de efectuar esa operación. Una casa no genera sino gastos, no retorna el capital invertido en ella, y como respaldo no sirve de mucho. Un capital debe ser invertido en un negocio productivo y seguro, alejado de las especulaciones financieras, y si ese negocio reditúa buenas ganancias, de ahí debe salir el dinero para comprar la casa, sin tocar el capital, sin endeudarse ni pasar diez años ahorrando juiciosito. A los colombianos, desgraciadamente, no nos han educado con esa mentalidad productiva, sino con la especuladora del endeudamiento y el ahorro, y del “costo de oportunidad”, que siempre es costo y muy raras veces oportunidad. Es la famosa “prosperidad a debe”, que multiplica los costos y minimiza o anula los beneficios.

El “costo de oportunidad” que está proponiendo la administración Peñalosa es engañabobos para imponerle a la ciudad unas obras que no son necesarias, al menos no como las plantea el Plan de Desarrollo, ni solucionarán ningún problema; antes bien, crearán otros mayores.

Léanse detenidamente, quienes de verdad sientan amor por su ciudad, el artículo de este diario que nos anuncia ‘Alcaldía acoge ideas ciudadanas para TM por 7.ª’ (EL TIEMPO, 12 de septiembre 2017). Es una joya para el diccionario de engañabobos. La bondadosa alcaldía de Peñalosa accede paternal a tomar en cuenta el 91 por ciento de las propuestas que formuló la Alianza construyendo nuestra 7.ª para “revitalizar” esta avenida emblemática convertirla en troncal de TM. (El eufemismo “revitalizar” sirve para disfrazar el verdadero efecto que tendrá el TM en esa vía, que es el de ‘asesinar’ la 7.ª).

Entre los diversos eufemismos engañabobos con que la alcaldía engatusa a los señores de construyendo nuestra séptima están: que para mejorar el medioambiente de la vía se emplearán buses “ecoamigables”. Mentira, no hay tales buses ecoamigables. Solo hay un transporte que contamina, y es el que actualmente se utiliza en la archicontaminada capital colombiana, y un transporte que no contamina, el transporte eléctrico. Lo demás que se diga es pajarilla. Enseguida nos cuentan que las iniciativas de “participación ciudadana” fueron agrupadas en siete “ejes temáticos”. Qué lenguaje tan bello, dan ganas de cantar el himno nacional.

“Participación ciudadana” y “ejes temáticos”. Participación ciudadana no son cuatro gatos de una asociación fantasmal. Participación ciudadana es que la ciudadanía pueda opinar en masa, mediante una consulta popular, sobre si está de acuerdo o rechaza el plan de desarrollo de la Alcaldía, y sobre si encuentra aceptable o inaceptable el “costo de oportunidad” de endeudarse para el resto del siglo.

Sobre los “ejes temáticos”, invito a los lectores a meditar si los que se plantean en el citado artículo de este diario le resuelven alguna duda o le dicen algo de fondo que le permita albergar la esperanza de que la ciudad tendrá por fin un ordenamiento urbanístico científicamente estructurado, y no las vaguedades que en el artículo se presentan bajo el eufemismo de “ejes temáticos”.

Nadie ha dicho que la troncal séptima parecerá la nueva Caracas con buses viejos. Lo que hemos dicho los críticos del proyecto indefensable de Peñalosa es que la séptima quedará peor que la Caracas

Uno de tales ejes es, ni más ni menos, la desfiguración del monumento arquitectónico e histórico más importante y atractivo que tiene Bogotá: el Museo de El Chicó. La propuesta de la Administración (no de los vecinos ni de la ciudadanía) es correr siete metros con cincuenta centímetros el muro clásico del museo para abrirles paso a los buses diésel (“ecoamigables”) del TM. Con la corrida del muro se llevarán de paso novecientos árboles que adornan esa parte del museo y les brindan a los que transitan por la séptima un paisaje agradable y un recreo visual.

El articulista, entusiasmado con tantas bellezas engañabobos como ofrece la Administración para vendernos el proyecto del TM por la séptima, dice que “opositores de esta iniciativa se han lanzado a generar mitos como que la vía es muy estrecha, que la compra de precios desbordaría el presupuesto… y que esta será la nueva avenida Caracas con buses viejos”. Y concluye: “Hoy por ese corredor circulan entre 1.500 y 2.000 vehículos de servicio público a una velocidad de ocho kilómetros por hora y según las proyecciones, si no se toman decisiones de fondo, ese corredor vial llegará a los 5 kilómetros por hora: es decir, a paso de peatón”.

El docto periodista debería informarse primero acerca de lo que es un mito. De las cuatro acepciones con que el DLE define el vocablo mito, ninguna se acomoda a lo que quiere decir el autor del artículo, cuya intención eufemística sin duda es calificar de ‘falsedades’ las afirmaciones que señala. En otras palabras, que los opositores al TM por la 7.ª han regado una serie de falsedades respecto de dicho proyecto. Sin embargo, la falsedad evidente es la de decir que la séptima no es una vía estrecha, demasiado estrecha, para el TM pesado, como lo evidencia paradójicamente la maqueta que reproduce el artículo, y como está a la vista de todos.

¿Será una falsedad que el costo de la obra desbordará el presupuesto? Pues habrá que atribuírsela a la misma Administración, que hasta hace poco proclamaba que el costo de la obra del TM por la séptima no superaría el billón de pesos, y ahora calcula que será de 2,9 billones. En cualquier idioma, eso se llama “desbordar el presupuesto”, y como todavía no se conoce la ingeniería de detalle de la troncal, el desbordamiento será como el diluvio universal.

Nadie ha dicho que la troncal séptima parecerá la nueva Caracas con buses viejos. Lo que hemos dicho los críticos del proyecto indefensable de Peñalosa es que la séptima quedará peor que la Caracas.

Para terminar, el autor del artículo nos regala un verdadero mito. El de la baja velocidad del tránsito por la séptima. No obstante la desorganización circulatoria por esa vía, una verdadera falla de las autoridades de movilidad, la séptima sigue siendo la menos morosa de las avenidas de la capital. Lo puedo decir porque yo la recorro casi a diario, o bien hacia el centro o bien hacia el norte; nunca gasto más de veinte minutos (media hora en las horas pico) en los buses padrones que la administración Petro introdujo con acierto, y que no requieren las horrendas estaciones del TM tradicional. El mito de la baja velocidad por la séptima no es otra cosa que el producto del desorden administrativo. Y la administración se da el lujo de desechar el TM pesado por avenidas que sí lo precisan, que tienen un flujo de pasajeros muy superior al de la séptima, como la Boyacá y la 68. Estamos a la espera del debate que al respecto hará el concejal Juan Carlos Flórez. (Si no se lo enbolatan).

Con los proyectos del Plan de Desarrollo de Peñalosa, dentro de poco no hablaremos de ‘Bogotá, mejor para todos’, sino de ‘Bogotá, la horrible’.

ENRIQUE SANTOS MOLANO

Columnistas

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